LOS PROFESIONISTAS,
QUE LAS UNIVERSIDADES PRODUCEN
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría
en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Un hombre del pueblo jalaba un chivo hacia el matadero. El calor hizo que se metiera en una tienda para comprar un refresco dejando al chivo amarrado. Al salir de la tienda no encontró al chivo, ni la cuerda “Habia desaparecido” El hombre se convencio que se lo habían robado. Al pasar junto a una noria (Pozo de agua) Estaba un hombre bien vestido quien le dijo ser abogado, y que al agacharse se le cayo su cartera al pozo. Si bajas por ella dijo el abogado te pagare muy bien. – El hombre de inmediato se quito la ropa y bajo al pozo. Cuando salio para decirle que no habia cartera alguna en el pozo se dio cuenta que el personaje habia desaparecido al igual que su ropa, sombrero, y zapatos. La codicia deja desnudo a quien no tenga cuidado con este tipo de personas.
Muchos jóvenes de hoy, tras ingresar a la universidad, deberían, en teoría, sentirse felices y realizados. Sin embargo, algunas encuestas han revelado que también experimentan un gran sufrimiento que no se manifiesta explícitamente. En resumen, la presión que sufren los estudiantes universitarios proviene principalmente de tres aspectos: las relaciones sentimentales, las relaciones interpersonales, el estudio y su aprobación, y el empleo. Una universidad realizó una encuesta sobre la psicología de sus estudiantes, y los resultados mostraron que el 32% experimentaba presión debido a las relaciones sentimentales, el 27% debido a las relaciones interpersonales, el 25% debido al empleo y el resto por otras causas.
Muchos estudiantes universitarios albergan grandes ideales durante sus primeros dos años, pero tras pasar más tiempo en la universidad, descubren gradualmente que la realidad no es tan idílica como la imaginaban. Entonces, se dejan llevar por la autocompasión, el miedo a ser señalados si abandonan sus estudios, y terminan desperdiciando su juventud. Algunos incluso no aprenden nada valioso en la universidad, adquiriendo en cambio malos hábitos. Hoy en día, en muchas universidades, la mayoría de las estudiantes usan las computadoras como reproductores de tik- tok, y la mayoría de los estudiantes las usan como consolas de videojuegos.
Pasan sus días jugando a ser estudiantes en la universidad en lugar de estudiando. Después de unos años así, es seguro que no se graduarán con méritos sobresalientes, y si no encuentran trabajo, se frustrarán, y pensaran que tienen derecho a quejarse de la universidad, y de la sociedad. La sociedad materialista se los trago desde la infancia, ya que durante toda su corta vida han escuchado que están en la universidad para graduarse y ganar prestigio social, y dinero “No para aprender” – “No tienen mayores aspiraciones que el dinero sin importar de donde provenga” La educación universitaria actual le da su mayor énfasis a cultivar en sus mentes que sean necios, tercos, y que impongan su voluntad, y eso los va confundiendo en todo lo que haga en el futuro.
Las universidades, y la sociedad los hace apegados al dinero, a satisfacer ese deseo en el cual la mente les exige que necesitan tener mucho dinero y lo obtengan de donde se les presente esa oportunidad sin importar el daño que ocasionen. Les hace creer que la vida es corta y la única forma de disfrutarla es contar con dinero para satisfacer sus placeres, porque al morir nada se llevaran (El caso de una persona multimillonaria lo fue Steve Jobs, 1955-2011, el fundador de Apple, quien falleció recientemente, quien acumulo siete mil millones de dólares en vida, pero ¿qué se llevó consigo tras su muerte?) para un profesionista insatisfecho su idea es que no le importa no llevarse nada de dinero, sino disfrutarlo ¿Se disfruta, o se sufre por conservarlo, o incrementarlo?
¿Comprar autos, mansiones, viajar, sin preocuparse por el inmenso dinero con él cuenta, es su razón de vivir? Lo normal es que el dinero influye en cada una de nuestras razones, acciones, enfoques, para vivir, pero también es una de las causas que arruina nuestra vida, desde generarnos estrés, ansiedad, preocupaciones, etc. La gran mayoría de los jóvenes universitarios carecen de este tipo de reflexión porque desde niños se les va enseñando que sean codiciosos que para eso estudian, que para eso trabajaran, y que no deben descansar ni de día ni de noche hasta conseguirlo. Toda nuestra sociedad gira alrededor de la posesión del dinero, nunca a estudiar para contribuir con la sociedad, mucho menos en preocuparnos porque alguien sufre. Es la familia, la sociedad, la que nos abre los ojos a la codicia.
Al titularse en la universidad no se atreven a abrir los ojos para ver la realidad, simplemente se hacen de la vista gorda con la intención de estar en el lugar adecuado para obtener dinero, y si esto no sucede se frustran, por su inconformismo argumentando que se quemaron las pestañas estudiando, y que eso merecen estar en ese lugar en donde puedan agenciarse dinero. Estas palabras, sin duda, merecen una profunda reflexión. Nuestra sociedad ha entrado de lleno en el tobogán de la decadencia moral sin precedentes en la cultura tradicional que se basaba en la ética, la moral. Se han aniquilado los valores, las personas valiosas en los puestos públicos, las ideas religiosas. En los últimos años he visto muchas universidades, y la mayoría de los profesores y estudiantes desconocen por completo la ética, la moral.
Desprecian los principios básicos, las relaciones humanas sanas, se etiquetan entre ellos como grupos mafiosos para apoderarse de los bienes y las mentes juveniles creando la decadencia ética, y moral. Esto es un claro ejemplo de lo que sucede en la sociedad que paga sus estudios para que falsos profesionistas los destruyan. Hace unos años mientras acompañaba a un médico en su auto, nos tocó ver un atropellamiento en un semáforo. Observe que los autos continuaban pasando, y nadie se paraba ayudar. Le pedí al médico que se parara para ir ayudar, pero lo que hizo fue acelerar su auto para salir de inmediato del lugar.
Más tarde escuche por la radio que la atropellada era una niña que se dirigía a su escuela primaria, y que murió en el hospital. (Nadie la quiso ayudar, ni el médico que estaba manejando ese día a mi lado) En otra ocasión venía manejando un auto por la carretera de Guadalajara a Tepic, y un auto Ford me rebaso a gran velocidad. Noté que el auto zigzagueaba, y unos kilómetros adelante lo encontré chocado con una combi. Me baje ayudar, y en la combi iban tres chicas jóvenes las cuales se desangraban. Las ayude a salir de la combi regresándome unos cuantos kilómetros a la población más cercana para que las atendieran. La policía federal de caminos me detuvo toda la noche en esa población supuestamente para la investigación.
Ahí me entere que el auto Ford era conducido por un hombre borracho, pero que había escapado, y las placas del auto eran sobre puestas. Que todo esto suceda es normal ya que la gran mayoría de personas somos egoístas, y se nos enseña desde el hogar en la infancia que solo veamos por nuestros intereses, por lo que el espíritu no solo de un médico, sino de la mayoría de profesionistas han perdido los principios y entre ellos la virtud de servir al prójimo sin esperar nada a cambio. Los principios y valores, se han desvanecido silenciosamente de nuestras vidas; la creencia predominante ahora es “Mejor no meterse en lo que no te importa”
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