martes, 13 de mayo de 2025

 

PROFESOR “MANOLO BASTIDAS PEÑA”

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Ex director de “La escuela Normal del Pacifico” Ex Director General “Instituto Pedagógico Hispanoamericano.

 En el aula escuchaba a mis maestros referirse a que debíamos aprender ciencia, ser grandes científicos y nos recitaban a continuación una serie de nombres, pero ese concepto de ciencia en sí, nadie lo entendíamos. Algunos de ellos se la pasaban en travesuras, incluso en jolgorios, que producían escándalos dentro del salón cuando el maestro se salía del aula para ir a la dirección, o los viernes cuando las niñas salían a clase de costura. Antes de salir el maestro nos organizaba una actividad. En una ocasión el maestro de sexto organizo un concurso de declamación y nuestras actuaciones nos causaban risa, pero las llevamos a cabo con entusiasmo.

 Todos los alumnos participaron, solo uno al que le decíamos el “cochito” se negó hacerlo y fue castigado. Con esas declamaciones al presentarlas nos permitían salir de la rutina y jugábamos antes de exponerlas. El escenario era el aula en la parte de adelante por lo que su espacio era pequeño y no había oportunidad de moverse, simplemente nos colocábamos he iniciábamos. La pasión por la poesía se extendió en pocos, los demás se las arreglaban para no quedar en ridículo al exponer. El maestro nos ayudaba en los momentos en que se requería pausas, elocuencia, gestos, movimientos etc.

 Era un placer el observar a nuestro maestro Manolo Bastidas Peña darnos la clase de historia, nos enviaba mensajes como si estuviéramos dentro de una gran batalla en la revolución, incluso a diario queríamos más, pero él debía seguir los planes y programa por lo que se negaba. A las niñas las distraíamos con travesuras que no eran dañinas, y creo que eso a ellas también les gustaba. Poco a poco fui mejorando la lectura en literatura e historia, sin embargo, el maestro insistía en que optimáramos en matemáticas. Ese sexto año nos divirtió todo el año de tal forma que el día que nos despedimos creo que todos lloramos y lo hicimos durante varios dias.

 No puedo decir que ninguno de los maestros anteriores estuvo a la altura de este maestro, pero despues de varios años de egresar de la primaria la mayoría de sus alumnos lo reconocíamos como un excelente maestro. Su forma de enseñarnos ilumino nuestras infantiles mentes, fue magnifico, incluso ya siendo profesionista cuando visitaba el pueblo me daba la vuelta por su casa para visitarlo y él me recibía con gusto. Una mano firme y una elocuencia a toda prueba.

 Trataba con delicadeza a las niñas, entre ellas una sobrina suya de nombre Martha Emilia Bastidas, y su grupito quienes se sentaban en la parte delantera de la clase junto a la puerta que daba al patio de juegos, esto lo comento debido a que existía otra puerta en la parte de delante y daba a un pasillo que nos llevaba a los baños (Eran salones con doble puerta). Por boca del maestro supe que desde joven se involucró en la lectura, que gastaba parte del poco dinero que recibía como maestro rural en comprar libros, así que casi siempre andaba sin dinero en el bolsillo.

 Un día estando en sexto grado a la hora del recreo me presto un libro, el cual él consideraba una excelente obra. Se sentó a mi lado mientras observaba como lo leía y no se levantó del lugar hasta que se lo devolví. Me dijo que un libro en manos de un niño que no lo sabe cuidar es basura. Me mostro como hojearlo he irlo leyendo. Vi como sus dedos recorrían las hojas. Lo acariciaba con gran cariño. ¿Quiénes escriben los libros? Alcance a preguntarle.

 El me miro intrigado y luego me mostro el autor, me dijo que era un poeta que en toda su vida se dedicó a escribir versos. Me leyó uno de ellos en voz suave. Unos versos en los que su rostro se retratara a sí mismo como si tuviera a la persona de sus sueños, anhelos, amores frente a su cara en ese instante. Posteriormente me dio su sentencia en que “La poesía no está escrita para tontos”

 Por mi parte lo escuchaba y observaba sus gestos que me parecían cómicos, o mera diversión del maestro con mi persona ante el espacio de tiempo que el recreo nos ofrecía para acercarnos. Era un personaje que gustaba en tratar temas serios con una característica muy elevada y solemne. De lo que estaba seguro es que me apreciaba y nunca supe el porque me gané su cariño, al tal grado que pasaron muchos años y nunca se olvidó de mis travesuras en la escuela. Para el examen final de sexto grado mis compañeros de grupo se la pasaron varios días estudiando en equipo, en cambio a ellos me la pase vagando por el monte sin darle importancia a ese examen.

 No me estresaba ante ese tipo de situaciones, ni estaba dispuesto a pasar noches en vela, sabía que estaba listo para responder cualquier pregunta sin necesidad de repasar. En literatura nos pasaba al frente a leer partes de obras ese era su secreto para involucrarnos y fue así como me familiarice con el nombre de autores clásicos. Los viernes nadie quería faltar a clases por la tarde, por ser el día que nos contaba largos cuentos. Lo admirábamos cuando imitaba los gestos del personaje del cuento y de ello aún conservo ese recuerdo.

 Un maestro lleno de historia, literatura, matemáticas, retorica, elocuencia. Un crítico social, que bromeaba sobre el cómo resolvían los asuntos la autoridad municipal. En cuanto a sus sentimientos no puedo expresarlos, solo recuerdo su sencillez y creo que tenía su esposa y dos hijas (¿). Al recibir la noticia de su muerte me impacto, pero no deje que nadie notara mi tristeza. Calladamente prepare mi salida al pueblo para acompañar su cuerpo. Me impulsaba ese gran agradecimiento que se convertía en melancolía mezclada con reverencia por su gran persona y el cómo influyo en mi vida. Que Dios lo guarde a su lado y bendiga su eterna vida.

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