¿SÉ QUIERE A TODOS LOS HIJOS POR IGUAL?
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Ex Director de “La escuela Normal del
Pacifico” Ex Director General “Instituto Pedagógico Hispanoamericano.
Es un tabú que pesa mucho sobre los hombros de muchos padres: el de preferir a uno de sus hijos sobre los demás. Pero no pueden hablar y utilizan los medios a su alcance para dar la sensación en que quieren a todos por igual. Cuando uno de ellos le cuestiona, los padres sienten vergüenza y rectifican dándoles los mismos privilegios. Es una cuestión de vinculo y apego puesto que incluye el idealizar a uno de ellos en detrimento de los otros “Es correcto, saca buenas notas en la escuela, se parece al padre o a la madre, es más cariñoso etc. Algunas de las justificaciones se dan, por ejemplo: el primero que llegó o dejan de amarlo tanto debido a que su arribo fue inesperado, demasiado pronto, no estaban casados, salió embarazada y se unieron por ese bebe a pesar de que no estaba contemplado en sus planes a futuro, o que el padre no quería tener hijos con ella.
La madre para protegerse de lo sucedido es posible que de nuevo se embarace en corto tiempo, y le da un sesgo de cuidados como si esta fuera su primera experiencia en tener un hijo, como si deseara aplicar el borrón y cuenta nueva, de su experiencia anterior, así que vuelve a parir ahora al segundo, y sus emociones, así como las de su pareja son diferentes. Ella y el padre en su mente se hacen a la idea que ahora si han descubierto la pureza del amor por ser deseado y planeado en un contexto de seguridad. Queda atrás el conflicto de un embarazo no deseado que pudo ser escandaloso y que fue blanco de comentarios negativos por ambas familias, y que en este momento regresa a la normalidad tradicional.
Al preguntarle a cualquier padre o madre de más de un hijo su contestación tranquilizadora de sus emociones es: “No, tengo preferencia por ninguno, a todos los quiero igual” Pero los hijos lo notan, sienten esas emociones y le preguntan a la madre ¿A quién quieres más? ¿Y, porque a mí me regañas más o cuando peleamos es a mí a quien regañas y exiges que respete a mi hermano, cuando es él quien inicio la discusión? Cuando es un parto en donde la mujer se queda soltera, ella buscara las fuerzas para decir que su hijo es lo que más ama en la vida y el sobreprotegerlo y cuidarlo será una cuestión de honor. La motivación puede ser que ella desea que el padre del niño vea en ella la madre tan buena que puede ser para el cuidado de los hijos y el hombre recapacite en que la está perdiendo.
Ninguna madre o padre aceptara que está mintiendo si les preguntan si tiene un hijo (a) favorito a pesar de que en su interior siente que tiene más cosas en común con uno de ellos, por ejemplo, ese hijo se parece mucho a su padre de quien ella está enamorada o rechaza al otro por los conflictos y disgustos que ese padre le género y argumenta que ahora lo odia. Son hijos que adquieren la llave para ser siempre escuchados o cerrarles la comunicación cuando acuden a solicitar ayuda o cariño. Esa preferencia de los padres por alguno de sus hijos les genera una gran presión psicológica porque saben que llevan sobre sus hombros ese tipo de emociones que no pueden controlar y reconocen que no está bien lo que hacen con el otro.
Muchas de estas preferencias están relacionadas con el embarazo, separaciones, pleitos de control familiar, cariño y apego de un hijo. Por eso la gran mayoría de los padres finge que “A todos los quiero igual” Y a manera de justificarse comparten y dividen su tiempo para escucharlos de la forma que los padres consideran es justa. Sucede igualmente cuando uno de los hermanos es enfermizo, débil, funciona en sus emociones de otra forma. Admitir preferencia por un hijo tiene que ver en la familia de ¿cómo amamos y cómo lo demostramos?, y se observa cuando no podemos tener la misma inversión emocional, tiempo, dinero, cariño, atención, escucharlo, para cada uno.
Es un vínculo de apego, que no debe confundirse con amor, es decir a todos se les ama, pero el apego de uno de ellos sobrepasa los límites de la emoción de uno de los padres y eso genera que se incline la balanza. El apego, genera la motivación emocional del afecto y ese afecto el prodigar cariño, caricias, cuidados, atenciones. La sociedad exclama que, si no amas al primero de tus hijos, no amaras al segundo. Las acusaciones de uno de los padres hacia el otro van y vienen por marcar diferencias en atenciones. Hay madres que desarrollan un fuerte vínculo con un hijo (a) tan fuerte que presta poca atención a los otros por no sentir esa conexión emocional. Tanto es así que llega a sentirse culpable por “pasar mucho más tiempo con su hija, o hablar a menudo de ella”.
Al paso de los años la historia puede dar un giro y cambiar por diversa circunstancias o causas y el hijo (a) preferida pasa a segundo término, es cuando la madre o el padre en su interior valoran que ese hijo no ha sido un buen hijo con él o ella, cayéndose la idealización que sostuvo durante muchos años. Fueron años de emociones en donde valoraba a la hija (o) perfecta (o), pero él o ella tuvieron que formar su propia familia y por sus compromisos lo dejaron fuera.
Puede ser que los padres valoren también los logros materiales o profesionales de sus hijos, y critiquen el hecho de que su preferido haya fallado en su educación arrastrando consigo el sueño de ese padre y causándole una decepción. Para los padres cuando tienen más de un hijo es difícil controlar férreamente el timón de la educación de todos y el reparto de amor, apego y castigo. Sin darse cuenta puede privar a uno y ser generoso con otro y desde allí brotan los conflictos mentales de esos niños que termina enfrentándose entre ellos. A mayor número de hijos, menor atención personalizada reciben.
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