MIS RECUERDOS
RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
A mis años continúo disfrutando como niño las cosas que los
lugares ofrecen. Mi lugar preferido era el rio. Y este día no podía dejar en
hacer lo que tanto disfrutaba en ese mi lugar preferido. Lo mire tranquilo
antes de zambullirme en sus aguas, supongo que la alegría salía por todos los
poros del cuerpo.- El agua estaba fresca, casi perfecta. Me quite la ropa y caí
dentro de sus aguas, comencé a sacar la cabeza y brincar como pez “Jugando como
niño”.
Las aguas me dieron la bienvenida, solo fueron unos minutos
en pensarlo antes de aventarme “Miedo a lo helado del agua”.- Hoy, es una
hermosa mañana con un rio de aguas tibias, placenteras, atrás quedó la noche y
sus molestas consternaciones, ahora solo era yo, el rio y la tranquilidad. Un
ser convertido en pez niño, una nota fina en el silencio venturoso, sin
formalismos. Un niño adulto acompañado con él aire que traspira el monte. No sé
si este día la naturaleza llora o quiere que solo nade como en aquellos días
cuando era un niño, tal vez sus aguas disfrutan el regreso de uno de sus peces
que volvía a jugar entre sus aguas “¿No, lo sé?, pero estaba feliz.
Un día, indescriptible donde te zambulles y apareces en unos
cuantos minutos, miras la orilla y te vuelves a zambullir sintiendo que el
cuerpo te lo exige.- Nadas jugando, juegas nadando.-Volviendo a ser niño, sin
miedos, presiones, ni frio y sin nada, solo el silencio, el agua, el tiempo.
Los que están leyendo es posible me estén envidiando al
recordar que cuando éramos niños nadábamos y adultos quedamos dentro de la
pecera social intentando hacerlo de la mejor manera. Esto de nadar lo aprendí
en el rio y quiero hacérselos saber que al paso de los años nos salen plumas
empezando a volar sin volver a nadar, pero el rio ¡Allí! Está en espera. Nadar
en el rio, es sentirte libre, sin rumiar que a tu alrededor el mundo se está
destruyendo. Nadas y te sientes bien. Es ahogar el llanto que brota por los
poros, es respirar y llenar los vacios que quedan en tus pulmones con el
tiempo.- Libre.- Vivo. Lejos de las contradicciones, las malas vibras,
decisiones, “Sentir que estar vivo”. Unos dirán que es la nostalgia de lo que
se ha vivido, otros un refugio perfecto para una nueva huida sin testigos, sin
alas de grandeza, sin miedos de ti mismo, con aire fresco, agua cálida y sol
como símbolos de tranquilidad.
Es cierto, la vida no es fácil, la nostalgia menos. Es
cómodo respirar en estos parajes, caminar sin rumbo, dormir las horas que
desees.- difícil es dejar atrás todo esto.-, lo que muchos consideran la vida
sencilla, tranquila, los que emigran en busca de enfrentar sus sueños, sus
retos y dan pasos para adelante mirando de vez en cuando atrás.- Pese a quien
le pese, esto es verdaderamente hermoso, sencillo, sueño, paz y da miedo en
dejarlo olvidado por unos logros alcanzados. Pocos se atreven en volver y
disfrutarlos.- Valiente no es el que no teme, sino el que se enfrenta a lo que
teme, atreviéndose a vivir la vida.
Aquí estoy, entre sus aguas que me hacen sentir parte del
mismo, recordando la niñez, los grandes momentos de mi vida, mi temor en dar el
primer beso, al vivir sin saber a dónde me iría. A tener miedo a lo que la vida
vale y significa vivirla y que por ese hecho vale la pena vivirla. Camine por
los alrededores del pueblo, tomando los caminos que recorrí en bicicleta, en
burro a caballo, arriando vacas.- Parecían estar esperándome.
