jueves, 27 de julio de 2023

 

QUIERE A TU PERRO, COMO A TI MISMO

RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI

Los perros aman a sus amigos y muerden a sus enemigos, casi al contrario de las personas, quienes tienden a mezclar amor y odio. Sigmund Freud.

Nuestra ideología antropocéntrica nos coloca en el mundo como dueños y señores de todo cuanto nos rodea, un sistema de valores que ve a los animales como simples objetos a nuestra disposición, pasando por alto la evidencia de que nosotros también somos animales. Porque sí, tú que lees estás primeras líneas, mujer u hombre, blanca o negro, creyente o ateo, tú también eres un animal.

Como ya apuntó Gandhi el trato que reciben los animales en una sociedad dada es un buen indicador de su madurez moral y de su desarrollo ético. “¡Ah!…” –dirán algunos de los lectores– “pero un perro no es un ser humano…” ¿Y qué? Lo verdaderamente esencial es que se trata de un ser sensible, con sentimientos, y según los expertos en la materia con la inteligencia de un niño de dos años. Además, la violencia es siempre violencia, y aquel que se ensaña con el más débil es un ser despreciable. Doy por hecho que una persona que es capaz de matar a un perro a golpes pegará a su mujer y a sus hijos e insultará a sus vecinas en cualquier reyerta de encuentro. Quien no demuestra empatía por la vida en ninguna de sus manifestaciones sin duda no la valora ni la defiende. Pero la sociedad que está cambiando, y que por fortuna es hoy mucho más sensible hacia el sufrimiento de los animales de lo que lo era hace apenas diez años.

Muchos pensarán que para no maltratar a un animal es suficiente con dejarlo arriba de un techo y hacerle una casita en donde duerma, o con darles de comer de vez en cuando. Pero los animales, en particular los llamados domésticos, son una responsabilidad y son el reflejo de la crueldad que llevamos dentro. Los padres somos muy dados a regalar un perrito u otro animalito para que el hijo se divierta y dejamos de pensar en lo irracional que somos ya que el animalito termina mutilado o muerto a manos del hijo pequeño.

 Cuando la perra tiene hijos y no tenemos quien se quede con ellos, terminamos subiéndolos al carro y los abandonamos en la primer carretera que este cerca de donde vivimos pensando que total esos animalitos no razonan y nos son molestos en casa “ No entienden, no sienten… son animales” Es triste la decadencia en la que cayó el ser humano, las leyes que los protegen no dejan de ser solo leyes en papel bien redactadas y terminan por ser advertencias sin que se llegue a ningún castigo con los seres humanos que se pasan de crueles con ellos. Los perritos van a parar a los lotes baldíos, basureros o están encerrados y encadenados sin agua, comida, llenos de sarna, pulgas, garrapatas, sin asistencia alguna, los animales están expuestos a toda especie de agresión y violencia, como envenenamientos, golpes y muerte. “Los envenenan con vidrios en un pedazo de carne” o les ponen raticidas. La ley sigue siendo la ley pero no hay quien la cumpla.

Las mascotas son adquiridas para que vivan con nosotros y sin embargo podemos observar en muchas ocasiones la crueldad que sus dueños hacen sobre ellas. La sola presencia de un perro, un gato, pericos, guacamayas son capaces de espantar el silencio y soledad de la intimidad. Esos seres viven con nosotros y c0omparten momentos importantes, su sola presencia nos cambia el semblante.

Ellos están presentes a cada momento en la casa y no tratan de juzgarnos sino que nos hacen que soltemos el sentimiento de compasión, ternura. Los animales caseros son un reflejo de ese gran amor del que estamos dotados los seres humanos y nos retrata de cuerpo entero lo viles que podemos llegar a ser al darles un trato dañino. Para mí en lo personal que soy un amante de los perros durante toda mi vida siempre he contado con uno en casa, esa cercanía me da confianza, ternura, intimidad y en solo acariciarlo me tranquiliza el espíritu al volverse mi inseparable compañero.

