martes, 6 de mayo de 2025

 

A MI MAMÁ BERTHA

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

Bertha Torróntegui Millán (Mi Mamá). - En el pueblo de San Ignacio, Sinaloa, nació una niña. Para sus padres el evento se convirtió en una gran alegría. Su sueño se cumplía. La hija esperada, soñada. El padre al ver la pequeña, comento “Es una belleza” La llamaremos Bertha. Buen nombre dijo su madre Rosa. Es el nombre de mi señora madre, a quien vivo agradecido. La niña fue amada como ninguna por sus hermanos. Ella era alegre, grande de corazón y sentimientos nobles. Desde niña conservo una sonrisa en su rostro.

Sus padres llamaron a sus amigos para que le desearan larga vida y prosperidad a la niña. Iniciaba hacer calor en la casa puesto que corría el 20 del mes de marzo, pero la felicidad era tan grande que a nadie molestaba. Cada una de las personas que llegaban a ver a la niña le ofrecían palabras afectuosas. Sin duda la niña en el pueblo crecería saludable bajo en cuidado de sus padres, y sus hermanos. Los padres deseaban que todos sus hijos crecieran sin problemas. Un padre cuyo nombre era Alejandro Torróntegui Manjarrez, y su voz sonaba a poder, fuerza, amabilidad, bondad para con sus semejantes.

Su esposa Rosa Millán Saez, , sabía mucho sobre cómo cuidar a los niños, los amaba a todos por igual. Los niños corrían en su casa y en la calle con sus almas tiernas y sin conflicto alguno. Iban creciendo como los árboles frondosos que producen frutos dulces con sus acciones nobles. No es un cuento, más bien es el sueño de todos los niños que nacen y crecen en el campo cuyos entretenimientos y diversiones son lo más sano posible. No es necesario poseer grandes riquezas sino jugar y ser feliz. A Bertha su padre la enseño a ser así, una persona de nobles sentimientos, y esto ella lo llevo por el resto de su vida para bien de sus hijos.

 Vivió en una familia numerosa donde solo nacieron ella y otra hermana (Soledad, mejor conocida para todos los Torróntegui como la tía Chole), todos los demás fueron hombres. Bertha fue como una canción en medio del campo cuyos versos encantaban a cualquiera. Mientras era niña daba de comer a las gallinas, ayudaba a sus hermanos y les guardaba sus secretos. Los niños le pedían que los ayudara con sus tareas. Ella comprensiva los atendía puesto que amaba a sus hermanos. Era una niña inteligente, sus maestros apreciaron su talento, su alma noble. Ocupaba su tiempo en ayudar a su madre con los quehaceres domésticos, nada escapaba de su atención. Si veía un problema en alguno de sus hermanos se acercaba ayudarlo.

Nunca en su vida se le conoció un solo escándalo, por ser una chica dulce, agradable cuyo motivo principal fue su familia. Voló con esas alas que el alma proporciona a ciertas personas, camino la vida sin prisas dejando huella con sus pies descalzos. Nunca descanso, siempre trabajo, necesitaba hacerlo para apoyar a su esposo, despues de todo lo amaba con su alma abierta de los espíritus que vuelan alto.

Aprendió amar a Dios. Sus hermanos fueron maestros famosos producto de una crianza rigurosa.  La niña fue creciendo como ese tipo de flor en el campo cuyo aroma no se volatiza, se volvió una joven hermosa, fuerte. El nombre de la joven sonaba entre los jóvenes, pero ella tenía un pacto con su papá que no se pondría de novia hasta cumplir los 18 años. Una joven cuya característica era no levantar la voz, y utilizar su talento para resolver conflictos. En su vida adulta derramaría muchas lágrimas.

Cada desgracia para ella era la decisión de Dios, y en sus preocupaciones oraba en su nombre. Hoy la casa en donde nació se observa en silencio. Sus padres han muerto, así como ella y sus hermanos.. Se fueron todos quedando el más joven vivo (Juan Manuel). Se han marchado pero el apellido siguió creciendo, siguió marcando historia de esos sus antepasados. Siendo una chica joven conoció a su amor, y perpetuo la sangre. Todos los nombres de ellos crecieron en la opinión pública por ese amor a la humanidad que demostraron. Fueron inspiradores de generaciones y en algunas escuelas decoran con placas su memoria. Es el amor a la vida la inspiración divina para que afloren los sentimientos nobles.

 El amor de Alejandro y Rosa (Mis abuelos maternos) convirtieron su unión en esa gran familia.  Bertha fue un alma que perdono cualquier ofensa. Lloro sus desgracias en silencio, lleno de alegría a quienes convivieron cerca de ella. Un alma que repartió amor.  Sin suciedad en el alma y sin malas palabras. Rezaba para proteger a su familia, perdonaba a los que se mostraban miserables con ella. Pedía paz, amor, protección.

Su cuerpo con el correr de los años se fue cansando, su alma continuo sana, quería servir a todos indudablemente. En su pueblo fue feliz, le gustaba visitar a sus amigas, siempre con una conversación amable. Lo más importante en su vida es la tranquilidad que transmitió a sus hijos. A Bertha le encantaba soñar en silencio, amar, abrazar.

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