QUIERE A TU PERRO, COMO A TI MISMO
RAMÓN
ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Los perros aman a sus amigos y muerden a sus enemigos, casi
al contrario de las personas, quienes tienden a mezclar amor y odio. Sigmund
Freud.
Nuestra ideología antropocéntrica nos coloca en el mundo
como dueños y señores de todo cuanto nos rodea, un sistema de valores que ve a
los animales como simples objetos a nuestra disposición, pasando por alto la
evidencia de que nosotros también somos animales. Porque sí, tú que lees estás
primeras líneas, mujer u hombre, blanca o negro, creyente o ateo, tú también
eres un animal.
Como ya apuntó Gandhi el trato que reciben los animales en
una sociedad dada es un buen indicador de su madurez moral y de su desarrollo
ético. “¡Ah!…” –dirán algunos de los lectores– “pero un perro no es un ser
humano…” ¿Y qué? Lo verdaderamente esencial es que se trata de un ser sensible,
con sentimientos, y según los expertos en la materia con la inteligencia de un
niño de dos años. Además, la violencia es siempre violencia, y aquel que se
ensaña con el más débil es un ser despreciable. Doy por hecho que una persona
que es capaz de matar a un perro a golpes pegará a su mujer y a sus hijos e
insultará a sus vecinas en cualquier reyerta de encuentro. Quien no demuestra
empatía por la vida en ninguna de sus manifestaciones sin duda no la valora ni
la defiende. Pero la sociedad que está cambiando, y que por fortuna es hoy
mucho más sensible hacia el sufrimiento de los animales de lo que lo era hace
apenas diez años.
Muchos pensarán que para no maltratar a un animal es
suficiente con dejarlo arriba de un techo y hacerle una casita en donde duerma,
o con darles de comer de vez en cuando. Pero los animales, en particular los
llamados domésticos, son una responsabilidad y son el reflejo de la crueldad
que llevamos dentro. Los padres somos muy dados a regalar un perrito u otro
animalito para que el hijo se divierta y dejamos de pensar en lo irracional que
somos ya que el animalito termina mutilado o muerto a manos del hijo pequeño.
Cuando la perra tiene
hijos y no tenemos quien se quede con ellos, terminamos subiéndolos al carro y
los abandonamos en la primer carretera que este cerca de donde vivimos pensando
que total esos animalitos no razonan y nos son molestos en casa “ No entienden,
no sienten… son animales” Es triste la decadencia en la que cayó el ser humano,
las leyes que los protegen no dejan de ser solo leyes en papel bien redactadas
y terminan por ser advertencias sin que se llegue a ningún castigo con los
seres humanos que se pasan de crueles con ellos. Los perritos van a parar a los
lotes baldíos, basureros o están encerrados y encadenados sin agua, comida,
llenos de sarna, pulgas, garrapatas, sin asistencia alguna, los animales están
expuestos a toda especie de agresión y violencia, como envenenamientos, golpes
y muerte. “Los envenenan con vidrios en un pedazo de carne” o les ponen
raticidas. La ley sigue siendo la ley pero no hay quien la cumpla.
Las mascotas son adquiridas para que vivan con nosotros y
sin embargo podemos observar en muchas ocasiones la crueldad que sus dueños
hacen sobre ellas. La sola presencia de un perro, un gato, pericos, guacamayas
son capaces de espantar el silencio y soledad de la intimidad. Esos seres viven
con nosotros y c0omparten momentos importantes, su sola presencia nos cambia el
semblante.
Ellos están presentes a cada momento en la casa y no tratan
de juzgarnos sino que nos hacen que soltemos el sentimiento de compasión,
ternura. Los animales caseros son un reflejo de ese gran amor del que estamos
dotados los seres humanos y nos retrata de cuerpo entero lo viles que podemos
llegar a ser al darles un trato dañino. Para mí en lo personal que soy un
amante de los perros durante toda mi vida siempre he contado con uno en casa,
esa cercanía me da confianza, ternura, intimidad y en solo acariciarlo me
tranquiliza el espíritu al volverse mi inseparable compañero.
