jueves, 27 de julio de 2023

 MIS NOSTALGIAS

RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI

AFLICCIÓN

Desde niño, nos preparan en ir a la Universidad. Sueñas el futuro, disfrutas la niñez y dejas que el tiempo te lleve por los caminos de Dios. En lo personal: Jamás di un paso sin huarache, no era mi estilo la precipitación, primero calculaba y le daba para adelante. Si, bien es cierto, las cosas que hacían los jóvenes me sacaban curiosidad por hacerlas en ese afán en desear adelantar los acontecimientos a los que estamos programados de acuerdo a la edad. No apetecía la prisa.- El criterio era “Cada cosa a su tiempo”, ya llegaría la experiencia y no precipitarse acabando equivocado.

El pueblo era pequeño, todos nos conocíamos, esto me llenaba de felicidad. Por las tardes siendo un niño me iba al igual que los jóvenes a la plazuela principal sentándome entre ellos para escuchar sus pláticas y aprender de su experiencia. Nos colocábamos frente a la Iglesia o por la calle principal donde ellos llevaban la voz cantante. Éramos amigos a pesar de la diferencia en años. Fue con ellos mediante sus pláticas donde principié a comprender asuntos relacionados con el amor.

Las tardes se volvieron agradables, plagadas en enseñanza.- Desde el que estaba enamorada de una chica y ella no lo sabía, hasta el romántico que llevaba serenata.- Buenos años.- Tuve claro que deseaba estudiar, no obstante sabía que no sería tarea fácil, pero el futuro lo tenía que conquistar a sangre y fuego.

Contaba con el gusano en que podía hacerlo y, esas ganas me llevarían a donde yo eligiera.- Tan cerca o lejos como las fuerzas lo permitieran. El destino me llamaba. Al llegar a la ciudad, me tope que no era como lo había considerado o lo esperaba, mucho ajetreo, multitudes, ruidos, carros, la gente traía mucha prisa, hablaba poco, no estaban cómodos con nadie. Deje a mi familia atrás, pueblo, los amigos, para enfrentar una vida dispareja, desafiante pero asumía el reto.

En la secundaria, todo indicaba que las cosas se iban mejorando, estaba encontrando lo buscado. Nada me desanimaba, solo la oscura noche servía de paño de lagrimas al momento en que dormía al extrañar la familia, los amigos con los que platicaba, los recuerdos.- Todo quedo atrás.- Solo el recuerdo de esos ojos tristes frente a un espejo aflorando en lagrimas por la nostalgia que sentía en verme alejado de mi tierra, mis burros, perros, caballo, gallinas.

Callé la voz de la conciencia que reclamaba arguyendo lo dejado. No tenía muy claro si estaba en lo correcto pero la vida la miraba de otra manera cavilando que estudiando me haría feliz.- Abandone la casa paterna causante de mis mayores alegrías como si con ello cambiara las cosas para siempre.- El todo por la nada.- Alejado del aroma de la tierra, el perfume de su gente para alcanzar un sueño. Vino el cambio de niño a joven recordando las platicas en la plazuela donde aquellos jóvenes se encargaron en abrirme un poco los ojos. No puedo negar que al paso de los años veo esa vida junto a ellos pero con un horizonte diferente, más allá de sus pláticas.

La vida que elegí un tanto programada y medio desordenada a base de las decisiones tomadas por mis gustos, pasiones, se fue convirtiendo en esa sombra soñada que tiñe la mente de los jóvenes, de los que no se dedican a disfrutar la vida y se encierran frente a los retos que le saben a desvelos y malas noches. La demanda juvenil era aplicar, enfrentar sin parar, hacerlo bien a la primera sin importar los daños colaterales en estrés, insomnio. Han pasado los años y no soy capaz en quemar los recuerdos que me toman desprevenido. Los que gritan que no se es nada sin un titulo. Los que destrozar los nervios estudiando para conseguirlo. La vida se nos va como gotas de agua entre los dedos.- Nos hacen creer que dependemos de un titulo para triunfar y, del dinero para ser feliz. Intentamos de todo por encontrar esa felicidad. Hacer de todo menos uno mismo.

Soñamos construyendo un mundo futuro.- En la primaria, la secundaria, y así se va diseñando sucesivamente hasta que despiertas y reniegas al darte cuenta que la vida se te fue, el tiempo se esfumo, te queda poco. Viene el inconformismo ante lo que se hizo o se dejo en hacer, deseas entender el transito anterior, sabes poco, mucho se olvido, estas harto en la rutina, la gente que frecuentabas se marcho y hasta las canciones que escuchabas se disiparon.

Rumias que el camino es una copa que relaja el alma, te das cuenta que lo haces a destiempo en esa prisa por construir y dejar en vivir. Revisas la idea y perjuras que sufriste en conseguirlo, que el amor era el mejor y, que los besos juveniles se fueron acortando. Miras a la pared y ahí está el titulo colgado en una esquina de la casa. La vida se encarga en enderezar las ideas retorcidas, las que queman el pecho juvenil. Al final terminamos por preguntarnos ¿Realmente era mi oportunidad? El cuerpo siente las yagas de la lucha por obtenerlo, no olvida, no perdona, se aprende y se pierde, todo es enseñanza: El amor juvenil, la amistad sincera.

