PADRES, Y PROFESORES QUE
ABUSAN DEL NIÑO
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Ex Director de “La escuela Normal del
Pacifico” Ex Director General “Instituto Pedagógico Hispanoamericano.
Al niño o joven, no se le grita, ni se le humilla. No te afirmes a expensas de ellos. No abuses de tu poder de padre o madre. Cuando estés a punto de estallar, es mejor que le alejes por un rato para que se tranquilicen las cosas. Ingiere un poco de agua, respira hondo, piensa, sigue tus propias reacciones, aprende a controlarlas. Se trata de aprender a controlarnos constantemente. Y esta es una habilidad muy útil cuando tienen hijos. Los hijos son las alegrías de la vida, esas relaciones que nos dan armonía. Tranquilizarnos es la forma en que las acciones negativas mejoren antes de desbordarse. No que uno necesita es no perder la confianza de ellos en nosotros.
Todos tenemos esa tentación que nos gana y gritamos pronunciando que se lo advertimos 100 veces y no hace caso, que lo sigue haciendo, le explico, pero no entiende o lo hace adrede. Puede ser que estés equivocado por no escucharlo y el siga viendo su teléfono mientras te enojas y gritas. Cualquiera que sea la razón no debes gritar o amenazar, ese método esta investigado y no funciona. Recuerda en tu trabajo cuando el jefe grita todos los rechazan y desean que no les grite, que los trate como personas. Cuando el niño o el joven no entienda, lo sano es cambiar de estrategia, por lo que puedes invitarlo a caminar, para hablar con él tranquilamente, eso ayuda a ambos a concentrarse en la conversación, además de que es menos probable que se griten en la calle.
Se trata de hablar sin señalar culpables, conocer las razones ocultas de lo que piensa. El darle consejos es una técnica que se requiere habilidad para abordarla por principio se requiere una voz suave, uniforme sin subirla, ni usar desprecios o descalificaciones. La intensidad de las emociones es captada de inmediata y se pondrá en estado de alerta cerrando su entendimiento. Solo cuando se sienta seguro en que no ser agredido de forma verbal comenzara a abrirse para entender. Se explica lo que espera de él, las consecuencias de las de sus malas acciones.
La paciencia se alcanza cuando tenemos el espíritu calmado, dormimos bien, nos alimentamos adecuadamente, no consumimos drogas o alcohol, caminamos o hacemos deporte. A n niño se enseña hacer las cosas por ejemplo si tira algo, no guarda sus juguetes, se explica cómo le gustaría a usted que lo hiciera, enséñelo, no solo le ordene, háganlo juntos cuantas veces sea necesario hasta que él aprenda. La forma de no gritar, es conocernos a nosotros mismos y saber cuáles son las cosas que hacen pierda los estribos. Siempre tómese unos minutos antes de responder, debe respirar hondo y esperar.
Algunos padres, cuando su pequeño hijo no quiere escucharlos, sacan un títere y comienzan a jugar con el mismo, dando la orden y el niño escucha de inmediato debido a que el mono le llama la atención por ser agradable. Otros a los jóvenes, inician su advertencia manifestándole ¡Escucha por favor, estoy molesto, no quiero gritarte! Eso, es mantener la calma. Se puede llegar a un acuerdo mutuo de no gritarse, sino de exponer las causas de la molestia. – A nadie le gusta que le griten o lo descalifiquen. Los gritos solo deben ser utilizados en caso de peligro para alertar a una persona. Las cosas se piden “Por favor” ¡Todos cometemos errores!
Que debemos de corregir. Un niño no logra explicarse como su padre o madre tan cariñosa de repente se comporta como loca gritando. Hay muchas personas que consideran es bueno gritarles, darles nalgadas o golpes exigiéndoles respeto. Otras los humillan o los manipulan, esa es la forma en que la generación anterior creció, por eso se valora como normal. No se puede retroceder el tiempo, ni es verdad que crecimos normales, la prueba se ve en las calles, la sociedad en la que vivimos, los traumas, resentimientos, dudas sobre nosotros mimos, no aceptamos a los demás, destrozamos dignidades, honor, justicia, y complejos que arrastramos. ¡Nunca compares a tu hijo con otro tuyo, o ajeno!¡Dale un buen ejemplo!
Ayúdalo en sus aprendizajes otorgándole atención a sus preguntas y dudas. Motívalo para que sea responsable, comparte tu tiempo. Al niño que se le grita o golpea no comprende donde se equivocó, pero el dolor, la humillación y el miedo permanecen con ellos. Es la creencia de que, si los niños son elogiados con frecuencia, se volverán arrogantes, y negativamente estos padres les niegan sus logros señalándole sus deficiencias.
Reprochar a los padres por una mala o deficiente educación de un hijo que termino siendo delincuente no tiene sentido. La gran mayoría de los padres quieren lo mejor para sus hijos, pero no todos lo logran, no bastan sus consejos, enseñas, desvelos y preocupaciones. Lo que realmente vale es apoyarlos desde su tierna infancia para que vayan aprendiendo las lecciones buenas y cometan menos errores en su vida.
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