domingo, 21 de abril de 2024

 

FARO

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 A la entrada de los puertos, construidos por los romanos solía haber altas torres que servían de faro a imitación del célebre de Alejandría erigido por Ptolomeo II y el cual recordando las piras de apoteosis, estaba formado por pirámides truncadas puestas en disminución una sobre otras. A veces, también se empleaban como faros figuras colosales. Tal era el Coloso de Rodas. Durante la Edad Media, los faros no fueron objeto de ningún perfeccionamiento salvo en su decorado que a veces fue notabilísimo.

En el siglo XVII no eran todavía los faros más que hogueras de madera de carbón que ardían en tederos o bien hermosas lámparas encerradas dentro de linternas de vidrio hasta que en 1782 el ingeniero Teulère reemplazó tan imperfectos medios por lámparas de reflectores parabólicos. En el siglo XIX, la iluminación de los faros dio un paso inmenso con la invención por parte de Fresnel de los lentes de escalones, compuestos por un vidrio central de forma ordinaria rodeado por una serie de anillos de poco espesor cuyo perfil es de tal manera que todos tienen el mismo foco principal.

Al mismo tiempo inventó Fresnel con Arago las lámparas de torcidas concéntricas que producen una intensa luz equivalente a muchas lámparas Cárcel. En épocas anteriores, los faros tenían un guarda faros que acostumbraba a vivir en el mismo faro, y que debía ocuparse del mantenimiento y de la limpieza del faro, sobre todo de las instalaciones lumínicas. Actualmente, los faros que siguen en uso son operados en su mayoría de forma automática, y vigilados a distancia. Fue construido por el arquitecto Sóstrato de Cnido por orden de Ptolomeo II en la isla de Faro (Pharos), frente a Alejandría.

Consistía en una gigantesca torre sobre la que una hoguera nocturna marcaba la posición de la ciudad a los navegantes, dado que la costa en la zona del delta del Nilo es muy llana y se carecía, por tanto, de cualquier referencia para la navegación marítima. Su altura alcanzaba los 134 metros y en su construcción se utilizaron grandes bloques de vidrio que fueron situados en los cimientos para evitar la erosión y aumentar la resistencia contra la fuerza del mar.

 El edificio, erigido sobre una plataforma de base cuadrada, era de forma octogonal y estaba construido con bloques de mármol ensamblados con plomo fundido. En la parte más alta un gran espejo metálico reflejaba la luz del sol durante el día, y por la noche proyectaba la luminosidad de una gran hoguera a una distancia de hasta cincuenta kilómetros.

Junto con la Gran Pirámide de Giza, el faro sobrevivió al resto de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo. Sin embargo, fue severamente dañado por los terremotos de 1303 y 1323 hasta el punto de que el viajero árabe Ibn Battuta escribió que le había sido imposible entrar en las ruinas. Los restos desaparecieron en 1480 cuando el sultán de Egipto Qaitbey empleó los bloques pétreos de las ruinas para construir una fortaleza en el lugar.

Pharos dio origen a la palabra «faro» en la mayor parte de lenguas romances: castellano (faro), catalán (far), francés (phare), gallego (faro), italiano (faro), portugués (farol) y rumano (far). El Faro de Alejandría, una de las Siete Maravillas del Viejo Mundo, esconde tras de sí una leyenda de las que pocos somos conscientes.

 Este faro fue construido en el siglo III antes de Cristo en la isla de Pharos, en la citada Alejandría, su principal función era convertirse en punto de referencia del puerto y después como faro en sí, con una altura que se estima entre los 120 y los 150 metros. Se dejó escrito que su funcionamiento consistía en una gran hoguera que marcaba la posición de la ciudad a los navegantes durante la noche, con un gran espejo metálico en lo más alto que reflejaba la luz durante el día.