La edad nos permite convencernos de que merecemos lo que hemos vivido y que las arrugas son sonrisas y amargos momentos que han quedado grabados en la piel como un recuerdo de ese amor compartido, sonrisas que regalamos a quienes quisieron recibirlas y se sintieron amados en un momento de nuestras vidas, bocas que mordimos y nos gustaron y que de vez en cuando recordamos. El destino ayuda a quien lo acepta y arrastra a quienes se resisten.

Podría ser cierto, que los años hacen que no valgamos igual en cuanto al cuerpo, pero valemos mucho más en cuanto al corazón. El corazón con los años ha aprendido dónde tiene que posar sus latidos y su voz sabe quien la escuchará cantar antes de quedarse dormido. La naturaleza ha ido depositando sobre nuestro cuerpo capas de bruma, velos de niebla, agua de lluvia para lavar el dolor y mitigar la nostalgia. Hay ilusiones, esperanzas, sueños,  sentimientos, ojos que siguen jugando con la luz de una mirada que busque ternura y se tornan más grandes cuando lloran emocionados porque alguien los ha mirado con amor.

Ahora sé lo que quise aprender cuando creía que no podría llegar a saberlo “Un Te quiero, un beso, un desengaño, amor, soledad, dolor, tristeza ect”. ¡Sé amar y dejarme amar! no obstante me dijeran que era una ilusión. Sé escuchar lo que no se dice con palabras y ver lo que está oculto a quien tan sólo mira con los ojos. Puedo llegar al otro extremo del corazón de una persona como si estuviera en esta parte y, lo más difícil de todo, he olvidado, he desaprendido  lo que me sobraba, he dejado en el camino parte del equipaje que me plantaron encima asegurando que me sería indispensable para ser feliz. Ahora he sabido que era otra mentira. Ahora me cuento mis propias verdades y dejo los cuentos para quienes no saben mirar hacia adentro.

Veo lo que soy y siento que lo que veo me satisface. Así, que si ¡Estoy viejo, en edad, pero joven en el alma! Con el paso de los años, los amigos jóvenes se fueron y llegaron los viejos. Esta misma mañana vi la casa sola al asomarme a la vida comprendí que los hijos crecieron y también se fueron, solo una mujer fructifica y mi perro me acompañan.

Vi lo triste que se vuelve una casa cuando faltan sus risas, su gritos y desesperos. Se fueron como los años en silencio, como si la soledad fuera el único testigo. Ya no estaba su equipaje, en sus armarios, aprendieron a meter mucho amor en poco espacio para que les sea más fácil viajar alrededor del mundo que han elegido habitar. Su olor queda aún en sus camas, como una presencia y no seré yo quien ventile este corazón que necesita todavía seguir sintiendo el aroma joven y fresco de su fragancia. El eco de las voces, las risas quedo envuelto para el regreso deseado mientras Dios me permita vivir en la cordura. Ese tiempo que se presenta ahora diferente, lleno de lo que tan sólo soy y no de lo que soy y comparto que es mucho más, tanto que se hace inabarcable a mi pobre comprensión de estos momentos.

Las puertas del nido de mis Águilas, seguirán abiertas mostrando las luces donde han dormido estos últimos años. El desorden de su amor me gusta contemplarlo, no tengo necesidad de volcarme en una limpieza furiosa y fuera de lugar, es mejor dejar las cosas como están “casi siempre es mejor, dejar el cuarto como ellos lo dejaron” y esperar a que el polvo de la añoranza comience a asentarse y, entonces abrir las ventanas, dejar que el aire limpio traiga otra vez las ganas con los nietos, la ilusión, el recuerdo sin sombras y sus cuerpos a mi presencia.

 He sido feliz compartiendo la vida sencilla de una familia sincera, porque ya siento que el círculo de amor en el que me levanto cada mañana es verdadero y no producto de lo que está escrito en un papel. Mis hijos y yo “No” necesitamos recetas de convivencia familiar para saber por qué estamos unidos entre nosotros; sabemos sin que nadie nos lo haya explicado nunca y sentimos como si nos hubieran regalado la luz necesaria. Es difícil cuando los hijos se marchan, es complejo aprender en la añoranza.

Asimilar a no echar de menos su cuerpo, sus ojos, sus manos, cuando se van; aprender que la ausencia es inventada, que no existe, que el corazón es más fuerte, más sabio que las palabras y que por más distancia que exista están presentes. Que cada abrazo sirve para un día, cada beso para un despertar y cada caricia una sonrisa en madrugada; que la distancia la marcamos nosotros desde nuestro sentir, que estando cerca físicamente no llevamos garantía de amor sino que éste es el regalo inmenso que se entrega y se recibe y que viaja con las alas que crecieron dentro de un hogar. ¿Cuántos años alegres de disfrutes maravillosos? Cuanto sentir pleno de sus espíritus llenos de dicha, cuanto gozo compartido.

Entristece que se marchen y el silencio de la soledad es un son que hace sangrar el alma perdurando en nuestros oídos durante tiempo. Es de seres bien nacidos agradecer  lo recibido en vez de entristecerse creyendo que termina cuando sigue flotando por los aires nuestras águilas. Han volado los hijos, han llegado los años, mientras nosotros vamos cerrando los círculos ellos los van abriendo con sus magnificas alas, desplegadas en la inmensidad de la vida que abarca la juventud, llenas de proyectos, de fuerza, de ilusiones, de vida por vivir. Solo nos queda el pensar que nada les faltara.  Ahora ellos siguen siendo felices, yo debo aprender la lección y seguir siendo feliz aunque ya no esté junto a mí. Porque están dentro de mí y eso…no se acaba jamás.


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