En las noches espera pacientemente a que me duerma y en el mayor sigilo se sube a la cama para dormir a mis pies “Acurrucado, arrepechado” inocente queriendo cuidarme mientras duermo. Lo importante es estar consientes de lo grande que es su compañía, sus momentos de compartimiento, hasta en los álbum familiar los tenemos retratados como algo estético, como parte de la familia. “La razón por la cual los perros tienen tantos amigos es porque mueven sus colas en lugar de sus lenguas” 

Un perro es una anónima criatura que sufre cuando nos ve sufrir, en la que a pesar de que lo tratemos mal nos sigue moviendo la cola y se siente agradecido cuando le sobamos la cabeza, siempre fiel y atento a los deseos de su dueño y nos mira con gran devoción demostrando su amor, su lealtad, su camarería familiar que proyecta hacia lo que sentimos como sus amigos indispensables un ser que nos conoce más de lo que podríamos asimilar, que nos presiente y cuida, es un homenaje a la sencillez y la vida doméstica, sin más pretensiones que hacer de ese día un episodio armonioso. La familiaridad de compartir con nuestros animales los sentimientos nos hace libres, nos relaja, nos ofrece placer lúdico.

Mayor placer se genera cuando lo tomamos entre los brazos para acariciarlo viéndonos con una ternura que sería la envidia de un amante despechado. Una inocente escena que se presenta a cada mañana con sus juegos matutinos, que salta de alegría cuando nos levantamos, que comparte ese momento maravilloso, en el que nos idealiza en su vida, en la intimidad de sus sentimientos, un ser que nos conoce más de lo que podríamos asimilar, que nos presiente y cuida.

Nadie te seguirá incondicionalmente a donde vayas y sin saber a dónde te diriges, al perro no importa si eres rico o pobre, lindo o feo, corajudo o pasivo, igualmente nunca te guardara rencor a pesar de que lo trates mal, siempre se presentara con una cara de felicidad por el hecho en solo verte, saber que llegas a casa, ni te pedirá que lo acaricies, “Sabrá esperar lo hagas”, si te ve llorar se acercara preocupado, si enfermas no se moverá de tu lado, se conformara con la comida que le des “Buena o mala” te será fiel hasta la muerte, te hará reír, y no le importa el nombre que le pongas solo con una mirada sabrá cuando lo quieres cerca,  y el resto lo entenderás cuando este animalito muera.

Cuando niños nos inculcan la sumisión y el reverenciar. Y para una persona formada en forma íntegra, es una obediencia dura como el mismo acto de morir. Es difícil la sumisión y reverenciar a los padres, conyugue, al jefe de trabajo y mucho más todavía reverenciar a alguien que nos parece menos que nosotros. A pesar de que haya sido mi error, es realmente difícil reconocer mi error delante de otra persona.

 Hay que entender que cuando obedecemos a las instituciones y órdenes establecidas, independiente de lo justo o no, los demás nos reconocen como alguien en lugar de despreciarnos, ven la falta de carácter de ellos.  En realidad, aunque entendamos esto, igualmente es difícil pedir una disculpa, aún después de haber pensado decir un “discúlpame” Todo esto es por nuestro complejo de inferioridad y para poder enaltecer al otro hay más un problema que superar. Es la conciencia de comparación.

Podríamos decir que tanto la conciencia de comparación como el complejo de inferioridad provienen de una auto-imagen negativa. Porque uno niega lo que “Es” y reniega lo que le concierne, se compara a sí mismo con otros y; se arroga o se envilece.

 Esta conciencia de comparación destruye nuestra conciencia de espiritualidad. La conciencia de comparación produce frustración y no nos permite aceptarnos tal como somos. Por eso mismo, no nos deja reconocer al otro. “Soy un convencido de que el reconocer los errores enaltece al ser humano. No tengo problema en pedir disculpas y, si tengo que hacerlo mil veces, lo haría sin temor” Preguntémonos: ¿Soy un ejemplo de respeto en mi hogar en la forma en la que trato a las personas a quienes más quiero? ¿Cómo me comporto durante los eventos? Si mi hijo tiene un desacuerdo con un maestro, o amigo, ¿escucho ambas versiones de la situación? ¿Muestro respeto por la propiedad de los demás y cuido también de la mía? ¿Cómo les respondo a las personas con las que estoy en desacuerdo?

