PEREGRINO DE CONTRA ESTACA
RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI
Cada vez estoy más convencido
que Dios existe y las pruebas de su existencia se dejan sentir por toda la
tierra. Los científicos en principio tampoco estaban convencidos pero al verse
humillados ante el sin número de pruebas han tenido que admitirlo. Las pruebas
de las que hablo muchas veces no pueden ser medibles, registradas pero allí
están para quien logre entenderlas. Existen personas que son la reencarnación
de Dios y otras que no merecen ser mencionadas por el tipo de manifestaciones
que accionan en sus actos.
Unos merecen ser llamados
humanos y otros desean ser llamados de esta forma por supuestos dones que
poseen y caminan tranquilos engañando al prójimo. En los rincones más apartados
viven personas que esperan tranquilamente haciendo y viviendo en la manera que
les place porque ellos confían en Dios.
Otros pululan en las grandes urbes y lo son de
diferentes clases sociales cuya apariencia no denota un rasgo que los distinga
para ser considerados como humanos. Los pensamientos pequeños no alcanzan la
grandeza ni se acercan al ideal deseado cuya belleza espiritual y obras los
aproximen a ese camino. Acabar nuestras obras en la vida es el principio rector
sin que dejemos nada suelto o en obra negra y el alma es la obra inacabada que
Dios desea dejemos antes de partir. Las estrellas pululan en el cielo los
senderos que iluminan la oscuridad de vidas sombrías. A unos los hacen soñar,
sentir que pueden volar sin embargo esas estrellas se mantienen inalcanzables,
distantes tan lejos y tan cerca de los soñadores románticos.
Cada estrella, así como cada
persona es distinta y alumbra el camino de manera diferente entre las ideas y
lo que valoramos como felicidad o la meta que perseguimos. La vida trascurre
entre iluminación y oscuridad, en donde se puede ser bueno o malo. Mal portados
y rectificadores pero al fin de cuentas somos criaturas inacabadas, propensas
al miedo que anuncian su existencia deseándola llevarla más allá de las
estrellas. Todos concurrimos en gustos y disgustos, ese alguien que no es visto
y desea ser admirado, penetrar la memoria colectiva para que su semilla después
de muerto sea mencionada, pero la semilla en múltiples ocasiones se niega a
germinar ante la falta de virtudes y muere.
Otras semillas florecerán aun en
lo difícil de su vida y ellas sin pretender ser recordadas no morirán. Ese
designio de Dios tal vez nunca lo sabremos, sin embargo comprendemos que ser
uno en lo posible antes de darnos cuenta la luz de una estrella fugaz ilumina
nuestra alma para que mantenga encendido la flama del corazón. Grandes cosas
aun los seres humanos tenemos que aprender y conforme los años pasan, la luz se
acerca para que todos estemos allí y ver el final de nuestros días en medio de
nuestra oscuridad.
Esta historia inicia un 11 de
Diciembre del año 1600.- Hernando de Santarén llega al poblado de pueblo viejo acompañado del capitán
Gaspar de Tapia. De allí pasan a Contraestaca y en ese pequeño poblado minero
da la orden que ningún Indio deberá salir de la población y a quien no obedezca
se le darán 200 azotes. Hernando de Santarén sabía que en esas tierras
Tepehuanas Vivian indios que adoraban ídolos, por lo que le encargo al Capitán
que buscara en donde los tenían escondidos y los destruyera, además tomaron
unos cuantos indios a los que les dieron 6 azotes para que fueran a bajar a los
otros que se encontraban escondidos en la serranía.
Le llegó la noticia al Padre
Jesuita que un indio que se hacía llamar Pedro, sin estar bautizado había
tomado el nombre español y se dedicaba a engañar a los otros Indios. Santarén
llevaba consigo a un indio Tepehuano que ya había bautizado, casado con una
India Tepehuana y enseñado la doctrina católica de nombre Juan.
Este indio fue aprendiendo con
devoción las cosas de la santa fe católica y se mostraba muy amigable con los
españoles por ello el capitán lo aparto para darle instrucciones sobre lo que
tenía que hacer después de que los españoles se marcharan a continuar su
recorrido. Lo traían vestido con ropa española, corto el pelo y le dio un caballo
para que fuera por las cercanías a exhortar a otros indios para que aprendan la
doctrina, se bauticen y se casen, además los convenza para que se vayan a vivir
al pueblo de Contraestaca.
El capitán le pidió que dijera a
los indios que dejaran sus ídolos y si no lo hacía Juan le diría al capitán
cuales indios tienen ídolos para irlos a decomisar y quemar. Ubicó a Pedro el
indio quien tenía dos mujeres y su hermano otras dos en una ranchería cercana a
Santa Apolonia.
El capitán lo agarro y le dio
cinco azotes y le dijo que fuera a traer otros indios y les dijera que sino
venían iría por ellos y les daría mayor número de azotes. El Indio Pedro
apareció al otro día con varios indios acompañándolo. Luego el capitán junto al
indio Juan con el indio Miguel para que fueran juntos a traer indios con la
misma amenaza del azote a quien no obedezca. El padre Santarén al marcharse
deja encargado del control de los Indios a el Indio Juan, quien con los años
fue conocido por el Peregrino. Los familiares del Indio Juan continuaron la
tradición misma que se perdió aproximadamente por el año 1930, sin conocerse
quien fue el último de los descendientes de Juan que realizaba la labor
encomendada en 1600.
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