Camine sin preocupaciones, sin prisas por llegar algún destino,
¿Si, seré juzgado o envidiado? Quería correr por un sendero y lo hice, volar
desde un cerro y no pude “Termine raspado de las sentaderas ante el olvido de
este oficio”. Le agradecí a la vida y a la naturaleza esta manera en admitirme,
sonreírme, dejarme respirar su ambiente, su vida llena de todo. El tiempo se
detiene a cada pasó me paro y admiro el paisaje, respiro el tiempo, detengo la
vida el silencio, el aire fresco, y floto. Es vivir, amar, estar despierto, ser
consciente, estar vivo, seguir apasionado como cuando era niño con mis sueños,
lo que deseaba lo que tengo y hasta de lo que no tengo me olvido.
Vivir un instante en esta forma es no haberte perdido de
nada en esta vida, de estos momentos fascinantes de encuentro contigo mismo y
la naturaleza que te dio vida.- Ves aves volar, te acercas, vuelan, te quedas
nuevamente inmóvil con la esperanza en no espantarlas, eso es lo que disfrutas,
sabes que puedes quedarte con los ojos cerrados y el canto de los pájaros te
deleitara, no estás solo, están contigo.- Los disfrutas.-Si supiera que este
día seria el ultimo de mi vida, decidiría pasarlo entre las aguas de este rio
para que me contentaran diciéndome que valió la pena vivir, que no cabe duda.-
Esto es vivir.
La Historia da inicio.- Salí a estudiar la Secundaria de un
pueblo donde la gente se deja querer y es difícil entenderla si no te
zambulles. Plagado en magia, realidad insospechada con dichos “Nadie
experimenta en cabeza ajena, sino con el corazón”. La vida es justa con sus
moradores, larga y corta para unos. Gustan en visitarse de casa en casa y
platicar. A veces hay que estar de acuerdo no obstante no lo estés, se comparte
el pasado y se vive el presente, comunicas los secretos o ya los saben. Gente
alegre, útil cuyo dicho es “Veneno que no mata, hace fuerte”
Un pueblo en el que jamás es tarde para volver a ser niño
“Depende de usted”. Allí se puede perseguir la vida hasta alcanzarla y no se
espera a ser viejo para vivir.- Hay tiempo para todo.- Su gente no está
dispuesta a cambiar, sabe que nadie lo hace, solo viven la vida y aprovechan el
día. Si llega a viejo, es una bendición de Dios, si muere joven “Lo ocupaban en
el cielo”. Encuentras todo lo que se necesita para ser feliz.
Salir a estudiar: Es aquello que se produce en el traslado a
una ciudad por un tiempo suficiente que consigue incluso; quedarse a vivir y
desarrollar en la misma su vida futura. Los estudiantes van en la búsqueda de
una vida diferente a sabiendas de que no es fácil lograrlo, una nueva forma en
el vivir. Esto se da, a que el pueblo no reúne las condiciones que se requieren
y por ello frecuentemente abandonan el lugar donde nacieron, viven sus padres y
familiares más cercanos “Van en busca de un porvenir incierto” Una vida
precaria, insegura y problemática.
Cuando el joven se aleja, cambia por completo su modus
vital, termina en modifica su totalidad, en su lenguaje, comportamiento
familiar, relaciones sociales, culturales, expectativas, condición en
sobrevivencia, riesgos, pérdidas. Es en sí, un corte de tajo borrado sin saber
hacia dónde lo empuja el rumbo desconocido al que se enfrenta.
Ir a estudiar (Sobrevivir a la delincuencia etc...), ninguno
abandona su lugar por gusto, siempre existe un apremio que lo precipita, que
los hace dejar atrás lo que es para ir en busca de lo que desconoce. Los
jóvenes dejan lo sabido y se disponen afrontar sin recursos lo desconocido. Una
ciudad que se los puede comer vivos. Esta situación hace que el joven cuando
llega a la ciudad se sienta “Aislado, solitario, sin ayuda” Y le duele la separación
de lo que amaba, lo que dejo atrás. Tiene que enfrentarse a una nueva realidad
para la cual en la mayoría de las ocasiones “No” está preparado.
