A
MI MAMÁ BERTHA
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado
y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Bertha Torróntegui Millán (Mi
Mamá). - En el pueblo de San Ignacio, Sinaloa, nació una niña. Para sus padres
el evento se convirtió en una gran alegría. Su sueño se cumplía. La hija
esperada, soñada. El padre al ver la pequeña, comento “Es una belleza” La
llamaremos Bertha. Buen nombre dijo su madre Rosa. Es el nombre de mi señora
madre, a quien vivo agradecido. La niña fue amada como ninguna por sus
hermanos. Ella era alegre, grande de corazón y sentimientos nobles. Desde niña
conservo una sonrisa en su rostro.
Sus padres llamaron a sus amigos
para que le desearan larga vida y prosperidad a la niña. Iniciaba hacer calor
en la casa puesto que corría el 20 del mes de marzo, pero la felicidad era tan
grande que a nadie molestaba. Cada una de las personas que llegaban a ver a la
niña le ofrecían palabras afectuosas. Sin duda la niña en el pueblo crecería
saludable bajo en cuidado de sus padres, y sus hermanos. Los padres deseaban
que todos sus hijos crecieran sin problemas. Un padre cuyo nombre era Alejandro
Torróntegui Manjarrez, y su voz sonaba a poder, fuerza, amabilidad, bondad para
con sus semejantes.
Su esposa Rosa Millán Saez, ,
sabía mucho sobre cómo cuidar a los niños, los amaba a todos por igual. Los
niños corrían en su casa y en la calle con sus almas tiernas y sin conflicto
alguno. Iban creciendo como los árboles frondosos que producen frutos dulces
con sus acciones nobles. No es un cuento, más bien es el sueño de todos los
niños que nacen y crecen en el campo cuyos entretenimientos y diversiones son
lo más sano posible. No es necesario poseer grandes riquezas sino jugar y ser
feliz. A Bertha su padre la enseño a ser así, una persona de nobles
sentimientos, y esto ella lo llevo por el resto de su vida para bien de sus
hijos.
Vivió en una familia numerosa donde solo
nacieron ella y otra hermana (Soledad, mejor conocida para todos los
Torróntegui como la tía Chole), todos los demás fueron hombres. Bertha fue como
una canción en medio del campo cuyos versos encantaban a cualquiera. Mientras
era niña daba de comer a las gallinas, ayudaba a sus hermanos y les guardaba
sus secretos. Los niños le pedían que los ayudara con sus tareas. Ella
comprensiva los atendía puesto que amaba a sus hermanos. Era una niña
inteligente, sus maestros apreciaron su talento, su alma noble. Ocupaba su
tiempo en ayudar a su madre con los quehaceres domésticos, nada escapaba de su
atención. Si veía un problema en alguno de sus hermanos se acercaba ayudarlo.
Nunca en su vida se le conoció
un solo escándalo, por ser una chica dulce, agradable cuyo motivo principal fue
su familia. Voló con esas alas que el alma proporciona a ciertas personas,
camino la vida sin prisas dejando huella con sus pies descalzos. Nunca
descanso, siempre trabajo, necesitaba hacerlo para apoyar a su esposo, despues
de todo lo amaba con su alma abierta de los espíritus que vuelan alto.
Aprendió amar a Dios. Sus
hermanos fueron maestros famosos producto de una crianza rigurosa. La niña fue creciendo como ese tipo de flor
en el campo cuyo aroma no se volatiza, se volvió una joven hermosa, fuerte. El
nombre de la joven sonaba entre los jóvenes, pero ella tenía un pacto con su
papá que no se pondría de novia hasta cumplir los 18 años. Una joven cuya
característica era no levantar la voz, y utilizar su talento para resolver
conflictos. En su vida adulta derramaría muchas lágrimas.
Cada desgracia para ella era la
decisión de Dios, y en sus preocupaciones oraba en su nombre. Hoy la casa en
donde nació se observa en silencio. Sus padres han muerto, así como ella y sus
hermanos.. Se fueron todos quedando el más joven vivo (Juan Manuel). Se han
marchado pero el apellido siguió creciendo, siguió marcando historia de esos
sus antepasados. Siendo una chica joven conoció a su amor, y perpetuo la
sangre. Todos los nombres de ellos crecieron en la opinión pública por ese amor
a la humanidad que demostraron. Fueron inspiradores de generaciones y en
algunas escuelas decoran con placas su memoria. Es el amor a la vida la
inspiración divina para que afloren los sentimientos nobles.
El amor de Alejandro y Rosa (Mis abuelos
maternos) convirtieron su unión en esa gran familia. Bertha fue un alma que perdono cualquier
ofensa. Lloro sus desgracias en silencio, lleno de alegría a quienes
convivieron cerca de ella. Un alma que repartió amor. Sin suciedad en el alma y sin malas palabras.
Rezaba para proteger a su familia, perdonaba a los que se mostraban miserables
con ella. Pedía paz, amor, protección.
Su cuerpo con el correr de los
años se fue cansando, su alma continuo sana, quería servir a todos
indudablemente. En su pueblo fue feliz, le gustaba visitar a sus amigas,
siempre con una conversación amable. Lo más importante en su vida es la
tranquilidad que transmitió a sus hijos. A Bertha le encantaba soñar en
silencio, amar, abrazar.
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