MELANCOLÍA
RAMÓN
ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Un amigo me preguntó: ¿qué es para ti la melancolía? No supe
contestar, ya que sólo sé vivirla. Hoy creo que melancolía es cerrar los ojos y
soñar con esos instantes que no has vivido, pero que permanecen en tu memoria.
Por ejemplo, a los grandes músicos le deben sobrar esas noches repletas de
versos y canciones pero, a diferencia de otros, las pusieron por escrito. Todo
el mundo tiene su colección de favoritos en esto de la música, pero creo que
cuando despertamos no recordamos más que a unos pocos, sobre todo a la época en
la que nos toco vivir la juventud y entre ellos recuerdo a Bob Dylan, Frank
Zappa, Jim Morrison, Lep Zeppelín, Creedence Clearwater Revival, ¿coincide en
alguno de ellos?, je, je, je “Ya está mayorcito como un servidor”.
A mí personalmente no me importa que quiera tomarlos de
ejemplo, yo también lo haría. Me gusta salir por las noches, ahora que ha
llegado el invierno, a pasear por el paseo costero. El paseo debe ser relajado,
sin un propósito definido y, por lo general, durante un período de tiempo vago,
sin una hora determinada para regresar. Paseamos por norma buscando encontrar
algo dentro de nosotros mismos, cuando lo que propio sería dejar la mente en
blanco y empaparnos de todas aquellas sensaciones, miradas, gestos y sonidos
que vayamos encontrando. Yo suelo salir a pasear, como he dicho, por las noches.
Antes lo hacía en excelente compañía, pero esta decidió
cambiar su rutina a las mañanas y ahora la extraño ya que la conversación con
la otra persona me hacía más corto el trayecto aunque siga siendo el mismo,
pero ahora lo hago sólo. Trato de llevar cachucha por eso de que en esta época
siempre corre viento. Los días de lluvia
aparentan ser mejores porque desnudan la ciudad y la dejan limpia, permitiendo
que el ojo descubra lo que normalmente permanece oculto bajo capas de
maquillaje/polución. Las ciudades, si se las quiere bien, terminan siendo más
fieles que las personas, y siempre terminamos reconociendo nuestro amor por
alguna. Alguna ciudad, quiero decir. (Persona también, supongo) Soy un gran
aficionado a tomar café caliente muy temprano y cuento con una cafetería
preferida, donde más cómodo me siento. El “compartimento” del fondo a la
izquierda (por aquello de que la
izquierda siempre ha despertado en mi un sentimiento compartido) (manías
de uno) la silla tiene mi forma hecha. Algún día deberían acordarse de que yo
solía parar por allí, aunque sea abaratándome el precio del café.
Una vez acomodado, abro los periódicos que encontré, y me
dispongo a leer. Escribir es un trabajo como otro cualquiera, aunque no deje
dinero. Para cruzar la calle, es necesario saltar algunos charcos haciendo uso
del arte de los trapecistas rusos, que en ningún momento me ha enseñado nadie.
Me mojo y seguiré mojado durante los dos o tres resfriados que me dura el
invierno y mi terquedad en no vacunarme con la dosis de viejitos. Hay personas
a las que cuesta no echar de menos, no recordarlas de vez en cuando.
Esta semana, casi entera en la cama por culpa de una gripe
mal curada, comprendes que las personas que están más lejos son las que tienes
más cerca, mientras que otras que tienes a tu lado se ven cada vez más lejos,
desgraciadamente… – Deja y te lo platico: Resulta que dos amigos salieron hace
un par de semanas atrás a un bar. Se sentaron y pidieron dos cervezas. Diagonal
a ellos estaban sentadas tres chicas muy jóvenes y guapas. Ellas cantaban y
brindaban conforme la música tocaba. Lucían blusas con escote entallado y
pasaban de los 25 años de edad. En la segunda cerveza se acercaron
supuestamente a hacer un brindis y una de ellas dijo “apunta mi celular”. Lo
último que recuerda uno de los perjudicados, es que una de las chicas le dijo
“deja ver tu dedo ¿Eres soltero?”.
No pasó ni media hora que se quedaron dormidos
profundamente. Una testigo narró a la policía que los encargados del local, los
sacaron a rastras y los dejaron sin pena ni gloria en la vereda. Ya las mujeres
les habían robado. Durmieron por espacio
de tres horas hasta que apareció la policía y se los llevo. No recuerdan nada
de lo que paso. Para colmo, en sus manos les dejaron un dibujo de una carita feliz.
¿Será que ya no podemos tocar a nadie? Los hombres somos muy confiados cuando
vemos faldas y esta clase de delito esta a la orden del día.
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