domingo, 15 de junio de 2025

 

 ¿CINTARAZOS O SER AMABLE?

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Ex Director de “La escuela Normal del Pacifico” Ex Director General “Instituto Pedagógico Hispanoamericano.

Un niño se acongoja cuando escucha a su pare gritar que deje lo que está haciendo y atienda la orden. Inmediatamente en su memoria, reaparece muchos años tras cuando su padre le grito de igual forma. Esos recuerdos son los llamados que la mente nos envía para que los repasemos y no seamos tan severos con los hijos. De pronto estamos en los mismos zapatos de nuestros padres y el reclamo que nos prometimos en ser mejores padres. El niño llora y llega la orden ¡Vete a llorar a tu cuarto, allá quédate hasta que te calmes, me molesta verte llorando! ¡Eres un niño tonto, por eso te regaño, te dije que no lo hicieras y como si te hubiera dicho hazlo!

Estas y otras frases similares saltan de nuestra boca como si con ellas logramos el cambio de inmediato. Las pronunciamos automáticamente, sin pensar en daño que ocasionan, sin darle importancia a que estamos menospreciando al hijo que tanto amamos y estamos ignorando sus emociones. Tal parece que somos copia de lo que recibíamos y deseáramos la revancha herida en la mente y sentimientos dañados. Es difícil darnos cuenta de la importancia de los sentimientos propios y ajenos si nuestros padres no nos lo han enseñado ¿Cómo responder para no lastimarlos en sus sentimientos? Antes de gritarle ¡Deténgase y exhale aire!

En lugar de juzgar el comportamiento del niño, intente comprender cómo se siente en ese momento. Encuentra la razón. Hágale saber a su hijo lo que sucede y por qué lo está pensando para que el hijo comprenda esto es importante para usted. Trate de mirar la situación a través de los ojos de su hijo y sienta las emociones que han surgido en él. Esto creará un momento de conexión con él, que es increíblemente valioso para su relación. Enseñé a tu hijo a controlar las emociones. Ayude a su hijo a aprender a manejar sus emociones. Establece límites para él si la situación lo requiere.

Ejemplo: El padre está listo para salir de la casa. Pero el hijo llora en lugar de ponerse los zapatos. El padre, a pesar de que puede llegar tarde a la escuela, y le cierren la puerta, se sienta al lado de su hijo y le pregunta ¿Qué pasó, amigo? ¿Por qué estás molesto? ¡Odio estaos zapatos, me molestan al caminar! Mamá dijo que me compraría unos nuevos, ¡pero no lo hizo! el niño grita y se quita los zapatos. El padre piensa un momento y continúa ¿Estás enojado con tu mamá porque no tuvo tiempo de comprarte zapatos nuevos? ¡Quiero zapatos nuevos! dice el niño, pero más triste que caprichosamente. - Sé que estás molesto por los zapatos y que te han quedado pequeños.

Pero hoy por la tarde explica el padre en un tono tranquilizador. Iremos todos juntos a una pizzería y pasaremos por una zapatería de camino. ¿Tal vez sufrirás otro día con estos malos zapatos? El niño queda más tranquilo porque se siente comprendido y apoyado. “Muy bien, por favor recoge los zapatos que tiraste. Pongámonos de acuerdo en no tirar cosas cuando estemos enojados. En cambio, podemos hablar. ¿Así que? Adelante. - El niño asiente de nuevo y recoge sus zapatos. Corren a la escuela. El hijo vuela al edificio justo un minuto antes de la llamada. Pero el padre entiende que era imposible prescindir de esta conversación.

En esta situación, el padre usó las cuatro reglas. No ignoró los sentimientos de su hijo, encontró su causa (la ira por los zapatos fue provocada principalmente porque le molestan, ya le quedan chicos), el padre estableció un marco para el comportamiento, recordando la regla de la casa: no tirar cosas por enojo, ¿Cómo sabía el padre cómo comportarse correctamente? La profunda preocupación por cómo se comunica con su hijo y la falta de voluntad para repetir los mismos escenarios traumáticos de comunicación de su propia infancia lo llevaron a buscar otras formas. Y ahora aplica nuevas habilidades por el bien de su hijo todos los días.

De esta forma, también el padre trabaja con sus emociones, convirtiéndose el niño en una persona más madura. Además, hace otra cosa importante: no traslada a sus hijos el ambiente emocional en el que el creció. Cuando su hijo crezca y tenga sus propios hijos, esas mismas cuatro reglas se convertirán en una parte tan importante de su vida y de sus habilidades emocionales que naturalmente las transmitirá a sus hijos. Y así este conocimiento se transmitirá de generación en generación.

Así, el padre, trabajando en sí mismo en un esfuerzo por convertirse en un buen padre, no solo se cambió a sí mismo, sino que también cambió el futuro de su hijo. Gritar a los niños es tan ineficaz como pegarles. Los padres gritan por costumbre quitándole la alegría a los niños, fomentándoles el miedo.

Afortunadamente, muchos padres van entendiendo que las nalgadas, los golpes no solo son métodos ineficaces, sino también extremadamente dañinos y peligrosos para criar a los niños. Comúnmente se cree que, el castigo por mala conducta no es reemplazable por otras medidas disciplinarias. Unos padres no solo gritan, sino que azotan con furia a los hijos, los privan de privilegios sin explicarles por qué sus acciones están mal.

Los niños que son azotados pueden tener problemas para concentrarse en la escuela y en su vida más adelante, pueden ser agresivos y tener dificultad para socializar. Hay padres que no solo gritan sino golpean, son groseros con ellos. Es probable que la inversión a largo plazo que hacen los padres en pasar tiempo con sus hijos, mostrándoles que son amados y escucharlos, tenga un efecto más positivo que el castigo. Los niños a quienes los padres transmiten su punto de vista no con un cinturón, sino con palabras, se adaptan mejor a la vida en sociedad y siguen las reglas de comportamiento. Sin embargo, las emociones del padre, su tono y las palabras que usa juegan aquí un papel importante.

Es importante controlar el abuso con la boca, sugiere proporcionar a los niños reglas claramente estructuradas, estar abiertos a la comunicación y, si es necesario, privar a los niños de ciertos privilegios de acuerdo con su edad. El único objetivo es ayudar al niño a crecer. La humillación enseña lo negativo ¡Los castigos son inútiles! Hay padres que le gritan todos los dias a sus hijos a veces con motivos y otros sin ellos, siempre tienen una razón para gritar que están descontentos con su vida, y se les hace costumbre ¿Fueron deseados sus hijos? ¿Es capaz de vivir en alegría con sus hijos? ¿Por qué los tortura? Un hijo siempre es mejor que el del vecino, el nuestro es inteligente, astuto, y muchas razones ¿Imagine su vida y casa vacía, sin ellos?

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