Y aquí entra el misterio, la astucia, la picardía en cuanto a su verdadero uso como arma de guerra porque según encontré un testimonio como el del granadino Hasan Bin Muhammed, nacido allá por el año 1488, y fue más conocido como “León el Africano”, Nos dice que el gran espejo del Faro de Alejandría no sólo servía para convertirse en punto de referencia para los navegantes, sino también en su perdición ya que su gran espejo servía para detectar y quemar los barcos enemigos que se acercaban al puerto, utilizando el espejo con un efecto de lupa que hacía arder las velas de las embarcaciones que osaban enfrentarse a esta mole de mármol. El problema para resolver este enigma estriba en que los restos del dichoso faro no parecen por ningún lado y en esta forma pues resulta complicado saber cuánto de cierto hay en ello.

Puede que los propios “alejandrinos” contaran esta historia para asustar a los asaltantes, o puede que los conocimientos sobre la tecnología en la antigüedad que últimamente se están descubriendo fueran más allá y crearan esta sofisticada arma defensiva. Sin embargo yo en lo personal no descarto esta hipótesis y lo hago basado simplemente en Arquímedes en una leyenda en donde este sabio, junto a un consejero del rey Hiero, consiguió hundir una flota entera de barcos romanos. Este hecho sucedió durante el sitio de Siracusa, cuando los romanos pretendían invadir la isla de Sicilia en el año 213 A.C.

 Y para lograr esta hazaña, Arquímedes, uno de los más grandes matemáticos de la historia, junto a su ayudante construyó algunos espejos gigantes de bronce o de cristal que enfocados a las naves romanas, las incendiaron y hundieron. Muchos años después, un grupo de investigadores y científicos de la Massachusetts Institute of Tecnología y de la Universidad de Arizona intentaron reproducir la citada leyenda y para ello, se desplazaron a la bahía de San Francisco, al oeste de los Estados Unidos, y reconstruyeron un espejo de 300 metros cuadrados, también de cristal y bronce.

Seguidamente, enfocaron el gran espejo a un barco viejo que tenían anclado en el océano a 45 metros de distancia del espejo.

 El rayo de sol reflejado causó un pequeño fuego en la embarcación, pero se extinguió rápidamente. A continuación, acercaron el espejo al barco, y aunque el incendio fue mayor, tampoco consiguió extenderse. Así, demostraron que el mito, en este caso no es cierto, aunque según los propios investigadores, tratándose de Arquímedes no se puede descartar nada ya que según se lee con respecto a sus famosas matemáticas este si pasaba fácilmente la prueba enlace o pisa sin rubor o miedo a ser cuestionado. Bueno recomiendo medir las malas expresiones para con las personas y ante esta solicitud les expongo una pequeña pero significativa anécdota.- Resulta que en octubre de 1793 llegaron al puerto de Génova varios buques de guerra españoles e ingleses (sí, eran aliados por una vez, aunque mal avenidos todo sea dicho).

 El caso es que en dicho puerto neutral había una embarcación francesa llamada Modesteè. La tripulación Francesa al ver como algunos barcos de otra nacionalidad estaban junto a ellos se puso a maldecir, insultar y gritar toda clase de barbaridades que puedan ser oídas con molestia hasta por un sordo. Los comandantes españoles e ingleses en un principio hicieron oídos sordos a los improperios lanzados por los franceses. Pero la paciencia tiene un límite y viendo el Capitán de un buque inglés que los "frogs" (como así llamaban los ingleses a los franceses) no paraban de soltar lindezas por la boca, precisó oportuno contener tal denigrante verborrea.

Así que ni cortó ni perezoso les hizo fuego y se lanzaron todos al abordaje, con sable en mano, por la maleducada tripulación francesa. Tomaron prisioneros a los franceses, rasgaron la bandera de la Convención y trataron al buque francés como presa de guerra. Quien les iba a decir a los "gabachos" (como así llamaban los españoles a los franceses) que unos ingleses les iban a dar una lección por la falta de educación y modales.*(Fuente: Gaceta de Madrid del 1 de noviembre de 1793)

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