viernes, 14 de noviembre de 2025

 

REFLEXIONES DE MI VIDA

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 Siempre piensas que las cosas son demasiado difíciles de empezar. Sin embargo, muchas veces las dificultades no vienen de las cosas en sí mismas, sino de nuestra vacilación en decidirlas. Cuando no la realizamos nos justificamos cuando el tiempo pasa diciendo que nos faltó coraje para hacerlo, y nos quedamos lamentando.

 Hay un joven que sostiene el sueño de escribir, pero siempre siente que sus palabras no son lo suficientemente buenas, y no se atreve a someterse al juicio crítico. Más tarde decidió escribir un poco cada día, es esta consciente en que no es perfecto, solo seguir adelante. Al principio, su trabajo fue desatendido, pero a medida que se acumulaban los días, sus palabras comenzaron a tocar el corazón de la gente, y finalmente publicó su primer libro. Mirando hacia atrás, descubrió que no era el talento lo que lo trajo a este punto, sino el pequeño fuego que brotaba en su alma como un volcán ardiendo y que conforme leía autores atizaba más ese fuego, que nunca se apagó.

Muchas veces sentimos que nuestros esfuerzos son insignificantes, que cambiar el mundo es cosa de los fuertes, y que nuestra luz no es lo suficientemente brillante. Pero lo que realmente determina cuán lejos podemos llegar no es el brillo del momento, sino “si” estamos dispuestos a proteger esa pequeña luz, y dejar que crezca lentamente, y algún día convertirse en una luz que ilumine a otros en su camino.

Así que no importa en qué etapa estés ahora mismo, para seguir tus sueños, recuerda: toda la luz es un pequeño fuego al principio. Aguanta y deja que se queme hasta que se convierta en la luz que deseas. Todo el mundo ha imaginado ser el personaje principal, salvar el mundo, cambiar el destino, este es el deseo humano de significado y valor. Sin embargo, la realidad no siempre nos da el escenario para hacernos brillar y la calidez humana. No todo el mundo puede estar en el centro de atención y hacer un movimiento que cambie la historia. Pero eso no significa que nuestra existencia no importe.

En mi infancia conocí a un profesor normal que enseñaba en mi pueblo, un personaje que dedicaba su tiempo aprender, y contaba con la experiencia en enseñanza y de aprendizaje. Por años exigía reformas al sistema educativo. En lo personal creo, que, si no fuera por este maestro quien desde un principio creyó en mí, me habría dado por vencido en aquellos momentos. DE sus enseñanzas aprendí lo que significaba “Ser uno mismo” El mundo necesita no solo profesores, sino también maestros que en silencio de sus reflexiones en el aula cultivan, protegen e iluminan las posibilidades de los demás.

Son maestros que no tienen nombres en las masas generales de la profesión, pero cada alumno que pasa por sus manos aprende el gran alcance de sus palabras y enseñanzas. Son maestros que no buscan el éxito, simplemente hacen lo correcto, llegan cuando otros están más indefensos, y riegan pacientemente las semillas antes de que hayan brotado. Son ese tipo de maestros que los llamamos normales porque cada día asisten al aula pero que dentro de ella hacen grandes cosas. No es el tipo de maestro protagonista que se hace ver en las juntas o mítines, pero su papel en la mente de los niños nunca es ordinario.

Escuchas, y analizas frases de Sartre que nos dice de que en la libertad no se trata de hacer lo que quieres, sino de ser capaz de no hacer lo que no quieres.  A los ojos de la mayoría de la gente, la libertad a menudo se confunde con el derecho a hacer lo que quieras, decir y hacer lo que quieras. La realidad es que la verdadera libertad es la capacidad de decir no a las cosas que no quieres hacer, no dejar que te frenen o te ganen los deseos, la presión o la expectativa. Recuerdo a uno de mis amigos que se vio forzado a quedarse en un trabajo en el cual le pagaban bien, pero era muy infeliz, tanto que cada sábado a medio día era el primero que salía corriendo a una cantina a embrutecerse. La presión del trabajo, la necesidad familiar, los problemas, las circunstancias lo tenían atado al tronco del sacrificio.

Mi amigo cada día se levantaba preocupado por el trabajo o el riesgo de perderlo. Quería que sus padres lo vieran como una persona exitosa. Creo que pasaron 20 años hasta que un día se decidió a dejarlo. Puso una taquería y su vida se volvió más sencilla y tranquila. Recuerdo que me dijo: Estaba equivocado con mi vida, creía que renunciar mis padres lo interpretarían como un fracasado. Pero creo que tome la decisión correcta. Ya no me interesa el reconocimiento de otras personas a costa de mi salud mental, simplemente vivo tranquilo.

En mi opinión la clave está “Cuando sabemos cómo decir no a ciertas expectativas, suficiente a ciertos deseos, suficiente a cierta presión: esta no es la vida que elegí - ese momento realmente tenemos libertad” La verdadera libertad es saber por qué eliges, y luego ir con firmeza, aunque ese camino sea diferente al de otros, es ahí en donde eres la persona verdaderamente libre.

Una vez siendo yo un joven de secundaria conocí a un anciano que era zapatero. Mientras les ponía medias suelas a mis zapatos conversamos, y me dijo que nunca había viajado, que cuando él era niño su padre le enseño el oficio y que nunca anhelo estudiar la secundaria. Mi mayor felicidad desde niño ha sido reparar botas, zapatillas.

– Sus ojos brillaban de emoción cuando me lo estaba contando. Una historia de vida muy respetable, satisfecho, y que ya estaba en la vejez. Comento esto debido a que pienso en que todos deberíamos darnos tiempo para recordar y reflexionar de dónde venimos cuando estamos perdidos, conocernos a nosotros mismos cuando elegimos por qué elegimos la vida que llevamos, ¿nos entendemos? La vida de cada uno de nosotros es una historia irremplazable. Y la acumulación de cada recuerdo te hace una persona más viva. – Todos deseamos una vida fácil, pero la realidad es que nos resulta difícil.

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