CUENTO CORTO
RAMÓN
ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
¿Qué sucede? no entiendo, solo sentí un dolor fuerte en la
cabeza, mareos... y ahora estoy tan confundido. ¿Qué pasa? porque mi esposa
corre y llora.- Dicen que morí, pero no, estoy aquí pero ellos no me ven y no
puedo abrazarlos. OH ya veo, están trasladando a alguien en una carroza
fúnebre, soy yo mismo, que extraño. Veo a mi familia con gran dolor, todos
lloran, pero yo solo veo, ya no siento dolor ni tristeza, es como ser un
espectador. Pasan los días, mi familia regresa a casa sin mí, les dejo un gran
vacío.
Ya alguien ocupa mi puesto de trabajo, todo vuelve a ser
como antes, corren, atienden llamadas, hacen pagos, envían documentos, firman
documentos, atienden a las personas, les dan las mismas respuestas que yo daba,
en fin es como si nunca hubiese faltado yo, que bien, algunos compañeros se
acuerdan de mi a ratos y lamentan que ya no este. Sin embargo en mi familia, el
vacío persiste, mi esposa llora, está confundida, no sabe cómo hacer sin mí, mi
hijo pregunta: -¿Donde está papa? Y mi esposa le dice que en el Cielo, mi hija
mayor acaba de comprender dolorosamente lo que es la muerte, no deja de llorar,
no quiere ir a clases, no se puede concentrar, tampoco come.
Mi perro, mi querido y cariñoso pero se paro en la puerta y
de ahí no hay quien lo saque, come, bebe agua y regresa a su puesto de espera.
Pasa el tiempo, mi hijo cumple años y yo
no estoy, el se aferra a su mama, se ha vuelto tímido y retraído, no hay una
figura paterna para él, ya papa no esta...
Mi hija casi no
habla, a veces su mama la encuentra llorando, bajo mucho las notas y no muestra
interés por nada. Mi querida esposa, con toda la carga sobre sus hombros, la
responsabilidad de dos hijos pequeños, tiene que sonreír a los niños para darles
fortaleza.- Ya paso un año y todo sigue igual, en casa el vacío, la tristeza,
en la empresa donde trabajaba ya nadie me nombra y todo sigue igual sobre la
marcha.- ¿Saben que dijo el forense sobre la causa de mi muertes? Que morí por
stress, en mi cerebro reventó una vena por una subida de tensión que me dio,
cuando me llamaron de mi trabajo y me dijeron que de los clientes que debían
pagar ese día solo siete lo hicieron. Y todo acabo...
Y, la noticia nos cae como balde de agua helada en pleno
invierno, nos toma por sorpresa no encontramos otra forma en decirlo que “Mi,
sentido pésame” Para nadie es fácil resignarse a perder para siempre a un ser
amado, pero tenemos que ser fuertes y superar la enorme tristeza que nos
invade. Si la persona tiene un mal incurable pensamos que lo mejor es que dejen esta vida para no
seguir con más dolor. El alma se ha liberado de una fea enfermedad y la persona
deja de sufrir.
Sé que su fallecimiento nos da mucha pena y es normal,
porque la queremos demasiado, vivíamos juntos, lo vamos a extrañar, pero
tenemos que aprender a superar los momentos malos de la vida. La pérdida de un
familiar nos causa mucho dolor pues nos rehusamos a aceptarlo, sin embargo si
se tiene fe en Dios podremos vivir con la esperanza de que algún día nos
reuniremos todos nuevamente.
Los padres siempre
nos enseñan a vencer las dificultades, y
cuando se han ido, lo que debemos hacer es honrar su memoria recordándolos con
alegría, pues así, es como ellos quisieran que continuáramos en esta vida, una
buena forma de recordar a tu papá es
demostrando la fortaleza que él siempre te inculcó, sé que puede sonar
difícil tú podrás hacerlo como hay amigos que dejan un gran vacío en nuestros
corazones. Toma tiempo poder recuperarse, pero esa sensación de tristeza puedes
aplacarla recordando los mejores momentos que viviste al lado de tu mejor
amigo.
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