MIS NOSTALGIAS
RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
AFLICCIÓN
Desde niño, nos preparan en ir a la Universidad. Sueñas el
futuro, disfrutas la niñez y dejas que el tiempo te lleve por los caminos de
Dios. En lo personal: Jamás di un paso sin huarache, no era mi estilo la
precipitación, primero calculaba y le daba para adelante. Si, bien es cierto,
las cosas que hacían los jóvenes me sacaban curiosidad por hacerlas en ese afán
en desear adelantar los acontecimientos a los que estamos programados de
acuerdo a la edad. No apetecía la prisa.- El criterio era “Cada cosa a su
tiempo”, ya llegaría la experiencia y no precipitarse acabando equivocado.
El pueblo era pequeño, todos nos conocíamos, esto me llenaba
de felicidad. Por las tardes siendo un niño me iba al igual que los jóvenes a
la plazuela principal sentándome entre ellos para escuchar sus pláticas y
aprender de su experiencia. Nos colocábamos frente a la Iglesia o por la calle
principal donde ellos llevaban la voz cantante. Éramos amigos a pesar de la
diferencia en años. Fue con ellos mediante sus pláticas donde principié a
comprender asuntos relacionados con el amor.
Las tardes se volvieron agradables, plagadas en enseñanza.-
Desde el que estaba enamorada de una chica y ella no lo sabía, hasta el
romántico que llevaba serenata.- Buenos años.- Tuve claro que deseaba estudiar,
no obstante sabía que no sería tarea fácil, pero el futuro lo tenía que
conquistar a sangre y fuego.
Contaba con el gusano en que podía hacerlo y, esas ganas me
llevarían a donde yo eligiera.- Tan cerca o lejos como las fuerzas lo
permitieran. El destino me llamaba. Al llegar a la ciudad, me tope que no era
como lo había considerado o lo esperaba, mucho ajetreo, multitudes, ruidos,
carros, la gente traía mucha prisa, hablaba poco, no estaban cómodos con nadie.
Deje a mi familia atrás, pueblo, los amigos, para enfrentar una vida dispareja,
desafiante pero asumía el reto.
En la secundaria, todo indicaba que las cosas se iban
mejorando, estaba encontrando lo buscado. Nada me desanimaba, solo la oscura
noche servía de paño de lagrimas al momento en que dormía al extrañar la
familia, los amigos con los que platicaba, los recuerdos.- Todo quedo atrás.-
Solo el recuerdo de esos ojos tristes frente a un espejo aflorando en lagrimas
por la nostalgia que sentía en verme alejado de mi tierra, mis burros, perros,
caballo, gallinas.
Callé la voz de la conciencia que reclamaba arguyendo lo
dejado. No tenía muy claro si estaba en lo correcto pero la vida la miraba de
otra manera cavilando que estudiando me haría feliz.- Abandone la casa paterna
causante de mis mayores alegrías como si con ello cambiara las cosas para
siempre.- El todo por la nada.- Alejado del aroma de la tierra, el perfume de
su gente para alcanzar un sueño. Vino el cambio de niño a joven recordando las
platicas en la plazuela donde aquellos jóvenes se encargaron en abrirme un poco
los ojos. No puedo negar que al paso de los años veo esa vida junto a ellos
pero con un horizonte diferente, más allá de sus pláticas.
La vida que elegí un tanto programada y medio desordenada a
base de las decisiones tomadas por mis gustos, pasiones, se fue convirtiendo en
esa sombra soñada que tiñe la mente de los jóvenes, de los que no se dedican a
disfrutar la vida y se encierran frente a los retos que le saben a desvelos y
malas noches. La demanda juvenil era aplicar, enfrentar sin parar, hacerlo bien
a la primera sin importar los daños colaterales en estrés, insomnio. Han pasado
los años y no soy capaz en quemar los recuerdos que me toman desprevenido. Los
que gritan que no se es nada sin un titulo. Los que destrozar los nervios
estudiando para conseguirlo. La vida se nos va como gotas de agua entre los
dedos.- Nos hacen creer que dependemos de un titulo para triunfar y, del dinero
para ser feliz. Intentamos de todo por encontrar esa felicidad. Hacer de todo
menos uno mismo.
Soñamos construyendo un mundo futuro.- En la primaria, la
secundaria, y así se va diseñando sucesivamente hasta que despiertas y reniegas
al darte cuenta que la vida se te fue, el tiempo se esfumo, te queda poco.
Viene el inconformismo ante lo que se hizo o se dejo en hacer, deseas entender
el transito anterior, sabes poco, mucho se olvido, estas harto en la rutina, la
gente que frecuentabas se marcho y hasta las canciones que escuchabas se
disiparon.
Rumias que el camino es una copa que relaja el alma, te das
cuenta que lo haces a destiempo en esa prisa por construir y dejar en vivir.
Revisas la idea y perjuras que sufriste en conseguirlo, que el amor era el
mejor y, que los besos juveniles se fueron acortando. Miras a la pared y ahí
está el titulo colgado en una esquina de la casa. La vida se encarga en
enderezar las ideas retorcidas, las que queman el pecho juvenil. Al final
terminamos por preguntarnos ¿Realmente era mi oportunidad? El cuerpo siente las
yagas de la lucha por obtenerlo, no olvida, no perdona, se aprende y se pierde,
todo es enseñanza: El amor juvenil, la amistad sincera.
