domingo, 21 de abril de 2024

 

FORMA DE PENSAR PERSONAL SOBRE LA EDUCACIÓN

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

Siempre quise ser lo que soy, único, diferente, idealista, libertario. Ser, astronauta para llegar a lugares nunca visitados, dibujante para hacer de mi figura un mono chistoso, beisbolista, juez, ser el orgullo de mis padres, una buena persona, feliz, escritor, periodista, cuidador de libros mejor dicho colector de ellos y así hasta mil, dos mil tres mil solo míos. Yo siempre quise ser profesor. Yo siempre he querido ser lo que soy, y da igual lo que fuese. Fui feliz vendiendo chicles a la entrada del cine cuando niño, dando clases, haciendo encuestas por los pueblos, siendo protagonista en eventos de teatro, fui el más feliz de todos y un día decidí ser profesor. Pero la decisión era reversible. Si no me gusta, vuelvo.

Le dije a todos aquellos libros que dejé sin colocar en los tres libreros de mi casa. No sabía si me iba a gustar. Pero no fue eso. Fue más. Disfruto enseñando, disfruto compartiendo con mis alumnos la magia de aprender, encontrando soluciones que luchen contra el aburrimiento, la desidia y la pereza que a veces les abrazan mortalmente. Me gusta ver como se superan. Me enfado. Me devano los sesos los sesos. No sé si sé ser profesor, la mayoría de las veces me lo invento. Tengo los ojos muy abiertos y aprendo mucho de todos mis compañeros.

Me considero muy novato, me queda mucho que aprender. Mucho que inventar. Formas y soluciones mágicas para captar la atención de un público muy exigente y hacer que todo sea mucho más atractivo. El árbol de los deseos de la vida…siempre que les inyectes entusiasmo y les contagies ganas…te devuelven el esfuerzo multiplicado por mil. Por un millón. Merece la pena. Recuerdo con cariño a muchos alumnos y por ejemplo pongo un nombre: Judith había reprobado todas las asignaturas menos inglés. ¿Fracaso escolar? ¿Familia desestructurada? ¿Ausentista? Y todo lo demás.

No es mérito mío que haya aprobado. Ha sido una casualidad maravillosa. Descubrió, en la clase que en la biblioteca había un millón de libros y que ella podía coger de todos, todos, todos…el que quisiera. Nunca había leído ningún entero, son todo un rollo, profe me decía constantemente. Todos no, si sabes buscar el que te gusta… y ahora, no se despega de ellos… esto fue en el primer trimestre ya lleva cuatro años que termino la carrera. Y ver cómo le brillaban los ojos cuando se acercaba a la biblioteca y está ante toda esa maravilla de opciones que le daba la literatura…a mí. A mí… me vale, el caso es que logro el objetivo que se planteó de terminar una carrera. No sé si lo seré siempre, profesor, digo.

Pero sí que sé que mientras lo sea, lo voy a disfrutar tanto como lo hago hasta ahora. Porque me he prometido un millón de veces que cuando no lo disfrute lo dejaré. Y espero cumplir mi promesa y no necesitar un notario público “Te lo firmo y te lo cumplo”. Porque esta profesión es tan apasionante como exigente. Yo también me decepciono, y les intento sacudir la conciencia, y me desespero. Pero aún, y espero que, por mucho tiempo, me compense.

Cuando hablo de “Éxito escolar” es la capacidad que el profesor manifiesta para hacer que el niño piense, crezca pensando, se desarrolle pensando y sea capaz de lograr autonomía en su pensamiento. Cuando el niño lo logra, el profesor tiene éxito"

"En esa escuela del trato con los seres humanos, he observado a menudo este vicio, que en lugar de sacar conocimientos de los demás, sólo intentamos hacer gala de los nuestros; y nos esforzamos más en soltar nuestra mercancía que en adquirir una nueva".  A la juventud hoy se la adula, se le limita, se le seduce, se le tolera... pero no se la exige, no se le ayuda, no se le responsabiliza... ya que, en el fondo, no se le ama. Y esto es, en definitiva, lo que los jóvenes sospechan y, aunque no se atrevan a declararlo, por ello proceden y actúan con este resultado". Vivimos en una sociedad poblada de simulaciones, es la sociedad del espectáculo, donde lo que se valora es el brillo del dinero, la prestada caridad religiosa, el reflejo de la ignorancia.

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