En las noches espera pacientemente a que me duerma y en el
mayor sigilo se sube a la cama para dormir a mis pies “Acurrucado, arrepechado”
inocente queriendo cuidarme mientras duermo. Lo importante es estar consientes
de lo grande que es su compañía, sus momentos de compartimiento, hasta en los
álbum familiar los tenemos retratados como algo estético, como parte de la
familia. “La razón por la cual los perros tienen tantos amigos es porque mueven
sus colas en lugar de sus lenguas”
Un perro es una anónima criatura que sufre cuando nos ve
sufrir, en la que a pesar de que lo tratemos mal nos sigue moviendo la cola y
se siente agradecido cuando le sobamos la cabeza, siempre fiel y atento a los
deseos de su dueño y nos mira con gran devoción demostrando su amor, su
lealtad, su camarería familiar que proyecta hacia lo que sentimos como sus
amigos indispensables un ser que nos conoce más de lo que podríamos asimilar,
que nos presiente y cuida, es un homenaje a la sencillez y la vida doméstica,
sin más pretensiones que hacer de ese día un episodio armonioso. La
familiaridad de compartir con nuestros animales los sentimientos nos hace
libres, nos relaja, nos ofrece placer lúdico.
Mayor placer se genera cuando lo tomamos entre los brazos
para acariciarlo viéndonos con una ternura que sería la envidia de un amante
despechado. Una inocente escena que se presenta a cada mañana con sus juegos
matutinos, que salta de alegría cuando nos levantamos, que comparte ese momento
maravilloso, en el que nos idealiza en su vida, en la intimidad de sus
sentimientos, un ser que nos conoce más de lo que podríamos asimilar, que nos
presiente y cuida.
Nadie te seguirá incondicionalmente a donde vayas y sin
saber a dónde te diriges, al perro no importa si eres rico o pobre, lindo o
feo, corajudo o pasivo, igualmente nunca te guardara rencor a pesar de que lo
trates mal, siempre se presentara con una cara de felicidad por el hecho en
solo verte, saber que llegas a casa, ni te pedirá que lo acaricies, “Sabrá
esperar lo hagas”, si te ve llorar se acercara preocupado, si enfermas no se
moverá de tu lado, se conformara con la comida que le des “Buena o mala” te
será fiel hasta la muerte, te hará reír, y no le importa el nombre que le
pongas solo con una mirada sabrá cuando lo quieres cerca, y el resto lo entenderás cuando este
animalito muera.
Cuando niños nos inculcan la sumisión y el reverenciar. Y
para una persona formada en forma íntegra, es una obediencia dura como el mismo
acto de morir. Es difícil la sumisión y reverenciar a los padres, conyugue, al
jefe de trabajo y mucho más todavía reverenciar a alguien que nos parece menos
que nosotros. A pesar de que haya sido mi error, es realmente difícil reconocer
mi error delante de otra persona.
Hay que entender que
cuando obedecemos a las instituciones y órdenes establecidas, independiente de
lo justo o no, los demás nos reconocen como alguien en lugar de despreciarnos,
ven la falta de carácter de ellos. En
realidad, aunque entendamos esto, igualmente es difícil pedir una disculpa, aún
después de haber pensado decir un “discúlpame” Todo esto es por nuestro complejo
de inferioridad y para poder enaltecer al otro hay más un problema que superar.
Es la conciencia de comparación.
Podríamos decir que tanto la conciencia de comparación como
el complejo de inferioridad provienen de una auto-imagen negativa. Porque uno
niega lo que “Es” y reniega lo que le concierne, se compara a sí mismo con
otros y; se arroga o se envilece.
Esta conciencia de
comparación destruye nuestra conciencia de espiritualidad. La conciencia de
comparación produce frustración y no nos permite aceptarnos tal como somos. Por
eso mismo, no nos deja reconocer al otro. “Soy un convencido de que el
reconocer los errores enaltece al ser humano. No tengo problema en pedir
disculpas y, si tengo que hacerlo mil veces, lo haría sin temor” Preguntémonos:
¿Soy un ejemplo de respeto en mi hogar en la forma en la que trato a las
personas a quienes más quiero? ¿Cómo me comporto durante los eventos? Si mi
hijo tiene un desacuerdo con un maestro, o amigo, ¿escucho ambas versiones de
la situación? ¿Muestro respeto por la propiedad de los demás y cuido también de
la mía? ¿Cómo les respondo a las personas con las que estoy en desacuerdo?