La edad nos permite convencernos de que merecemos lo que
hemos vivido y que las arrugas son sonrisas y amargos momentos que han quedado
grabados en la piel como un recuerdo de ese amor compartido, sonrisas que
regalamos a quienes quisieron recibirlas y se sintieron amados en un momento de
nuestras vidas, bocas que mordimos y nos gustaron y que de vez en cuando
recordamos. El destino ayuda a quien lo acepta y arrastra a quienes se
resisten.
Podría ser cierto, que los años hacen que no valgamos igual
en cuanto al cuerpo, pero valemos mucho más en cuanto al corazón. El corazón
con los años ha aprendido dónde tiene que posar sus latidos y su voz sabe quien
la escuchará cantar antes de quedarse dormido. La naturaleza ha ido depositando
sobre nuestro cuerpo capas de bruma, velos de niebla, agua de lluvia para lavar
el dolor y mitigar la nostalgia. Hay ilusiones, esperanzas, sueños, sentimientos, ojos que siguen jugando con la
luz de una mirada que busque ternura y se tornan más grandes cuando lloran
emocionados porque alguien los ha mirado con amor.
Ahora sé lo que quise aprender cuando creía que no podría
llegar a saberlo “Un Te quiero, un beso, un desengaño, amor, soledad, dolor,
tristeza ect”. ¡Sé amar y dejarme amar! no obstante me dijeran que era una
ilusión. Sé escuchar lo que no se dice con palabras y ver lo que está oculto a
quien tan sólo mira con los ojos. Puedo llegar al otro extremo del corazón de
una persona como si estuviera en esta parte y, lo más difícil de todo, he
olvidado, he desaprendido lo que me
sobraba, he dejado en el camino parte del equipaje que me plantaron encima
asegurando que me sería indispensable para ser feliz. Ahora he sabido que era
otra mentira. Ahora me cuento mis propias verdades y dejo los cuentos para
quienes no saben mirar hacia adentro.
Veo lo que soy y siento que lo que veo me satisface. Así,
que si ¡Estoy viejo, en edad, pero joven en el alma! Con el paso de los años,
los amigos jóvenes se fueron y llegaron los viejos. Esta misma mañana vi la
casa sola al asomarme a la vida comprendí que los hijos crecieron y también se
fueron, solo una mujer fructifica y mi perro me acompañan.
Vi lo triste que se vuelve una casa cuando faltan sus risas,
su gritos y desesperos. Se fueron como los años en silencio, como si la soledad
fuera el único testigo. Ya no estaba su equipaje, en sus armarios, aprendieron
a meter mucho amor en poco espacio para que les sea más fácil viajar alrededor
del mundo que han elegido habitar. Su olor queda aún en sus camas, como una
presencia y no seré yo quien ventile este corazón que necesita todavía seguir
sintiendo el aroma joven y fresco de su fragancia. El eco de las voces, las
risas quedo envuelto para el regreso deseado mientras Dios me permita vivir en
la cordura. Ese tiempo que se presenta ahora diferente, lleno de lo que tan
sólo soy y no de lo que soy y comparto que es mucho más, tanto que se hace
inabarcable a mi pobre comprensión de estos momentos.
Las puertas del nido de mis Águilas, seguirán abiertas
mostrando las luces donde han dormido estos últimos años. El desorden de su
amor me gusta contemplarlo, no tengo necesidad de volcarme en una limpieza
furiosa y fuera de lugar, es mejor dejar las cosas como están “casi siempre es
mejor, dejar el cuarto como ellos lo dejaron” y esperar a que el polvo de la
añoranza comience a asentarse y, entonces abrir las ventanas, dejar que el aire
limpio traiga otra vez las ganas con los nietos, la ilusión, el recuerdo sin
sombras y sus cuerpos a mi presencia.
He sido feliz
compartiendo la vida sencilla de una familia sincera, porque ya siento que el
círculo de amor en el que me levanto cada mañana es verdadero y no producto de
lo que está escrito en un papel. Mis hijos y yo “No” necesitamos recetas de
convivencia familiar para saber por qué estamos unidos entre nosotros; sabemos
sin que nadie nos lo haya explicado nunca y sentimos como si nos hubieran
regalado la luz necesaria. Es difícil cuando los hijos se marchan, es complejo
aprender en la añoranza.
Asimilar a no echar de menos su cuerpo, sus ojos, sus manos,
cuando se van; aprender que la ausencia es inventada, que no existe, que el
corazón es más fuerte, más sabio que las palabras y que por más distancia que
exista están presentes. Que cada abrazo sirve para un día, cada beso para un
despertar y cada caricia una sonrisa en madrugada; que la distancia la marcamos
nosotros desde nuestro sentir, que estando cerca físicamente no llevamos
garantía de amor sino que éste es el regalo inmenso que se entrega y se recibe
y que viaja con las alas que crecieron dentro de un hogar. ¿Cuántos años
alegres de disfrutes maravillosos? Cuanto sentir pleno de sus espíritus llenos
de dicha, cuanto gozo compartido.
Entristece que se marchen y el silencio de la soledad es un
son que hace sangrar el alma perdurando en nuestros oídos durante tiempo. Es de
seres bien nacidos agradecer lo recibido
en vez de entristecerse creyendo que termina cuando sigue flotando por los
aires nuestras águilas. Han volado los hijos, han llegado los años, mientras
nosotros vamos cerrando los círculos ellos los van abriendo con sus magnificas
alas, desplegadas en la inmensidad de la vida que abarca la juventud, llenas de
proyectos, de fuerza, de ilusiones, de vida por vivir. Solo nos queda el pensar
que nada les faltara. Ahora ellos siguen
siendo felices, yo debo aprender la lección y seguir siendo feliz aunque ya no
esté junto a mí. Porque están dentro de mí y eso…no se acaba jamás.
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