VIVIMOS INSATISFECHOS
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría
en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
En la vida, todos hemos experimentado la intensificación de nuestros deseos debido a nuestra incapacidad para satisfacerlos. Sentimos como si un precipicio nos bloqueara la voluntad, y cuanto más luchamos, más nos hundimos. Pero, ¿por qué nos cuesta tanto soltar? Quizás estamos tan acostumbrados a aferrarnos a demasiadas cosas para sentirnos seguros, olvidando nuestra propia insignificancia en el vasto universo. De hecho, estar sin deseo no significa estar inactivo; más bien, es la verdadera libertad y paz de actuar sin esperar nada a cambio. Piénsalo: ¿acaso esta fortaleza de estar sin deseo no reside precisamente en su ausencia, en lo que la hace inquebrantable? Las fiestas que vemos en las películas suelen ser glamurosas, con todos los asistentes extremadamente ricos, atractivos y exitosos.
Quienes publican en las redes sociales dan la impresión de que todo el mundo lleva una vida muy cómoda. Suben fotos preciosas, que parecen sacadas de un cuento de hadas, tienen colores aún más vibrantes y deslumbrantes que el paisaje real que se ve por la ventana.
Estas imágenes son omnipresentes en el cine, la televisión, el entretenimiento y la publicidad, e influyen y refuerzan constantemente las ideas que la mayoría de la gente ya tiene en mente, aunque solo piensen en ello ocasionalmente: la vida real se desarrolla en otros lugares; la vida de otras personas es real, emocionante, plena y fascinante, mientras que nuestras vidas ordinarias no son más que aburridas rutinas diarias. El observar todo eso nos va decepcionando de la vida que llevamos, nos va provocando inquietud y desasosiego, nos va quitando el sueño profundo y nos la pasamos dando vueltas en la cama.
La gente anhela diversas experiencias: cruceros de lujo, cenas exquisitas, relaciones románticas; autos, lujos, residencias, y esto no es raro, ya que son símbolos de la riqueza y la fama que nos han venido vendiendo en las últimas décadas. Las películas, el entretenimiento y la publicidad nos dicen que estos lugares y experiencias son reales. La gente imagina que, si pudieran estar en esos lugares y vivir esas experiencias, tal vez podrían escapar del papel de espectadores y convertirse en protagonistas.
Los anunciantes prometen con entusiasmo que tal transformación ocurrirá simplemente comprando sus productos o servicios o visitando sus tiendas. Esta es la promesa fundamental, aunque implícita, que subyace a toda la publicidad: Así es, parecen decir los anuncios, solo compra este producto y podrás transformarte de un don nadie en una celebridad. Esa vida real antes inalcanzable se vuelve instantáneamente a tu alcance.
La vida real se irá alejando poco a poco como un horizonte que se desvanece. Hay quienes pasan la vida buscando a la siguiente persona, el siguiente lugar o la siguiente experiencia, persiguiendo la promesa de una vida real, brillante e inalcanzable. Solo basta ver en una película o en un anuncio el nombre de un pueblo o una ciudad para que la persona desee ir allí. “Entusiasmo ciego” Hoy en día, cuando alguien vive en un lugar, como una comunidad determinada, si no se identifica con ella, es probable que se sienta muy triste. Su vacío interior irá creciendo hasta que ese sentimiento de vacío reemplace a toda la comunidad. Pero si ven su comunidad representada en una película, entonces tal vez puedan vivir como alguien que pertenece a ese lugar en lugar de alguien que pertenece a cualquier parte, y así, al menos por un tiempo, podrían integrarse a esa comunidad.
La gente parece creer que solo obtiene aprobación cuando algo familiar aparece en la gran pantalla. Parece que algo solo es real o valioso cuando posee ese valor extraordinario que anhelamos. A menudo no reconocemos la importancia de la calle donde vivimos hasta que aparece en la portada de un periódico nacional o se convierte en el escenario de una escena de una película famosa. “Insatisfacción” como producto de nuestra incapacidad para apreciar verdaderamente las cosas que valen la pena. “Caer en la trampa del miedo a perderse algo”
Esta constante sensación de insatisfacción también puede desencadenar el miedo a perderse algo, ansiedad social. Este miedo puede llegar a dominar gradualmente la vida de las personas, hasta el punto de que algunas viven bajo su control. Incapaces de controlar su pánico psicológico y temerosas de perderse las emocionantes vidas de los demás, se dedican a ir de un lugar a otro sin cesar, siguiendo tendencias a ciegas, cambiando de objetivos, participando en diversas actividades sociales y cambiando de amistades.
Anhelan experiencias auténticas, pero parecen incapaces de encontrar algo que realmente las satisfaga. La vida que nos satisfaga, o el amor de la pareja ideal no se encuentra en otro lugar, sino en la persona que tienes justo delante. Este principio se aplica no solo a las relaciones interpersonales, sino también a otros ámbitos. Por ejemplo, si prestas atención, descubrirás que la hermosa ciudad que buscabas está justo donde vives; la vida emocionante que anhelas es la que estás viviendo actualmente. Aunque tu vida no atraiga la atención de los medios publicitarios, no significa que carezca de sentido.
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