APELLIDOS
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado
y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Imagine que lleva 20 años de
casado y su mujer le dice que el hijo, no es hijo biológico suyo, es como para
volverse loco o hacerle al loco, pero esto ha venido sucediendo por
generaciones, hasta que el santoral cristiano diversificó tanto las onomásticas
que ya no hubo manera y el apellidarse tuvo que y depender de los oficios, o la
toponimia o, quién sabe, del puro capricho. En cualquier caso, la sucesión del
apellido ha sido cosa de hombre a hombre, de macho a hembra. Pero siempre el
hombre por delante, considerándose un cataclismo la desaparición del apellido
en el caso de procrear solamente hijas (general Álvarez (Mexicano), quien tuvo
cinco hijas).
Tuvieron que ser los franceses,
los primeros en romper tan masculina tradición y, aunque pasando por un
complicado proceso legal, aquí ya se acabó eso de transmitir con obligada
prioridad a los hijos el apellido paterno. En adelante, a la hora de apellidar,
tanto vale el del padre como el de la madre. Se permitirá a ambos que escojan
entre el paterno, el materno o, si vienen mal dadas y no hay acuerdo, los dos,
en el orden que elijan, con un guion entre ambos. Ah, y esto vale tanto para
los que firmaron acta de matrimonio como para los que viven como pareja sin
papeles quedando fuera el dicho de que papelito habla.
No des ideas compadre.-Quizás
esté equivocado, pero no me suena que entre las reivindicaciones feministas
haya destacado el derecho a trasladar a los hijos prioritariamente el apellido
de la madre, salvo, claro está, en el caso de madres solteras en donde el papa
no se hizo responsable. Es evidente que, en este país y en todos, eso de
apellidar a los hijos dejando claro que lo son de su padre viene desde tiempo
inmemorial y que a diferencia de los EEUU, la mujer al casarse toma el de su marido
y fin finito final, todo mundo contento. Pero aquí es de vida o muerte que
Osuna se escriba con “S”, Jiménez con “J”, López con “Z”, los García con “G”
sin importar de quien sean hijos, lo importante es que están en casa y llevan
el apellido de quien mantiene.
¿De dónde vienen los apellidos?
En la antigüedad, no existían los apellidos. Tomemos la Biblia, por ejemplo: A
los personajes del Antiguo y Nuevo Testamento se les conocía por su nombre:
Abraham, Moisés, Pedro, Juan, Mateo, Jesús, María y José. No había tal cosa como Abraham Pérez, Mateo
Delgado o José García. (Cuidado:
Iscariote no era el apellido del traidor Judas, ni Tadeo el del santo; eran
sobrenombres, apodos). Con el tiempo, las comunidades se poblaban cada vez más
y más, y de momento surgían las dudas: -Llévale este mensaje a Juan. -¿Cuál
Juan?- preguntaba el mensajero. -Pues Juan, el de la bajada al rio- explicaba
para distinguirlo del otro Juan, el del monte, del Valle, rio, arroyo etc.
En este caso, los apellidos del
Monte, del rio, del valle, del arroyo, tan comunes hoy día, surgieron como
resultado del lugar donde vivían estas personas. Estos se llaman apellidos topónimos, porque
la toponimia estudia la procedencia de los nombres propios de un lugar. En esa misma categoría están los apellidos
Arroyo, Canales, Costa, Cuevas, Peña, Prado, Rivera (que hacen referencia a
algún accidente geográfico) y Ávila, Burgos, Logroño, Madrid, Toledo (que
provienen de una ciudad en España).
Otros apellidos se originan de
alguna peculiaridad arquitectónica con la que se relacionaba una persona. Si tu antepasado vivía cerca de varias
torres, o a pasos de unas fuentes, o detrás de una iglesia, o al cruzar un
puente, o era dueño de varios palacios, pues ahora entiendes el porqué de los
apellidos Torres, Fuentes, Iglesia, Puente y Palacios.
Es posible que hayas tenido
algún ancestro que tuviese algo que ver con la flora y la fauna. Quizás criaba corderos, cosechaba manzanas o
tenía una finca de ganado. De ahí los apellidos
Cordero, Manzanero y Toro. Los oficios o profesiones del pasado también han
producido muchos de los apellidos de hoy día.
¿Conoces a algún Labrador, Pastor, Monje, Herrero, Criado o
Vaquero?
Pues ya sabes a qué se dedicaban
sus antepasados durante la Edad Media. Otra manera de crear apellidos era a
base de alguna característica física, o un rasgo de su personalidad o de un
estado civil. Si no era casado, entonces
era Soltero; si no era gordo, era Delgado; si no tenía cabello, era Calvo; si su
pelo no era castaño, era Rubio; si no era blanco, era Moreno; si tenía buen
sentido del humor, era Alegre; si era educado, era Cortés.
Quizás la procedencia más
curiosa es la de los apellidos que terminan en (Ez), como Rodríguez, Martínez,
Jiménez, González, entre otros muchos que abundan entre nosotros. El origen es muy sencillo (Ez) significa hijo de. Por lo tanto, si tu apellido es González es
porque tuviste algún antepasado que era hijo de un Gonzalo. De la misma manera, Rodríguez era hijo de
Rodrigo, Martínez de Martín, Jiménez de Jimeno, Sánchez de Sancho, Álvarez de
Álvaro, Benítez de Benito, Domínguez de Domingo, Hernández de Hernando, López
de Lope, Ramírez de Ramiro, Velázquez de Velasco, y así por el estilo.
Así mismo ocurre en otros
idiomas: Johnson es hijo de John en inglés (John-son); MacArthur es hijo de
Arthur en escocés; Martini es hijo de Martin en italiano. Ya ves: es así como,
poco a poco, durante la Edad Media, comienzan a surgir los apellidos. La finalidad era, pues, diferenciar una
persona de la otra. Con el tiempo, estos
apellidos tomaron un carácter hereditario y pasaron de generación en generación
con el propósito de identificar no solo personas, sino familias. ¿Cuáles son
tus apellidos?
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