LA PRIMERA
BORRACHERA (CUATRO CERVEZAS)
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría
en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Cuando las personas se ahogan, culpan al mar; cuando no llegan a su destino, culpan al destino; cuando no pueden caminar por sí mismas, culpan a las piedras cuando tropiezan. La vida se vive con las propias fuerzas, y las cargas de los demás se llevan sobre los hombros. Si quieres triunfar en la vida, lucha hasta el último aliento. Si quieres encontrar la respuesta, primero es necesario comprender bien la pregunta. Si le temes al cambio, nunca podrás progresar. Acepta lo que no puedes cambiar y cambia lo que no puedes aceptar.
Una foto con mi rostro de joven sentado con cuatro de mis amigos de preparatoria en una mesa de cantina, fue la que me impacto, y me a llevado a este recuerdo. En ella pude observar mi verdadero rostro, oculto en lo más profundo. En la superficie, reía con alegría, provocando risa, pero en realidad, llevaba un corazón sombrío. ¿Qué puedo hacer? Solo podía aceptar en silencio el statu quo. Pero no le enseñé la foto a nadie. No quería que nadie viera la desolación tras mi risa, ni que los demás de repente desconfiaran de mí. Me preocupaba que ni siquiera se dieran cuenta de que ese era mi verdadero yo, que todavía lo vieran como una forma de humor recién inventada, una fuente de diversión.
El enfrentarme conmigo mismo, esto fue lo más doloroso y vergonzoso para mí. Así que inmediatamente escondí la foto en lo profundo de un cajón. A esa edad me mostraba nervioso, y como era de esperar ninguno de mis maestros me daban elogios, pero estaba seguro en que me convertiría en alguien a pesar de todos los errores que estaba cometiendo. Me dije “Nadie es profeta en su tierra” Originalmente en secundaria debía cumplir con las materias, pero deseaba ir a la escuela de danza, y jugar béisbol, pero mi padre me dijo que eso no daba de comer. Sin embargo, no lo obedecí ciegamente como se acostumbraba en mi época.
En tercero de secundaria ya estaba harto de la secundaria y deseaba urgentemente estar en la preparatoria, quería que las chicas me vieran diferente, y no como un mocoso. Un tercer grado en donde las hormonas se habían alterado, y no tenía ningún interés en hacer el ridículo ni en hacer reír a la gente. Deseaba vivir esa supuesta mejor vida del ser humano en donde todo es grandilocuente, donde hay pasión, orgullo, energía vibrante, deseos sexuales distorsionados. En la preparatoria me levantaba temprano para ir a correr, trabajaba en las mañanas en un taller mecánico, y por la tarde asistía a clases, y en la noche las clases de danza practicando 3 – 4 horas diarias seguidas de lunes a viernes.
A ninguno de estos lugares faltaba, era como si fuera un reloj suizo. En la noche cuando no podía dormir leía. Durante la escuela primaria, secundaria y preparatoria, nunca entendí lo que significaba amar la propia escuela, a sus maestros y nunca pensé en memorizar lo que me exigían. Con mis amigos aprendí sobre temas del consumo de cerveza, cigarrillos, las prostitutas, las casas de empeño y la ideología de izquierda. Aunque estas cosas juntas forman una extraña combinación, es cierto. Por primera vez fui arrastrado a una cantina de mala muerte con olor a orines.
No recuerdo que celebrábamos, pero si recuerdo que nos dábamos ánimo para salir con chicas, pero no enamorarnos de ellas, o al menos no demasiado. En ese ambiente desconocido para mí de la cantina, solo me sentía inquieto como si estuviera fuera del lugar. Una chica se encargaba de traernos las bebidas, y me ponía nervioso ya que a cada entrega de cervezas me abrazaba por la espalda con fuerza, y enseguida me aflojaba mientras yo la miraba con una sonrisa tímida nerviosa. Pero después de un par de cervezas, sentí una extraña y liberadora tranquilidad. Comencé a perder el respeto por las palabras que decía, me sentía eufórico dejando brotar mi naturaleza y pasión juvenil. ¡Que idiota!
