jueves, 27 de julio de 2023

 

MELANCOLÍA

RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI

Un amigo me preguntó: ¿qué es para ti la melancolía? No supe contestar, ya que sólo sé vivirla. Hoy creo que melancolía es cerrar los ojos y soñar con esos instantes que no has vivido, pero que permanecen en tu memoria. Por ejemplo, a los grandes músicos le deben sobrar esas noches repletas de versos y canciones pero, a diferencia de otros, las pusieron por escrito. Todo el mundo tiene su colección de favoritos en esto de la música, pero creo que cuando despertamos no recordamos más que a unos pocos, sobre todo a la época en la que nos toco vivir la juventud y entre ellos recuerdo a Bob Dylan, Frank Zappa, Jim Morrison, Lep Zeppelín, Creedence Clearwater Revival, ¿coincide en alguno de ellos?, je, je, je “Ya está mayorcito como un servidor”.

A mí personalmente no me importa que quiera tomarlos de ejemplo, yo también lo haría. Me gusta salir por las noches, ahora que ha llegado el invierno, a pasear por el paseo costero. El paseo debe ser relajado, sin un propósito definido y, por lo general, durante un período de tiempo vago, sin una hora determinada para regresar. Paseamos por norma buscando encontrar algo dentro de nosotros mismos, cuando lo que propio sería dejar la mente en blanco y empaparnos de todas aquellas sensaciones, miradas, gestos y sonidos que vayamos encontrando. Yo suelo salir a pasear, como he dicho, por las noches.

Antes lo hacía en excelente compañía, pero esta decidió cambiar su rutina a las mañanas y ahora la extraño ya que la conversación con la otra persona me hacía más corto el trayecto aunque siga siendo el mismo, pero ahora lo hago sólo. Trato de llevar cachucha por eso de que en esta época siempre corre viento.  Los días de lluvia aparentan ser mejores porque desnudan la ciudad y la dejan limpia, permitiendo que el ojo descubra lo que normalmente permanece oculto bajo capas de maquillaje/polución. Las ciudades, si se las quiere bien, terminan siendo más fieles que las personas, y siempre terminamos reconociendo nuestro amor por alguna. Alguna ciudad, quiero decir. (Persona también, supongo) Soy un gran aficionado a tomar café caliente muy temprano y cuento con una cafetería preferida, donde más cómodo me siento. El “compartimento” del fondo a la izquierda (por aquello de que la  izquierda siempre ha despertado en mi un sentimiento compartido) (manías de uno) la silla tiene mi forma hecha. Algún día deberían acordarse de que yo solía parar por allí, aunque sea abaratándome el precio del café.

Una vez acomodado, abro los periódicos que encontré, y me dispongo a leer. Escribir es un trabajo como otro cualquiera, aunque no deje dinero. Para cruzar la calle, es necesario saltar algunos charcos haciendo uso del arte de los trapecistas rusos, que en ningún momento me ha enseñado nadie. Me mojo y seguiré mojado durante los dos o tres resfriados que me dura el invierno y mi terquedad en no vacunarme con la dosis de viejitos. Hay personas a las que cuesta no echar de menos, no recordarlas de vez en cuando.

Esta semana, casi entera en la cama por culpa de una gripe mal curada, comprendes que las personas que están más lejos son las que tienes más cerca, mientras que otras que tienes a tu lado se ven cada vez más lejos, desgraciadamente… – Deja y te lo platico: Resulta que dos amigos salieron hace un par de semanas atrás a un bar. Se sentaron y pidieron dos cervezas. Diagonal a ellos estaban sentadas tres chicas muy jóvenes y guapas. Ellas cantaban y brindaban conforme la música tocaba. Lucían blusas con escote entallado y pasaban de los 25 años de edad. En la segunda cerveza se acercaron supuestamente a hacer un brindis y una de ellas dijo “apunta mi celular”. Lo último que recuerda uno de los perjudicados, es que una de las chicas le dijo “deja ver tu dedo ¿Eres soltero?”.

No pasó ni media hora que se quedaron dormidos profundamente. Una testigo narró a la policía que los encargados del local, los sacaron a rastras y los dejaron sin pena ni gloria en la vereda. Ya las mujeres les  habían robado. Durmieron por espacio de tres horas hasta que apareció la policía y se los llevo. No recuerdan nada de lo que paso. Para colmo, en sus manos les dejaron un dibujo de una carita feliz. ¿Será que ya no podemos tocar a nadie? Los hombres somos muy confiados cuando vemos faldas y esta clase de delito esta a la orden del día.

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