HISTORIAS DE MI PUEBLO (UNO)
Ese “Yo” soy de San Ignacio nos
ha permitido fortalecer la idea de que mucha gente esta del mismo lado pasando
el puente del ese río. Nos hace sentir que somos una comunidad unida. Ese
pequeño ¡Soy! Es lo grande y significativo he incomprensible de gente que nos
pudimos haber conocido o conocimos o nuestros ancestros fueron amigos o
conocidos en esa tierra que los vio nacer. Es parte de una superioridad moral
que define la manera de implicarnos, relacionarnos y es lo que deberíamos hacer
por ese algo superficial que nos define en seres únicos nacidos en un rincón
del universo.
El darnos el saludo, la mano es
la esperanza que se puede vivir de manera diferente. Es un algo que guarda los
prejuicios para cambiar los puntos de vista y se da ese espacio para convivir
juntos haciendo más grande nuestro pueblo y sociedad. Todos estamos aquí y no
hay nada por inventar, ni tenemos nada que nos haga especiales al resto del
mundo, solo le pusimos ganas para saludarnos, conocernos y apoyarnos. En ese
espacio de convivencia se fortalece el espíritu al compartir tareas comunes.
Valorar a nuestros semejantes en su espacio, tiempo, trabajo, descanso
compartiendo auto críticas que impliquen el mejorarnos, en eso gira la grandeza
de nuestro pueblo, la personalidad de su gente muy acorde con los valores que
se defienden.
El ser humano parte de un “Yo,
soy de San Ignacio” en un lugar que conoce y con el aprendizaje, enseñanza y
experiencia lo vuelve diferente. El pueblo construye debido a que enmascara las
cosas que nos construyen y desarrollan para volvernos activos en nuestra propia
sedición. En ella tomamos los valores, las responsabilidades, las del lugar,
sus gentes de las que nos alejamos, o nos trasferimos concentrándola en la vida
común que asumiremos. El nacer en San Ignacio, nos dota de ciertas herramientas
para luchar, para sortear trampas.
La familia, los estudios,
experiencias nos llevan de la mano para aprender a salir mejor librados he ir
cada vez un poco más de ella. Nos vamos inventando de lo que tenemos para vernos
convertidos en especiales en lo que somos pero no tenemos nada más allá que el
resto, solo pusimos ciertos adornos que hace nos miren diferentes al resto. Las
neuronas permanecen atentas a las largas pláticas que tenemos con ellas y con
nuestros sentidos en ese intercambio con las personas que compartimos ese
espacio. A nuestros sentidos los paseamos por sus calles y montes para que nos
ayuden a resolver los conflictos cotidianos.
El nacido en San Ignacio, lleva la música por dentro, ella nos da trascendencia
de gustarla, dar deleite, armonía, equilibrio a los sentidos para que en esa
lucha interna seamos lo mejor en una simple platica o en un juego físico o de
palabras. Conforme vamos avanzando y nos identificamos con nosotros mismos, nos
vamos quitando de encima las etiquetas que sin duda nos mal aconsejan a que
planteemos lo que desconocemos y lo asumamos como verdad.
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