miércoles, 5 de noviembre de 2025

 

DOLOR EN LAS EXTREMIDADES DE LOS PERROS

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Médico Veterinario Zootecnista FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

El dolor en las extremidades no es solo una molestia temporal. Es una señal del cuerpo que no se puede ignorar. ¿Por qué un perro chillo al ponerse de pie, no pisa la pata o empieza a gemir de repente? Todos estos son síntomas importantes que requieren atención. Sobre todo, si la cojera no desaparece o va acompañada de otras señales alarmantes.

Los perros, al igual que las personas, son propensos a sufrir dolor en las extremidades, ya sea por una lesión, una inflamación o una enfermedad oculta. Pero a diferencia de una persona, un perro no puede quejarse con palabras. Sus quejas son lloriqueos, cojera, negativa a levantarse, temblores, marcha extraña o chillidos agudos. Estos síntomas no deben atribuirse a la edad, a los juegos activos ni a esperar a que desaparecerá solo. Al fin y al cabo, el hecho de que un perro empiece a lloriquear o chillar repentinamente al levantarse puede estar asociado a un problema grave.

Causas principales del dolor en las patas: El dolor en las extremidades de un perro puede aparecer de repente o desarrollarse gradualmente. Estas son las causas más comunes: Lesiones y moretones. Durante un paseo o un juego, un perro puede torcerse una pata, cortarse, romperse una garra, sufrir un esguince o incluso una fractura. Esto suele ir acompañado de cojera repentina o de que el perro no pise la pata y empiece a gemir de dolor.

Problemas articulares. Artritis, displasia de cadera, luxación rotuliana: todos estos problemas pueden causar dolor crónico. Son especialmente comunes en perros mayores, razas grandes y animales con sobrepeso. - Trastornos neurológicos. En ocasiones, el dolor se debe a un nervio pinzado o a problemas en la columna vertebral. En este caso, no solo se puede observar dolor, sino también debilidad, inestabilidad al caminar, temblores e incluso parálisis parcial de las extremidades.

Infecciones e inflamaciones. Las lesiones en la piel y las almohadillas de las patas pueden infectarse, causando hinchazón, supuración, dolor y cojera. La inflamación también puede ocurrir dentro de las articulaciones (artritis) o en los tendones (tendinitis). - Cuerpos extraños. Espinas, cristales o incluso pegamento pueden introducirse entre las almohadillas de las patas o debajo de la piel, causando dolor intenso y rechazo a apoyar la pata.

Tumores y crecimientos: especialmente en perros mayores, el dolor puede ser causado por un tumor en el hueso o en el tejido blando. Pero ¿Cómo saber si a tu perro le duelen las patas? Los perros rara vez expresan abiertamente su dolor. Sin embargo, existen señales físicas y conductuales a las que debemos prestar atención: El perro lloriquea, especialmente cuando intenta levantarse, acostarse o si le tocan un punto dolorido.

Cojera: perceptible o apenas perceptible. El animal protege una de sus patas, la mete hacia adentro y no se apoya en ella. Intenta lamer un punto dolorido o la almohadilla de la pata.

Agresión o ansiedad al ser tocado. Chirridos al levantarse después de descansar. Se mueve lentamente, no quiere caminar, pierde actividad.

Con dolor crónico, el estado de ánimo baja notablemente y el perro se vuelve letárgico. Son situaciones especialmente alarmantes aquellas en las que el perro empieza a gemir de repente sin motivo aparente: esto puede indicar un dolor agudo, por ejemplo, en caso de una dislocación, una fisura o un daño neurológico. Motivo de alerta: El perro no pisa su pata durante más de 12 horas. Hay hinchazón, deformidad o sangrado. La mascota grita, chilla y no te deja tocarle la pata. Se observan temblores, debilidad e inestabilidad en la marcha. Hay fiebre, pérdida de apetito o apatía. La cojera persiste durante más de 2-3 días, incluso si no hay daños visibles.

Consejos prácticos ¿Qué hacer? Examine la pata. Revise cuidadosamente si tiene cortes, cuerpos extraños, hinchazón o inflamación. No tire de las garras ni intente ajustar las articulaciones, ya que esto puede aumentar el dolor. Limite el movimiento. Traslade al perro a una cama y limite su actividad física. No lo obligue a caminar ni a subir escaleras. Si sospecha que tiene un moretón o hinchazón, puede aplicar una compresa fría en la zona dolorida (a través de un paño). Esto ayudará a reducir la inflamación y el dolor.

No administre analgésicos a menos que los recete un veterinario. Muchos medicamentos seguros para humanos (como el ibuprofeno, paracetamol) son tóxicos para los perros. Vigile el comportamiento y los síntomas. Anote cuándo comenzó el dolor, cómo se manifiesta y cualquier síntoma acompañante. Esta información le será útil cuando visite a su médico.

Diagnóstico y tratamiento en la clínica: Realizar un examen, palpación y pruebas de sensibilidad, y luego puede recetar: Radiografía: si hay sospecha de fractura, dislocación o tumor. Ecografía de articulaciones o tejidos blandos. Análisis de sangre generales para inflamación, infecciones, artritis. Resonancia magnética o tomografía computarizada para síntomas neurológicos.

El tratamiento depende de la causa del dolor: Lesiones: fijación, restricción de movimiento, a veces cirugía. Artritis: medicamentos antiinflamatorios, fisioterapia, condroprotectores. Infecciones: antibióticos, cuidado de heridas. - Neurología: medicamentos especiales, terapia de apoyo. - Neoplasias: extirpación quirúrgica si es necesario – oncoterapia. - Cuanto antes se identifique la causa del dolor, mayores serán las posibilidades de una recuperación rápida y completa.

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