LAS
PLANTAS DE MAIZ SE COMUNICAN ENTRE ELLAS
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
El maíz es uno de los principales cultivos a
nivel mundial. Se trata de una de las plantas importadas a Europa desde Cuba
por Cristóbal Colón, y el cultivo se adaptó al clima de Europa, sobre todo
zonas mediterráneas, donde se generalizó. El maíz es una planta nativa de zonas
tropicales y necesita temperaturas altas para prosperar. El aguante de las
variedades modificadas ayuda en ciertas condiciones, aunque no convierte al
maíz en un cultivo que aguante un invierno duradero
Las
temperaturas alrededor de 4-5 C matan las plantas, con temperaturas inferiores
a 10 C la semilla no germina, y tampoco se dan buenos rendimientos en cultivos
en alturas superiores a 500 metros sobre el nivel del mar. La clave para el
cultivo de maíz depende de la temperatura del suelo. La temperatura
recomendable para la siembra del maíz es de 12 C constantes, también durante la
noche. La temperatura óptima para el crecimiento es 22-24 C, y para la
floración 26 C.
Respecto
a las temperaturas máximas, las superiores a 32-33 C, con baja humedad relativa
(y el estrés hídrico), resultan perjudiciales para la floración y la fijación
del fruto. Las regiones idóneas para el cultivo del maíz son aquellas con
veranos calurosos y lluviosos.
Científicos
de la Universidad Agrícola Sueca de Uppsala y la Universidad de Wageningen en
los Países Bajos dicen que las plantas pueden enviar señales químicas a través
del suelo a través de sus raíces, informándose entre sí que están muy cerca.
Anteriormente, se descubrió que las estrategias de crecimiento de las plantas
cambian en respuesta al contacto con las hojas y ramas de las hojas de las
plantas vecinas. Los árboles maduros en tales condiciones comienzan a frenar su
crecimiento. Otras plantas, por el contrario, suspenden el desarrollo del
sistema radicular y dedican todos sus recursos al crecimiento del tallo y la
copa para ocupar su lugar al sol más rápido que sus competidores.
Tales
fenómenos ocurren no sólo en respuesta al tacto de los vecinos, sino también
debido a señales químicas recibidas a través del suelo. Los experimentos se
realizaron en plántulas de maíz, que normalmente responden a estímulos
mecánicos aumentando el crecimiento. Los científicos simularon el tacto de las
hojas de los vecinos acariciando las hojas de las plántulas con una brocha de
maquillaje durante un minuto al día. Luego desenterraron esa plántula y
plantaron otra, intacta, en su lugar.
Sin
embargo, la nueva planta también aumentó el crecimiento de tallos y hojas e
inhibió el crecimiento de sus raíces. En experimentos de control, cuando se
colocó una nueva plántula en lugar de una planta que no había sido acariciada con
una brocha de maquillaje, no se observó este fenómeno. Los científicos han
llegado a la conclusión de que las raíces liberan sustancias al suelo que
indican la presencia de plantas vecinas.
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