NO DEJES PARA MAÑANA
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría
en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Recuerdo que fue en mi niñez, cuando por primera vez me paralice por miedo ante el estruendo de los rayos en una gran tormenta. Fue un momento en que me encontraba solo, a oscuras, con posiblemente escasos 6 años de edad. Los rayos tronaban, y les seguía un silencio. Yo, desde mi cama veía por la ventana la lluvia. Me enrede en la sabana, y creó que fue la decisión más acertada para controlar ese miedo.
En aquellos momentos no había leído nada sobre Sócrates quien a través de Platón dijo que “Una vida sin reflexión no merece ser vivida” Fue hasta la escuela primaria donde comencé a cuestionar el motivo de los rayos antes y en medio de una tormenta. A partir de ahí ya no le tuve miedo a los rayos, dejaron de ser terribles. Mis estudios en la escuela primaria comenzaban a dar frutos dulces.
Los seres humanos estamos destinados a cumplir una misión en la vida. Responder a nosotros mismos, ver con claridad a los demás y cuestionar el sentido de la vida. Lo primero es comprender nuestras propias acciones antes de prejuzgar, corregir el rumbo si nos equivocamos, y enseguida continuar avanzando con firmeza. Como seres humanos, tenemos responsabilidades inherentes: con nosotros mismos, con los demás y con el sentido de la vida. Por lo tanto, vivir implica descubrir qué estamos haciendo, corregir los errores y, por difícil que sea, seguir adelante con determinación. Huimos por miedo al fracaso, rechazamos oportunidades, suspiramos de melancolía a “toro pasado”
Argumentamos tener muy buenas razones para hacerlo, o no estamos preparados aun “Miedo arriesgarnos” – “A menudo construimos muros invisibles en la mente en nombre de nuestros miedos y ansiedades” ¡Huimos a las responsabilidades, y compromisos! “Porque siempre estamos dudando” Nos encanta engañarnos a nosotros mismos, y se debe a ese vacío existencial que nos acompaña. Nuestra mejor arma se llama “Excusa, o echar culpa” para auto convencernos que tenemos la razón, que por eso elegimos racionalmente “Auto engaño para auto convencernos” (Es un mecanismo de defensa)
Cuando la mente nos insiste en que contamos con la razón, pero tenemos miedo recurrimos a explicaciones o simplemente la bloqueamos. Nuestros escudos se van convirtiendo en las cadenas del miedo que son capaces de reprimirnos incluso nuestras emociones más auténticas.
En el vasto océano de la humanidad, entre incontables seres,
la gente vaga sin rumbo, y con el alma vacía, malgastando su tiempo ¿Cuántos se
conforman con la mediocridad, temerosos de perseguir sus sueños, y al final
pasan sus vidas arrepentidos? Todos deseamos vivir una vida plena, y nos
dormimos en nuestros sueños no alcanzados o en nuestros laureles. Tenemos miedo
a todo tipo de ataduras y caminamos encadenados, amordazados. Gritamos ser
valientes, y solo queda en ese grito de supuesta valentía.
En la vida encontramos un lugar donde reposar sin preocupaciones, y nos quedamos en esa zona de confort, tememos desafiarnos a nuestros mismos. Tememos al fracaso, a las dificultades. A los tropiezos y caídas por lo que preferimos estancarnos “Solo haciendo lo que amas podrás comprender el verdadero significado, en vivir el sentido de la vida y dejar que tu valor brille” Somos seres que agradecemos las muestras cariño, pero nos negamos a darlas. Todo afecto sincero es bienvenido. Miramos la vida como si fuéramos eternos. El amor de madre es profundo, el apoyo de los verdaderos amigos es como un vino añejo.
Pocas veces nos paramos a reflexionar y agradecer por las compañías que disfrutamos cerca de nosotros como los pájaros, el perfume de las flores, el cielo azul o estrellado. Deseamos vivir una vida llena de alegría, olvidando que el néctar de la vida también nos deleitara con el sabor de su amargura. Vamos dejando pasar el tiempo como si la vida fuera eterna, y que llegaremos al final satisfechos y sin arrepentimientos.
Aprendemos que ayudar a los demás nos produce satisfacción, y salud mental a nosotros mismos. Desde niños exploramos el conocimiento, la amistad, lealtad. Es la edad en donde la vida fluye todos los días en conocimientos nuevos. Aprendemos que quien vive realmente es quien es auténtico, y vamos haciendo copias de otras personas para que nos vean genuinos. Perseguimos sueños con la esperanza en que al final nuestra vida haya valido la pena vivirla.
Pero a cada paso que damos nos acompaña el miedo (Interpretado de diferentes maneras, y formas) Ese miedo nos impide, sujeta, ata para que no alcancemos nuestros sueños, desistamos al primer reto, interpretemos que no está a nuestro alcance por lo que es inútil intentarlo. Vamos aprendiendo que es el miedo el que nos arroja al fracaso, que es el que nos impide probar cosas nuevas y superar sus límites. Compremos que cada reto es una oportunidad para crecer, pero le tememos a ese reto. Nos aferramos a un pasado que nos llena de preocupaciones y nos impide disfrutar el presente. Nos vamos alejando de la familia conforme crecemos, se va perdiendo el sentido de pertenencia, y se evapora el amor.
La idea es que nunca dejes de aprender, que vivas el presente, que te conectes con quienes te rodean, y eso le dará sentido a tu vida “Mantén siempre la mente abierta y nunca dejes de aprender y crecer” Asegúrate de cuidar tu salud física y mental. Aliméntate saludablemente, haz ejercicio con regularidad, duerme lo suficiente y controla el estrés. Cuando te sientes bien, puedes vivir una vida más plena y significativa. Entre las cosas buenas que podemos aprender en la vida, es ser agradecido, vivir en forma autentica, plena y fiel a ti mismo.
Significa aceptar todo lo que la vida te ofrece, bueno o malo, lo tomas, valoras, aprendes, de cada experiencia. Significa que tu cambias para que tu mundo sea mejor y que con ello dejes una huella positiva en quienes te rodean. Solo puedo decirte que provecha al máximo la vida, no te detengas antes de tiempo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario