PROFESOR “MANOLO BASTIDAS PEÑA”
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Ex director de “La escuela Normal del
Pacifico” Ex Director General “Instituto Pedagógico Hispanoamericano.
En
el aula escuchaba a mis maestros referirse a que debíamos aprender ciencia, ser
grandes científicos y nos recitaban a continuación una serie de nombres, pero
ese concepto de ciencia en sí, nadie lo entendíamos. Algunos de ellos se la
pasaban en travesuras, incluso en jolgorios, que producían escándalos dentro del
salón cuando el maestro se salía del aula para ir a la dirección, o los viernes
cuando las niñas salían a clase de costura. Antes de salir el maestro nos
organizaba una actividad. En una ocasión el maestro de sexto organizo un
concurso de declamación y nuestras actuaciones nos causaban risa, pero las
llevamos a cabo con entusiasmo.
Todos
los alumnos participaron, solo uno al que le decíamos el “cochito” se negó
hacerlo y fue castigado. Con esas declamaciones al presentarlas nos permitían
salir de la rutina y jugábamos antes de exponerlas. El escenario era el aula en
la parte de adelante por lo que su espacio era pequeño y no había oportunidad
de moverse, simplemente nos colocábamos he iniciábamos. La pasión por la poesía
se extendió en pocos, los demás se las arreglaban para no quedar en ridículo al
exponer. El maestro nos ayudaba en los momentos en que se requería pausas,
elocuencia, gestos, movimientos etc.
Era
un placer el observar a nuestro maestro Manolo Bastidas Peña darnos la clase de
historia, nos enviaba mensajes como si estuviéramos dentro de una gran batalla
en la revolución, incluso a diario queríamos más, pero él debía seguir los
planes y programa por lo que se negaba. A las niñas las distraíamos con
travesuras que no eran dañinas, y creo que eso a ellas también les gustaba.
Poco a poco fui mejorando la lectura en literatura e historia, sin embargo, el
maestro insistía en que optimáramos en matemáticas. Ese sexto año nos divirtió
todo el año de tal forma que el día que nos despedimos creo que todos lloramos
y lo hicimos durante varios dias.
No
puedo decir que ninguno de los maestros anteriores estuvo a la altura de este
maestro, pero despues de varios años de egresar de la primaria la mayoría de
sus alumnos lo reconocíamos como un excelente maestro. Su forma de enseñarnos
ilumino nuestras infantiles mentes, fue magnifico, incluso ya siendo
profesionista cuando visitaba el pueblo me daba la vuelta por su casa para
visitarlo y él me recibía con gusto. Una mano firme y una elocuencia a toda
prueba.
Trataba
con delicadeza a las niñas, entre ellas una sobrina suya de nombre Martha
Emilia Bastidas, y su grupito quienes se sentaban en la parte delantera de la
clase junto a la puerta que daba al patio de juegos, esto lo comento debido a
que existía otra puerta en la parte de delante y daba a un pasillo que nos llevaba
a los baños (Eran salones con doble puerta). Por boca del maestro supe que
desde joven se involucró en la lectura, que gastaba parte del poco dinero que
recibía como maestro rural en comprar libros, así que casi siempre andaba sin
dinero en el bolsillo.
Un
día estando en sexto grado a la hora del recreo me presto un libro, el cual él
consideraba una excelente obra. Se sentó a mi lado mientras observaba como lo
leía y no se levantó del lugar hasta que se lo devolví. Me dijo que un libro en
manos de un niño que no lo sabe cuidar es basura. Me mostro como hojearlo he
irlo leyendo. Vi como sus dedos recorrían las hojas. Lo acariciaba con gran
cariño. ¿Quiénes escriben los libros? Alcance a preguntarle.
El
me miro intrigado y luego me mostro el autor, me dijo que era un poeta que en
toda su vida se dedicó a escribir versos. Me leyó uno de ellos en voz suave.
Unos versos en los que su rostro se retratara a sí mismo como si tuviera a la
persona de sus sueños, anhelos, amores frente a su cara en ese instante. Posteriormente
me dio su sentencia en que “La poesía no está escrita para tontos”
Por
mi parte lo escuchaba y observaba sus gestos que me parecían cómicos, o mera
diversión del maestro con mi persona ante el espacio de tiempo que el recreo
nos ofrecía para acercarnos. Era un personaje que gustaba en tratar temas
serios con una característica muy elevada y solemne. De lo que estaba seguro es
que me apreciaba y nunca supe el porque me gané su cariño, al tal grado que
pasaron muchos años y nunca se olvidó de mis travesuras en la escuela. Para el
examen final de sexto grado mis compañeros de grupo se la pasaron varios días
estudiando en equipo, en cambio a ellos me la pase vagando por el monte sin
darle importancia a ese examen.
No
me estresaba ante ese tipo de situaciones, ni estaba dispuesto a pasar noches
en vela, sabía que estaba listo para responder cualquier pregunta sin necesidad
de repasar. En literatura nos pasaba al frente a leer partes de obras ese era
su secreto para involucrarnos y fue así como me familiarice con el nombre de
autores clásicos. Los viernes nadie quería faltar a clases por la tarde, por
ser el día que nos contaba largos cuentos. Lo admirábamos cuando imitaba los
gestos del personaje del cuento y de ello aún conservo ese recuerdo.
Un
maestro lleno de historia, literatura, matemáticas, retorica, elocuencia. Un
crítico social, que bromeaba sobre el cómo resolvían los asuntos la autoridad
municipal. En cuanto a sus sentimientos no puedo expresarlos, solo recuerdo su
sencillez y creo que tenía su esposa y dos hijas (¿). Al recibir la noticia de
su muerte me impacto, pero no deje que nadie notara mi tristeza. Calladamente
prepare mi salida al pueblo para acompañar su cuerpo. Me impulsaba ese gran
agradecimiento que se convertía en melancolía mezclada con reverencia por su
gran persona y el cómo influyo en mi vida. Que Dios lo guarde a su lado y
bendiga su eterna vida.
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