EDAD
RAMÓN
ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Veamos una relación de personas que hicieron un algo en
edades diferentes: Golda Meir ha sido Primer Ministra de Israel a los 71 años
de edad. William Pitt II ha sido Primer Ministro de Gran Bretaña a los 24 años
de edad. La primera obra de George Bernard Shaw ha sido producida cuando él
estaba con 94 años. La primera composición de Mozart ha sido publicada cuando
él estaba con 7 años. Benjamín Franklin era un columnista de diario a los 16
años y un autor de la Constitución de los Estados Unidos cuando estaba con 81
años. Usted nunca será muy joven o muy viejo si tiene talento.
A veces pensamos que somos muy jóvenes para preocuparnos por
vida espiritual y salvación. Es común que oigamos frases del tipo: “Cuando sea
viejo yo pensaré en la eternidad. “Ahora
necesito distraerme y aprovechar la vida, porque la juventud se pasa rápido”.
También ya oímos declaraciones como “el día de hoy estoy viejo” Ya nada puedo
hacer. Si no he sido capaz de pensar en mí juventud, ¿qué importa ahora qué
estoy en el fin de la vida?” En ambos los casos las personas están equivocadas.
No hay tiempo determinado para buscar la dicha. Lo mejor es hacerlo lo más
temprano posible para que el tiempo de alegría sea mayor. Pero se, por un
motivo cualquiera, perdemos la oportunidad de una vida bella en los primeros
años de nuestra vida, el mejor para hacer es disfrutar las bendiciones que la
familia nos profesan que tienen para nosotros y por el tiempo que nos queda
para vivir. Dios concedió, tanto a los jóvenes como a los de edad, el talento
para ser feliz. Cristo es nuestra dicha, nuestra razón de vivir, el camino
seguro para la realización de todos nuestros ideales. Siempre será tiempo
oportuno para que busquemos la realización de nuestros sueños y para que
encontremos la verdadera felicidad.
Melancolía: Es un instante de fuga presente que evade cruzar
los recuerdos como si fuera un rio con aguas embravecidas después de varias
tormentas. Es instante de cosas
presentes las cuales no atrevemos a tocar prefiriendo mantenerlas alejadas,
seguras para que no escapen por la boca y oído ajeno la escuche. Quisiera como
los pájaros remontar el vuelo cantando y sonriendo para llenar de aire fresco
los sentidos y en ese vuelo desde lo alto poder escuchar más allá de los
propios sentidos la imaginaria dicha placentera que produce la libertad. Poder
cruzar ríos, selvas acompañado de la imaginación situándome sobre la montaña
antes que verme en el fango de la arena cosquillosa que cala el pie aprisionado
y se convierte en polvo en época de secas. Estoy, aquí y ahora bajo el manto de
las estrellas de invierno bajo la brisa de un amanecer en un espacio donde
surgen las preguntas y son nulas sus respuestas, tal vez por poco tiempo tan
corto como dura ingerir un vaso de agua, la imagen en un espejo, el fondo de un
recuerdo. Un vaso de agua que atraviesa la garganta, baja por el esófago sin
saciar la sed, un aire helado que penetra los pulmones.
Surgen las preguntas caprichosas, regresan al ser para ser
rescatadas del rincón a veces agresivas arrancando desde lo profundo un
malestar, una ausencia con sabor a dolor en otras cariñosas ambas sin poder
quitarse de la cabeza. En un tiempo servían para curar las heridas, otras
empapan el alma de congoja, ambas caén arrulladas por sentimientos inexplicables,
unas claras otras oscuras en ese vaivén en sentimientos por los que transita la
vida la cual va y viene, escapa, y se deja atrapar irremediablemente para vivir
y compartir lo distinto entre seres. Una nostálgica queda atrapada dentro,
luego otra se despide, se va sin que sepamos para donde ni el porqué, en la
lectura que inicia como aventura entre el cruce de miradas, el viento
suspirante y su momento que no se sabe si estas o no estás siendo.
El vaso de agua en amor no es capaz en calmar una sed cuando
se sabe que estas en el desierto incierto de su relación, en su ritmo galopante
y desgastante. En ese ocaso de los años y sus repercusiones anteriores. Ya no
es fácil volar y atravesar el rio, ni volar sobre las montañas. En ese corto
espacio, decides no soltar la única rama que sostiene un inevitable arrastre
rio abajo. Ser joven es hermoso en plumaje podías detener el rio con las manos
alimentando la sed en cualquier ojo de agua sin temor a fracasar. La vida
siguió sobre las vías del tiempo sin que supieras para en donde te llevaba o
cuando pararía, mientras su pasajero se dedicaba a tejer sueños. Lo hacía no
con las manos sino con el corazón.
Dejabas que el tiempo hiciera su parte, especulando que
jamás llegaría el tiempo en que se cuestionara la misma pregunta que cuando
joven evadía, era selectiva, audaz, intrépida, sabia conquistar con una sola
mirada.- Los ojos se empezaron a secar, las decisiones a escasear, los momentos
en espacios muertos y su cuerpo empezó a gritar, no ser capaz en correr, en
caminar firme. El recuerdo, el vuelo y el poder añorado que la juventud
provee. Hoy escucha la respiración
interna de un alma que desea reencontrarse con la vida eterna, en su pasado y
presente apretando las manos para que el tiempo no se lleve los últimos años
como los abrazos de sus gentes que se fueron.
Es en ese instante cuando comprende lo que la vida se ha
encargado en darle, quitarle, la lucha ganada y perdida. Deja en ser y pasa a
ser parte del silencio del espacio, su horizonte que fue juzgando y
despareciendo entre lo que contenías y fue quedando. Volar sobre esos aires en
absoluta libertad dándose cuenta de lo que existe, lo que conoció, valió la
pena, el presente, estar en paz, alegre sintiendo lo que se le está dando para
ser sentido, y tratar de evitarlo, se estará resistiendo a lo que ya es,
dejando en ser. Eso que lo abraza todo para volver a ser la niña (o) que no
estaba en conflictos con lo que hoy está viviendo.
Esa resistencia a lo que ya se es, se fue, es en última
instancia lo que produce todo sufrimiento.
Y no tiene nada de malo. Si es lo que ya hay, vivámoslo, respetémoslo.
Es nuestro proceso. Para los jóvenes las veredas son de ida y vuelta, para
los adultos su camino no tiene vuelta. A
los ancianos les queda poco tiempo. Es cuando deseamos poder voltear la cara
hacia otro lado deseando escapar al destino.
No hay comentarios:
Publicar un comentario