No trabajes para
destacarte en la vida, trabaja para que brille en tu corazón los que buscan un
ser humano. Tu sueño no morirá, tus planes no fallarán, tu destino no será
abortado, y el deseo de tu corazón será concedido en la tranquilidad del alma.
Al levantarte esta mañana, que tu vida sea limpia, calmada y clara, como el
agua fresca de la mañana, que debe brillar dentro de ti y que se debe avivar
cada día.
Dicen que Jesús fue invitado a casa de un fariseo para
comer. Observando el comportamiento de los comensales, apreció que procuraban
escoger los puestos principales, lo cual le dio pie para proponer una
enseñanza, que va más allá de lo que en principio parece. “Cuando seas
convidado por alguien a una boda”, no te pongas en el primer puesto, no sea que
haya sido convidado por él otro más distinguido que tú, y viniendo el que te
convidó a ti y a él, te diga: “Deja el sitio a éste”, y entonces vayas a ocupar
avergonzado el último puesto.
Al contrario, cuando seas convidado, vete a sentar en el
último puesto, de manera que, cuando venga el que te convidó, te diga: “Amigo,
sube más arriba.” Y esto será un honor para ti delante de todos los que estén
contigo a la mesa. En la vida todo aquel que se ensalce, será humillado; y el
que se humille, será ensalzado.
Más allá de lo que parece una mera norma de cortesía, o de
mostrarse humilde ante los demás, creo que se puede extraer de aquí una
enseñanza más profunda. Aquellos que se abalanzan sobre los mejores puestos,
son aquellos que se consideran importantes por lo que han hecho, y por tanto,
merecedores de un lugar preferente. En la vida, son aquellos que se creen muy
buenos y que se consideran hacen cosas
buenas, en base a sus propios méritos. En el fondo, sólo se ven a sí mismos, y
en la mayoría de las ocasiones son los que quieren hacer las cosas sólo donde y
cuando puedan ser aplaudidas por los demás. En definitiva, dicha actitud es la
actitud de los fariseos.
Los que se quedan en cambio en último lugar, son aquellos
que habiendo sido invitados, consideran incluso que no son merecedores de
compartir la mesa con los otros, en apariencia más importantes. No se atribuyen
nada a sí mismos. En la vida, son aquellos que saben que todo lo que poseen les
ha sido concedido gratuitamente, que no pueden esgrimir mérito alguno para
exigir un premio a cambio. El principio básico de comportamiento es no atribuirnos nada bueno a nosotros mismos,
pues todo lo que tenemos lo hemos recibido en préstamo, y no considerarnos
mejores que los demás, hagamos lo que hagamos, pues nuestras acciones por sí
solas, sin el amor al prójimo y a nosotros mismos, no valemos nada.
Siempre he visto como en las iglesias muchas personas
asisten con la finalidad en ser reconocidos como personas buenas, pero es poco
lo que hacen en su vida profana “No, hacen por su ser lo que deberían”
Cualquier templo debería servir para mejorarnos y no solo para sentirnos
cómodos pensando que cumplimos sino trabajar en lo más oscuro del corazón. La
actitud hipócrita no enaltece a ninguna persona del culto que practique si no
lo hace de todo corazón y lleno de fe, esperanza y caridad.
Los que han puesto en práctica el ojo por ojo y el diente
por diente, dicen que se siente rico, en ese sentido es posible que estén
enalteciendo su yo inferior, porque en sí, al estar rumiando un acto de
venganza, solo muestran las limitaciones de su espíritu, la venganza no
enaltece, sino que satisface el deseo nacido desde la ignorancia y a la vez provoca
mayor angustia al vengativo. No es malo vengarse una primera vez, debido a que
puede ser de utilidad por la experimentación que es lo que conlleva al
conocimiento, y si lo comprende entonces modificará sus deseos, lo triste es no
reflexionar lo suficiente el resultado de la acción vengativa y por ello no
comprender su consecuencia y reincidir, ya que producirá cada vez mayor
angustia en el vengador.
No sirve de nada guardar rencor, pero menos aún accionar en
detrimento de otro, por más que ese otro nos haya dañado, sabiendo perdonar el
camino se torna más ligero y agradable, la venganza es negativa para todos,
pero más aún para quien la ejecuta, la planea o desea porque lo anula, lo
limita y le saca valor, por eso es autodestructiva.
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