La separación causa un vacio que duele (amigos, madre,
padre, hermanos) y busca regresar lo más pronto posible, pero solo puede
hacerlo en vacaciones. El precio que se paga es muy alto, poco a poco se va
perdiendo la originalidad. Al regresar los amigos lo señalaran por hablar
diferente, “Ellos” se lo hacen saber.- Llega a pensar que ya no es el mismo,
que está regresando falto de ese algo que perdió en el camino. La ciudad le
desprende de muchas cosas, las cuales quedan guardadas como marcas en el alma
(Jamás se borraran), esos fantasmas que salen cuando menos lo espera (Relación
con amigos de la infancia, encuentros, goces). Todo se lo lleva el carajo.
El daño se presenta cuando vive en la mayor necesidad, en
una situación que se vuelve insostenible, esa que deja mucho que desear y
apenas sobrevive. El lucha por construirse un futuro saludable a costa de lo que
sea. El mayor coraje se siente al termina la carrera y se da cuenta que no hay
nada para él. Va a estudiar y, deja atrás a la joven que ama, a la madre
cariñosa, al padre que vigila, el que se hace respetar. Se encuentra desvalido
y las personas lo agreden ó piensan tienen derecho a maltratarlo a que se le
haga sentir que no es nadie y, que a ninguno le importa.
Desea ser bien tratado a cambio recibe.- Mal trato, por la
posición en la que lo ven.- Adora regresar al pueblo, ¿Por qué? allá se le
trato muy bien, no sufría, su madre hacia la comida, solo se sentaba a la mesa
a esperar a que estuviera caliente y fuera buena. Saliendo del hogar, se da
cuenta que nadie le presta atención en lo que le pasa, si vive o muere de
hambre. En las relaciones con nuevas amistades encuentra que son convenencieras
“Si lo ocupan le hablan, Si no, ni se acuerdan en que existe” Son muchos los
que salen a estudiar en estas circunstancias y buscan integrarse a una sociedad
desconocida, a costumbres ajenas, al dolor de la separación familiar.- Afecta,
se pierde el goce por la vida. Va a todas partes y a ninguna, la realidad le
pega en la frente y se vuelve delirante, anhelante.
Quiere un camino y la vida se lo niega, piensa que las cosas
requieren valentía para enfrentarlas “Que otros lo han hecho” Lograrlo
significa sentirse orgulloso ante sus padres, amigos.- No lograrlo es regresar
sintiéndose culpable por siempre.- Vivir/Morir/Regresar.- Sus padres desean que
vuelva hecho una persona suficiente ante la vida.- Los años enseñan que la
ideología no da de comer.- Las posibilidades son pocas y hay que andar buscando
el sentido de las cosas.- No para encontrarlo, sino para entretenerte, saber
que existe, guardarlo y, seguir imaginando los sueños.
Cierto día una mujer bella y una fea se encontraron a
orillas del mar. Y se dijeron” bañémonos en el mar", entonces se
desvistieron y nadaron en las aguas; un rato después la chica fea regresó a la playa y se vistió con las ropas
de la Bella, y se marchó. La bella
también salió del mar, pero no halló su ropa ya que la fea le había ganado, y
para no salir desnuda, se vistió con la ropa de la Fea. La Bella siguió su
camino. Y hasta hoy día hombres y mujeres confunden la una con la otra. Sin
embargo, algunos hay que contemplan el rostro de la bella y saben que no lleva
sus vestiduras.
Erase una vez dos perros: perro bueno y perro malo. Perro
bueno era bueno pero perro malo no era bueno, sin embargo la gente sentía más
simpatía por perro malo. Si perro malo hacía algo bueno sus dueños enseguida le
regalaban caricias. Por el contrario si perro bueno hacía alguna vez algo malo,
era severamente castigado. Perro bueno, como era bueno, siguió siendo bueno y
murió creyendo que algún día alguien se daría cuenta y se lo agradecería.
