AL NIÑO SE LE AYUDA, APOYA, INCULCAN ACTITUDES
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Ex Director de “La escuela Normal del
Pacifico” Ex Director General “Instituto Pedagógico Hispanoamericano.
Es necesario comprender al niño, escuchar sus experiencias escondidas en lo profundo del alma, profundizar en su esencia y nunca ponerse por encima del niño. Ellos esperan de nosotros atención, amor y justicia. Necesitan escuchar cuánto los amamos y pasar el mayor tiempo posible con mamá y papá, que son un ejemplo para ellos en todo. Al mismo tiempo, los niños esperan que los castiguemos si hacen algo malo. Simplemente tenemos que confiar en ellos si queremos inculcarles un sentido de responsabilidad.
Al niño se le ayuda y apoya inculcándole actitudes. A la edad de 7 años en adelante, deben ser capaces de evaluar todo lo que les rodea, lo que la vida les ofrece, acostumbrarse a un estilo de vida familiar para que no caigan en señuelos y engaños de influencias negativas. No es suficiente dar información a los niños y dejarlos solos con ella. Es importante que los padres desde los primeros días de vida eduquen en sus hijos la capacidad de pensar con claridad y racionalidad, de evaluar todo críticamente. Es especialmente importante que los niños en la adolescencia ya sepan cómo tomar sus propias decisiones y asumir la responsabilidad de ellas y acostumbrarse a este estado de cosas. Incluirse la capacidad de hacer frente al deseo de poseer y tener algo.
Inculcarle una visión optimista del mundo para que no tenga miedo a las dificultades estará mucho más cómodo. La tarea de los padres es demostrarle con el ejemplo que ese dinero que se gana se hace con trabajo, honestidad, que sea consciente que existen los fracasos y que estos son temporales y que para ello se buscan las soluciones a los problemas, pero nunca darse por vencido.
El niño prueba a sus padres con caprichos. No le haga promesas que no le va a cumplir. No, se enfade cuando le diga que lo odia, no lo dice en serio, es más no conoce el odio, lo que quiere es que usted se arrepienta de lo que le hizo. No lo compense por llorón sin justificación, no haga lo que el niño puede hacer por sí mismo, nos e convierta en su sirviente, cuando converse hágalo tranquilo, préstele atención a sus comentarios. No trate de discutir su comportamiento en medio de un conflicto. En ese momento ambos están embotados, y tienen pocos deseos de resolverlo, mucho menos escucharse, lo mejor es dejarlo para más tarde cuando estén tranquilos.
No intente sermonearlo, solo explíquele por qué una cosa es mala y la otra buena. No lo haga sentir culpable de todo, él debe aprender a cometer sus propios errores, sin sentirse que no sirve para nada. Sí, lo está molestando constantemente se defenderá, si lo está regañando lo esquivará o se hará el sordo. Lo estará empujando a que se convierta en un mentiroso, perderá la honestidad y va camino al cinismo. No lo protejas de las consecuencias de sus propios errores para que aprenda de sus experiencias. No prestes demasiada atención a sus pequeñas dolencias. Puede aprender a disfrutar sintiéndose mal. No le saque la vuelta o intente deshacerse de él cuando le haga preguntas francas.
Si no las responde, ver que dejara de hacerle preguntas por completo y buscaré información por fuera con extraños. El hijo no trata de igualarte, por lo que no le menciones siempre que tú eres perfecto, infalible. Eso le genera una sensación de la inutilidad de tratar de igualarte. No importa el tamaño del tiempo que pasen juntos, lo que importa es la calidad en la forma en la que lo utilizan. Que no te causen malestar los miedos de tu hijo, esas preocupaciones guárdalas, todos llevamos miedo por dentro, mejor demuéstrale lo que es el coraje para enfrentarlo. Un niño a la edad de 7 años, reconoce su lugar ante sus compañeros, es capaz de lograr lo que quiere de manera consciente y resuelta, eligiendo todos los métodos disponibles para esto.
Les interesa ser los mejores ya que significa popularidad y que todos desean juntarse con él. Gustan aparentar que son fuertes, otros son débiles físicamente, pero lo suplen atendiendo lo académico, están atentos para captar el conocimiento, otros estudian bien o se desarrollan en el deporte. Cuando el niño le roba a otro niño alguna de sus cosas, no es que sea importante el robo, tampoco le da importancia si es bueno o malo y que se puede generar un posible castigo.
La mayoría de las ocasiones lo comente para llamar la atención, por ejemplo, cuando les roba dinero a sus padres para comprar golosinas en la escuela, desea ser reconocido por los compañeros y espera lo halaguen. En tales casos, el castigo no siempre es beneficioso. Es mucho más importante que los padres y el niño tengan una conversación sobre la inadmisibilidad del robo, sobre qué es la propiedad, pero esto no es suficiente. Los padres deben entender que el robo no es la causa, sino una consecuencia del problema. Y el motivo puede ser la incapacidad para comunicarse, la timidez excesiva, la baja autoestima.
Vale la pena hablar sobre lo qué es la amistad, cómo conocer a los compañeros correctamente, cómo interesarlos. Aún mejor es hablar sobre los problemas de comunicación de su infancia, reproducir las situaciones relevantes con su hijo. Por ejemplo, puede organizar ver una película juntos toda la familia sobre la amistad o el juego para que se puedan poner sobre la plática lo que atrae o repele en la amistad para llegar a la conclusión lo que se debe cambiar en sí mismo para que otros muchachos quieran ser amigos de él. Otra causa de robo se da cuando los padres andan peleando, discuten, amenazan con abandonar el hogar.
El niño, en la medida de sus fuerzas y habilidades, intentará reconciliar a sus padres y, como resultado, él mismo puede obtener un golpe. El robo infantil puede ser solo una forma de obtener la atención que el niño necesita tanto que accede incluso a las manifestaciones negativas de la atención de los padres. A menudo, los padres usan al niño como argumento en una disputa. Ese niño tiene que vivir en constante tensión, sufriendo conflictos entre las dos personas más cercanas a él y la inestabilidad en la casa.
En el peor de los casos, puede endurecer su alma y aprender a usar la situación para sus propios fines a fin de extraer el mayor beneficio posible para sí mismo. A menudo, estos niños crecen para ser excelentes manipuladores, creyendo que todo el mundo se lo debe. Se les presta una atención excesiva, se miman y se acostumbran a que todos sus caprichos sean consentidos. Si los padres no cumplen con el próximo capricho de un niño así, simplemente toma lo que quiere, es decir, roba. Y no se considera culpable, porque está acostumbrado a que todo lo que quiere se le sirva inmediatamente en bandeja de plata.
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