lunes, 24 de julio de 2023

 

HEPATITIS A, y B.

 RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI

Médico Veterinario Zootecnista FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 La hepatitis A es una enfermedad infecciosa aguda del hígado. El mecanismo de transmisión es fecal-oral. Las vías de transmisión son los alimentos, el agua. Es causada por un pequeño virus que contiene ARN, del grupo de los Picornavirus, el virus es similar en estructura a los enterovirus (Coxsackie y ECHO) Se observa una alta incidencia en México en áreas con poca higiene. Por el momento, la incidencia es esporádica, sin embargo, con la disminución del nivel de vida, la desventaja social, la incidencia puede aumentar rápidamente, convirtiéndose en una epidemia. El período máximo de incubación es de hasta 35 días.

 En la mayoría de los casos, la evolución de la hepatitis A es favorable, a diferencia de otras hepatitis virales, y rara vez provoca la muerte. Causa ausencia en el trabajo por tres a cuatro semanas de enfermedad. Dan molestias significativas, dolor abdominal, náuseas, vómitos repetidos, pérdida de apetito, astenia, ictericia. Son las mujeres embarazadas quienes tienen el mayor riesgo de contraerla, así como personas con hepatitis crónica B y C, especialmente con fibrosis y cirrosis del hígado. Existe una vacuna para ella. La vacunación doble con un intervalo de 6 a 12 meses garantiza la inmunidad a largo plazo, y se permite su uso a partir de 1 año de edad.

 La inmunización se recomienda especialmente para las personas con un mayor riesgo de infección, así como para las personas que pueden tener hepatitis A grave o las personas cuya exposición ocupacional a la hepatitis A puede provocar brotes. Éstas incluyen:

personas que viven en áreas con una alta incidencia de hepatitis A; personas que viajan a regiones con alta incidencia de hepatitis A, personas que atienden los brotes, o con riesgo de trabajo en hospitales y clínicas (Médico, enfermeras) Maestras de pres-escolar, personal de aseo y limpia, personas que trabajan en restaurantes, personas con enfermedad hepática crónica o con mayor riesgo; personas con hemofilia; con transfusiones de sangre múltiples; drogadictos; homosexuales; personas que llevan una vida promiscua.

 HEPATITIS B. - La hepatitis B es una infección hepática potencialmente mortal causada por el virus de la hepatitis B (VHB). Esta enfermedad es un importante problema de salud pública a nivel mundial. La infección puede volverse crónica con un alto riesgo de muerte por cirrosis y cáncer de hígado. El virus puede sobrevivir fuera del cuerpo humano durante al menos siete días. Durante este período de tiempo, el virus conserva la capacidad de causar infección si ingresa al cuerpo de una persona no vacunada.

 La duración del período de incubación de la hepatitis B oscila entre 30 y 180 días, con una media de 75 días. El virus se encuentra en la sangre durante 30 a 60 días después de la infección y puede persistir en el cuerpo, causando hepatitis B crónica, especialmente cuando se infecta en la infancia o la niñez. La probabilidad de desarrollar una infección crónica depende de la edad a la que una persona se infecta

 Los niños que se infectan con el virus de la hepatitis B antes de los seis años tienen más probabilidades de desarrollar una infección crónica. En lactantes infectados en el primer año de vida, se desarrolla infección crónica en 80 a 90% de los casos; en niños infectados antes de los seis años, la infección crónica se desarrolla en el 30-50% de los casos.

Adultos: La enfermedad conduce a cirrosis y/o cáncer de hígado.

 Se transmite más comúnmente de madre a hijo al nacer o por contacto con sangre contaminada, especialmente entre niños infectados y no infectados en los primeros cinco años de vida. Los bebés infectados por sus madres, o los niños infectados antes de los 5 años, muy a menudo desarrollan una infección crónica.

 También se transmite a través de piquetes con agujas infectadas, tatuajes, perforaciones en el cuerpo y el contacto con sangre y fluidos corporales infectados, como la saliva, los fluidos vaginales y menstruales y el semen. Puede transmitirse a través de procedimientos médicos, quirúrgicos, dentales, tatuajes y mediante el uso de hojas de afeitar y dispositivos similares contaminados con sangre infectada. Además, el virus de la hepatitis B puede transmitirse sexualmente, especialmente en personas no vacunadas que tienen múltiples parejas sexuales.

 La enfermedad dura varias semanas y luego, en la mayoría de los pacientes, desaparece gradualmente. Algunas personas pueden tener una forma más grave de enfermedad hepática, conocida como insuficiencia hepática fulminante, y pueden morir como resultado. La infección puede ser asintomática y pasar desapercibida.

 La infección crónica puede ser asintomática o estar asociada con una inflamación crónica del hígado que conduce a cirrosis durante varios años. Este tipo de infección aumenta dramáticamente la incidencia de Carcinoma hepatocelular La mayoría de los recién nacidos con infección por de hepatitis B son asintomáticos, pero se desarrolla una infección subclínica crónica. En raras ocasiones, los recién nacidos infectados desarrollan hepatitis B aguda, que suele ser leve.

 Desarrollan ictericia, letargo, falta de crecimiento rápido, hinchazón y heces terrosas. A veces se desarrollan infecciones graves con hepatomegalia, ascitis e hiperbilirrubinemia. En raras ocasiones, la enfermedad avanza a la velocidad del rayo e incluso con un desenlace fatal. La forma fulminante es más frecuente en recién nacidos cuyas madres son portadoras crónicas de hepatitis B. No existe un tratamiento específico para   la hepatitis B aguda. Por lo tanto, la atención médica se trata de mantener la comodidad física y el equilibrio nutricional adecuado, incluida la reposición de las pérdidas de líquidos causadas por los vómitos y la diarrea.

 Es muy importante evitar tratamientos médicos innecesarios. La hepatitis B crónica se puede tratar con medicamentos, incluidos los antivirales orales. El tratamiento puede retrasar la progresión de la cirrosis hepática, reducir el riesgo de desarrollar cáncer de hígado y mejorar las tasas de supervivencia a largo plazo de los pacientes. En la mayoría de los pacientes, el tratamiento farmacológico suprime eficazmente la replicación del virus, pero no cura por completo la hepatitis B. Por lo tanto, la mayoría de los pacientes que comienzan el tratamiento para la hepatitis B deben continuarlo durante toda su vida.

 Prevención: La vacunación es el método principal para prevenir la hepatitis B. Se recomienda vacunar a todos los recién nacidos contra la hepatitis B lo antes posible después del nacimiento, dentro de las primeras 24 horas de vida si es posible, seguido de dos o tres dosis de la vacuna con al menos cuatro semanas de diferencia para la vacunación completa. Un ciclo completo de vacunación genera anticuerpos protectores en más del 95 % de los bebés, niños y adultos jóvenes.

 La inmunidad adquirida a través de la vacunación dura al menos 20 años y probablemente de por vida. Una persona que ha recibido las tres dosis no necesitan refuerzo.  La vacuna tiene un excelente historial de seguridad y eficacia y ha reducido la proporción de niños menores de cinco años con infección crónica a poco menos del 1 % en 2019, mientras que en las décadas anteriores a la introducción de la vacuna (es decir, desde la década de 1980 hasta principios de la de 2000), esta cifra fue de alrededor del 5%.

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