Llegué al puerto
olvidado, invadido por un olor a descomposición, a pescado, a conchas, y a
pena. Estaba infestado por oxidados barcos de grandes anclas aferradas en el
fondo del mar; anclas que hace tiempo no ven la superficie, barcos que no
recuerdan ya su recorrido porque el hombre los ha abandonado. Pequeñas canoas
de madera yacían aglomeradas a lo largo de la playa. El grito de los vendedores
del mercado, el llanto de los niños, el ruido de los viejos camiones invadía el
lugar y saturaban el aire casi imposible de respirar.
El calor, la humedad
y mi sudor adherían las prendas a mi cuerpo. Ahí estaba un pordiosero, se quedó
dormido entre el ruido de la calle y la necesidad de abandonarse al sueño. Se
sentó en un rincón, en un hueco, entre cajas que ya eran inútiles para nadie.
Dormir le suponía ser alguien, despojarse de la realidad y viajar en medio de
la nada. Las cajas de cartón le parecían hermosas estructuras y el suelo tan
acogedor como una cama. Está seguro de que nadie se daría cuenta, y en esta
sencillez de caja y suelo...se quedó dormido.
Hubo un tiempo,
lejano y hermoso, en el que los árboles hablaban un lenguaje que todos
entendíamos y disfrutábamos; el viento era su aliado para expresar palabras
hermosas. Los árboles, al reírse, movían sus copas produciendo un inmenso
placer al verlos, los montes recogían estos retumbes y todo el bosque sonaba a
Naturaleza hablada, con lenguaje principal, verde o multicolor. Los más viejos
hablaban de los tiempos en los que la palabra les fue dada. Los retoños crecían
entre las hojas secas del otoño y las nuevas de la primavera. Sauces llorones,
que no dejaban de derramar sus palabras pesimistas. El pino de montaña, siempre
enfadado contra la constante lluvia y el guayabo, durmiendo casi todo el día
para que sus semillas sirvieran a los pájaros.
Los árboles de
venadillo se movían a ritmos continuados, ecos calientes y vibrantes. Aquellos
árboles dieron a la Tierra el don de la Palabra, el Sonido de las Esferas, el
sentir la vida. Muchas veces sentimos la sensación de ser pequeños, diminutos,
como gotas que se borran en el accidentado paisaje urbano de la Gran Ciudad.
Quizás esa sensación sea un valioso alivio para nuestra alma y nostalgia cuando
la vista se posa en las laderas actuales “desérticas”. Sentir un poco la
sensación de pertenecer a una especie tan insignificante da esperanzas a la
hora de tomar "el café de las palabras" nacidas desde su escondite...
para plasmarlas en el mundo de las verdades inventadas por nosotros mismos sin
saber exactamente por qué. Y es que es mejor no saber por qué inventamos el
vocabulario para luego destrozarlo y estar aquí, en donde la garantía de ser
algo se palpa en la fértil conciencia de nuestra existencia. Crear, poco a
poco, los sonidos, de un lento caminar, adobados con la sal y la pimienta de
este sentir que llamamos pausa.
Permanencia ¿en
dónde? Pausa en algunas de esas estaciones en que, diariamente, tomamos el
sentido de las dimensiones ocultas de nuestro doliente, entristecido, doloroso
interior, para salir a la superficie y plasmar sentimientos de presencia;
soltando relámpagos de inquietos sueños antes de aterrizar en la autopista de
todos los vagabundos.
No lo esperamos nunca
a una hora determinada... pero siempre aparece, inesperadamente, el mensaje de
la memoria que sale a la luz desde nuestros disfraces diarios. Y llega a tiempo
para obsequiarnos un espejo donde visualizar el espacio de nuestras ideas más
valientes; esas que tenemos que asumir para ver cumplido el adagio: "No es
valiente el que no tiene miedo, sino el que sabe conquistarlo". Y
pequeños, diminutos, como gotas que se borran en el accidentado paisaje urbano
de la Gran Ciudad, lo conquistamos a fuerza de palabras redentoras, discursos
huecos.
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