 No trabajes para destacarte en la vida, trabaja para que brille en tu corazón los que buscan un ser humano. Tu sueño no morirá, tus planes no fallarán, tu destino no será abortado, y el deseo de tu corazón será concedido en la tranquilidad del alma. Al levantarte esta mañana, que tu vida sea limpia, calmada y clara, como el agua fresca de la mañana, que debe brillar dentro de ti y que se debe avivar cada día.

 Dicen que  Jesús fue invitado a casa de un fariseo para comer. Observando el comportamiento de los comensales, apreció que procuraban escoger los puestos principales, lo cual le dio pie para proponer una enseñanza, que va más allá de lo que en principio parece. “Cuando seas convidado por alguien a una boda”, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya sido convidado por él otro más distinguido que tú, y viniendo el que te convidó a ti y a él, te diga: “Deja el sitio a éste”, y entonces vayas a ocupar avergonzado el último puesto.

Al contrario, cuando seas convidado, vete a sentar en el último puesto, de manera que, cuando venga el que te convidó, te diga: “Amigo, sube más arriba.” Y esto será un honor para ti delante de todos los que estén contigo a la mesa. En la vida todo aquel que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.

Más allá de lo que parece una mera norma de cortesía, o de mostrarse humilde ante los demás, creo que se puede extraer de aquí una enseñanza más profunda. Aquellos que se abalanzan sobre los mejores puestos, son aquellos que se consideran importantes por lo que han hecho, y por tanto, merecedores de un lugar preferente. En la vida, son aquellos que se creen muy buenos y que se consideran hacen  cosas buenas, en base a sus propios méritos. En el fondo, sólo se ven a sí mismos, y en la mayoría de las ocasiones son los que quieren hacer las cosas sólo donde y cuando puedan ser aplaudidas por los demás. En definitiva, dicha actitud es la actitud de los fariseos.

Los que se quedan en cambio en último lugar, son aquellos que habiendo sido invitados, consideran incluso que no son merecedores de compartir la mesa con los otros, en apariencia más importantes. No se atribuyen nada a sí mismos. En la vida, son aquellos que saben que todo lo que poseen les ha sido concedido gratuitamente, que no pueden esgrimir mérito alguno para exigir un premio a cambio. El principio básico de comportamiento es  no atribuirnos nada bueno a nosotros mismos, pues todo lo que tenemos lo hemos recibido en préstamo, y no considerarnos mejores que los demás, hagamos lo que hagamos, pues nuestras acciones por sí solas, sin el amor al prójimo y a nosotros mismos, no valemos nada.

Siempre he visto como en las iglesias muchas personas asisten con la finalidad en ser reconocidos como personas buenas, pero es poco lo que hacen en su vida profana “No, hacen por su ser lo que deberían” Cualquier templo debería servir para mejorarnos y no solo para sentirnos cómodos pensando que cumplimos sino trabajar en lo más oscuro del corazón. La actitud hipócrita no enaltece a ninguna persona del culto que practique si no lo hace de todo corazón y lleno de fe, esperanza y caridad.

Los que han puesto en práctica el ojo por ojo y el diente por diente, dicen que se siente rico, en ese sentido es posible que estén enalteciendo su yo inferior, porque en sí, al estar rumiando un acto de venganza, solo muestran las limitaciones de su espíritu, la venganza no enaltece, sino que satisface el deseo nacido desde la ignorancia y a la vez provoca mayor angustia al vengativo. No es malo vengarse una primera vez, debido a que puede ser de utilidad por la experimentación que es lo que conlleva al conocimiento, y si lo comprende entonces modificará sus deseos, lo triste es no reflexionar lo suficiente el resultado de la acción vengativa y por ello no comprender su consecuencia y reincidir, ya que producirá cada vez mayor angustia en el vengador.

No sirve de nada guardar rencor, pero menos aún accionar en detrimento de otro, por más que ese otro nos haya dañado, sabiendo perdonar el camino se torna más ligero y agradable, la venganza es negativa para todos, pero más aún para quien la ejecuta, la planea o desea porque lo anula, lo limita y le saca valor, por eso es autodestructiva.

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