Me dije, esta chica quiere que le demuestre mi pasión juvenil. Y por primera vez en mi vida, pude ver en mi persona lo que era un auténtico pícaro. Mi comportamiento había cambiado era muy diferente al mío normal, los asuntos que tanto cuidaba desde mi lenguaje y respeto por las damas y la vida era completamente ajeno a lo que defendía y cuidaba. El, inconscientemente, hacía sus travesuras en mi naturaleza patética de tal comportamiento por el consumo de 4 cervezas. Precisamente antes de consumirlas, yo era fundamentalmente diferente. Despues de la cruda quede avergonzado, me sentía muy mal.
Antes de esta visita a la cantina, siempre pensé que era una persona realmente buena, una joya excepcional, pero con las cervezas y el ambiente, bajé la guardia por completo, creyendo haber encontrado un guía estupendo para soltar mis pasiones sin miedo. Mi forma de ver la vida cambio por completo. Incluso recuerdo que a la hora de pagar la cuenta no me hizo sentir un poco incómodo, ni intimidado. Saqué mi cartera y me di el lujo de dar una buena propina a la mesera. Y, digo esto porque en aquellos años cuidaba en demasía el dinero que con tanto esfuerzo ganaba. Por ejemplo, evitaba subirme a un taxi, en muchas ocasiones evitaba subirme a un autobús para ahórrame el dinero, prefería ir caminando a casa, o usaba una bicicleta para ir a lugares lejanos.
Me gustaba todo lo que me resultara económico pero nutritivo, aseguraba que todas las bebidas alcohólicas eran como si uno estuviera orinando rápidamente el dinero. Esa tarde mis amigos y yo divagamos por completo los pensamientos, dejándonos llevar por nuestra supuesta pasión, o quizás pasión significaba ignorar las normas y reglas sociales, y hablar de lo que nos preocupaba y manteníamos en silencio dentro de nosotros. Esos jóvenes que nos hacíamos los tontos para superar las situaciones, y que por miedo intentábamos hacernos los graciosos, o ignorar lo que nos decían, o simplemente hacer una broma cuando surge la oportunidad.
Pronto comprendí que el alcohol, los cigarrillos y las prostitutas eran maneras maravillosas de olvidar temporalmente los horrores de la humanidad. Incluso consideré trabajar más duro para conseguirlos. Antes de esta experiencia para mí, las prostitutas no eran ni humanas ni mujeres, sino más bien idiotas o locas. En sus brazos, podía dormir profundamente y sin preocupaciones quien les pagara. Ellas no sentían ningún deseo, hasta un punto casi patético. La mesera en su atención mientras ingeríamos cervezas me mostro otra cara de ellas, me mostro bondad, amabilidad, posiblemente calculada, pero el pensarlo no me molestaba, además que estaba seguro que en una cantina no conocería a una virgen, ni nada que fuera sagrado. No era el momento para preguntarle ¿Estudias o trabajas?
Aproveche a la mesera para cultivar mis encantos con las chicas (mis habilidades con las mujeres), y aunque el lugar no era el adecuado creó que logre un progreso notable. Se dice que perfeccionar la capacidad de interactuar con mujeres a través de prostitutas es el método más poderoso y efectivo. Así, que cuando salí de la cantina ya irradiaba el aura de un veterano del mundo del placer. A partir de allí, en algún lugar de mí emanaba un aura con la que las mujeres soñaban, y mi interés por las prostitutas se desvaneció al instante.
Las tendencias se hicieron presentes en la preparatoria ya que de pronto todos se llamaban “Camaradas” Leían en secreto sobre el comunismo. Me invitaron asistir para que conociera mejor a los camaradas, para ello me entregaban folletos, los escuchaba que me hablaban de un tal Carl Marx. No sabía si tenían razón, pero su discurso en el fondo me creaba una ilusión de un mundo mejor sobre esa doctrina. Deseaba confiar en ellos, pero mis creencias se oponian. Los jóvenes de la preparatoria creían que eran parte y estaban ante un acontecimiento trascendental. No era su camarada, pero asistí a cada reunión.
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