HASTA QUE LA MUERTE, LOS SEPARE
RAMÓN
ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Expresiones despreciativas son las que escuchamos
frecuentemente cuando un matrimonio termina-Ya, no la aguantaba, al fin me
quite de encima esa vieja loca con la que me case. Ahora me siento libre,
después de tantos años de martirio, de aguantar groserías, majaderías,
desplantes y odios dentro del hogar y aunque se quedo con todo “Casa, muebles,
Hijos”, me siento feliz lejos de ese martirio. Esta fue la entrada que nos dio
un compañero mientras platicábamos sobre los matrimonios que duran muchos años
juntos o terminan su vida casados “Hasta que la muerte los separe”
El caso es que todos nos juntamos buscando en el otro lo
distinto, lo opuesto, lo complementario y luego, nada más casarnos, queremos
cambiarles porque, aquello por lo que les hemos elegido, lo que nos hacía
gracia, nos incomoda, nos irrita, nos aleja y nos rompe el amor.
Algunas viudas se han dado a la tarea de soltar la chancla,
andar en los bares, joviales, recién pintaditas, con cirugías, optimistas y sin
compromisos que las vuelvan atar. Beben y bailan como las jóvenes, se alocan y
hacen el ridículo tratando de imitarlas, al mismo tiempo depositan dinero en
las bolsas de sus amantes buscando el efecto del amor pagado o el sexo
prostituido, pero los achaques que padecen les preocupan muy poco y hacen sus
locuras al sentirse satisfechas de sus chifladuras.
Navegan, nadan, se hunden, saborean las delicias a grandes
sorbos y gritan a los cuatro vientos que son libres, modernas ante el
descrédito de sus malos comportamientos. Lo cierto es que la vergüenza, el
demérito social les hace daño ante su propia infamia, su deshonor y se conciben
las ofendidas. Todo el mundo le silba; ¿qué importa si ella se aplaude a si
misma? Y es únicamente la locura la que hace que uno se aplauda a sí mismo. “Es
una desgracia a esa edad, vivir en el error y en la ignorancia”.
No veo por qué razón debe ser desgraciada si la vida en sus
momentos le entrego juventud y de vieja lamenta no poder volar. Hay que vivir
conforme a nuestro nacimiento, educación, cultura, y naturaleza. La que nace
para la calle ni con barriles agua bendita tomada se le quita. También las
escucho en sus nostalgias, su molesta soledad, el extrañar a quien estuvo con
ellas y esto me lleva a una nueva reflexión ¿Qué está pasando con el
matrimonio? Una institución que fue diseñada para crecer juntos, para la
entrega sin condiciones y que de repente ya estando dentro nos queremos salir
volando sin alas al sentir que la persona a la que elegimos es egoísta,
hedonista, poco generosa y mendiga con nosotros, que nos hace salir por las
mañanas al trabajo odiando al mundo entero y con la intención de que alguien
nos la pague.
Novios convertidos en una sola persona que de ser libres se
convierten en dependientes hasta de pedir permiso para ir a la esquina a
comprar un refresco y que si te tardas ya está el temor en el amado en ser
engañado en esa pequeña ausencia. Seres que entusiasmados llegan ante el altar
con un mundo de ilusiones en formar una familia y terminan convirtiendo eso en
un infierno.
¿Por qué el actual matrimonio no cumple su la función para
la que fue creado? ¿Por qué? no cumplimos nosotros en hacer la realidad que nos
forjamos antes de dar el “Si” y afirmar
¡Hasta que la muerte, nos separe! ¿En dónde está la falla? ¿Por qué? prestarnos
a jurar ante Dios si al paso de los años la vida deja de ser plenitud personal
y nos damos cuenta que ya no queremos como creíamos a la persona aquella o que
no era tan mejor como creíamos antes de casarnos y ahora vivimos en el temor
tratando en ser mejor cada día ante los ojos de los demás, pero alejados de a
quien le juramos amor y queremos empujarla fuera de la casa que un día felices
le llamamos hogar, dulce hogar. ¿A que tenemos cuando envejecemos juntos y
vemos en las calles gente joven que nos incita a dejar el pasado y dejar entrar
los demonios del placer inmediato? ¿Por qué ese temor a plantear los propios
deseos y las propias necesidades?
Luego habrá que pactar, llegar a acuerdos, equilibrar las
necesidades personales a las necesidades comunes y esos tiras y aflojas que dan
forma a la cotidianidad matrimonial o al final del mismo. La pareja joven no
sostiene las estructuras del hogar, ya que ambos empujan sin mediar
equilibradamente el poder familiar, empujan tanto que terminan por odiarse
acusándose de todo, empequeñeciéndose, achicándose sus virtudes, degradándose
en sus intimidades por mero egocentrismo que los jóvenes llaman felicidad
temprana y los viejos la califican de felicidad barata la cual va a terminar
recortando los sueños más grandes de la
otra persona. Su vida se resignará a la mediocridad y no desarrollarán
ni su faceta relacional, ni la espiritual, ni la de compromiso con ellos
mismos.
El matrimonio es hermoso cuando uno comparte los mínimos
detalles y disfruta los logros, cuando sabes que vives con alguien que te da
seguridad emocional, que está contigo y te fortalece en los momentos difíciles,
que te va acompañando para facilitarte la esperanza de la misma vida y que no
te deja durante toda su vida. Es una persona que hace que ambos se sientan
cómodos, no odiados o maldecidos, que se cuidan y cuidan cuando tienen familia
a sus hijos siempre unidos, siempre fieles, unidos y felices. Al casarte se
supone que encontraste la media naranja, la persona que sea suficiente en todos
los aspectos con sus bondades y sus genios, como compañera para alguien que
sueñe vivir en plenitud, para quien tenga el alma llena de esperanza.
Aunque en estas fechas los jóvenes piensan que “Ya, no
existe la pareja ideal, que eso es mero romanticismo trasnochado” Yo, expreso
que es mentira, la pareja se constituye para empujar juntos, no de un solo
lado, juntos para multiplicar los excelentes momentos que nos hacen cómplices
de la felicidad, de la realización plena del otro y le empujan a ser más, a
estirar su alma. Son parejas que están vivas, que viven sus gozos y sus
equivocaciones, de sus sombras de miedo, saben sacar lo positivo.
El matrimonio es para
estar y sentirse a gusto, en donde ambos habrá su corazón, que empujan a los
suyos a ser felices y a construir esta sociedad nueva donde todo ser humano
pueda alcanzar su plenitud. No, se trata de morir en el intento, sino de
conseguir alcanzar el sueño deseado con la persona escogida o esperado a
sabiendas de que la vida está llena de tentaciones, de demonios escondidos en
lo más intimo de nosotros, pero que hay que aprender acomodarlos para que no
salgan, que no broten, no dominen. Nada que sea obsesivo será positivo. Los
manejos de las emociones, siempre tienen que estar bajo control. Si decides no
aventurar más, tu vida irá perdiendo sentido. Cada descubrimiento, cada
sorpresa, tiene su magia.
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