ESTUDIANTES MEDIOCRES Y
SUMISOS
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado
y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Mediocre es el país el que,
en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir incluso a las asociaciones
religiosas que sirven a la sociedad. Mediocre es un país que ha reformado su
sistema educativo infinidad de veces hasta situar a sus estudiantes a la cola
del mundo desarrollado y culpabilizar a sus maestros y a la sociedad de su
fracaso.
Mediocre es un país que
tiene una sola universidad entre las 150 mejores del mundo e impulso a sus
mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir, mientras que a las otras
las mantiene sujetas al capricho de su gobernante en turno en los más bajos
niveles financieros. Mediocre es un país con una cuarta parte de su población
sin trabajo o forma de sobrevivir honestamente y que encuentra más motivos de
molestia en contra del vecino del norte porque trata mal a sus emigrantes
cuando en casa no genera oportunidades.
Es mediocre un país al
permitir que un negocio particular como el examen ceneval determine y controle
la entrada de estudiantes a sabiendas que solo aporta dinero a quienes lo
mantienen, es un gran negocio; pero es a la vez una gran mentira y está
demostrado que egresados del bachillerato con puntajes altos en el examen no
necesariamente son los que tienen mejores trayectorias escolares en sus
estudios universitarios, y hay un sector de ellos con puntajes menores que
concluyen con buenas trayectorias, por lo que se supone que si el examen
tuviera una buena validez predictiva, entonces habría una alta correlación
entre los puntajes del examen y las trayectorias escolares.
Así pues, llama la atención que con todo y que
existen evidencias probadas de notables fallas y carencias metodológicas de la
rimbombante dependencia, no se hayan tomado las acciones correctivas y el
prolongado daño social que acumuladamente ha venido realizando en los últimos 10
años al frustrar a decenas de miles de aspirantes a ingresar a la Universidad y
carrera deseada. Lo cierto es que todo parece indicar que detrás del Ceneval
hay un gran negocio y un medio de control político sobre las universidades
públicas “Ceneval es un negocio lucrativo y de control que ejerce dicho
instrumento sobre las universidades públicas” la realidad es otra: la educación
se ha convertido en lucrativo negocio que se encuentra en las manos de unos
cuantos.
Es mediocre un país donde
la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada -cuando los
administradores públicos roban impunemente y se ríen diciendo que es año de
Hidalgo, sin que nadie se atreva a sancionarlos y regresen a otro puesto hacer
lo mismo. Un país que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración política,
perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima
plaza política para hacer lo mismo que hacen los gubernativos los cuales no se
cansan en insultarse sin aportar una idea, por jefes que se rodean de mediocres
para disimular su propia mediocridad y por estudiantes que ridiculizan al
compañero que se esfuerza.
Mediocre es un país que
ha permitido fomentado celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la
excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse o dejarse engullir por la
imparable marea gris de la mediocridad. Mediocre es un gobernante que se rodea
de imbéciles para que le aplaudan cuando hace o dice tarugadas “Ramplonadas”
que los ratones le festejan.
Sumisos. - Los mexicanos terminaron
doblegando su espíritu de lucha ¿Será? que se perdió la capacidad para decir
no, para expresar un desacuerdo, o a que los mexicanos no tienen tal vez el
valor para expresar una opinión contraria tratando de evadir situaciones
conflictivas y por eso viven sometidos o simplemente con el aumento en el huevo
este no les alcanzo para el desayuno. El sumiso mexicano “Educado en las
escuelas públicas ex profeso” es el sujeto que negocia con sus principios, o
los viola, porque cree que hay ofertas más valiosas (como dinero,
reconocimiento social, una exaltación pública o simple diploma etc.), que lo
que pueda valer su propia integridad.
Hay todo un patrón de
sumisión aprendido y desarrollado en nuestras escuelas públicas en donde se
usan continuamente expresiones como “mande usted, lo que usted diga señor”, o
Como la frase que hizo célebre Cantinflas “A sus órdenes jefe” que se transmite
de generación en generación y que ahora se refleja en sus gobiernos. Y en el
abuso de las gigantes empresas capitalistas que los devastan con trabajos sin
ninguna prestación y en calidad de esclavos. México es el país donde se educa
para mediocre/ sumiso y no es una tendencia pasajera “Llego para quedarse” y se
tiene la idea de que se deben reprimir las emociones negativas porque es malo
expresarlas o es de mal gusto y segundo: que la opinión de los demás es cosa de
vida o muerte.
Tanto miedo se aprende en
nuestras escuelas públicas que llegamos a temer hasta el qué dirán si expreso
lo contrario. Aunque ya muchos mexicanos están aprendiendo a plantarse y gritar
¡No! a los abusos, con una dignidad admirable tratan de marcar límites a las
injusticias sociales. Pero ¿cómo fijar los límites de lo negociable y lo no
negociable? La dignidad no es negociable
de ninguna manera porque implica todo el bagaje de principios y valores con los
que ejercemos nuestro derecho y nuestra obligación de seres humanos.
Lo que sí podemos tirar a la basura es el
miedo, pero nos resistimos a salir de la zona de confort aprendida en las aulas
escolares por tipos nefastos que amenazan con reprobación si no estás de
acuerdo en ser un borrego más en la gran lista de millones de mexicanos
domesticados para servir a usted. ¿Para qué nos preparan en las escuelas
públicas? El miedo al rechazo, el miedo a hacer el ridículo, el miedo a parecer
tonto, el miedo a equivocarse, el miedo a ser distinto a los demás impide poner
límites sanos y ejercer nuestra dignidad.
Si uno es una persona muy
segura no le importaría, pero las personas que tienen ese instinto de subyugación,
que no se quieren a sí mismas y quieren pasar desapercibidas es porque “Si
llamo la atención van a encontrar fallas en mi”, si alguien me conoce se va a
decepcionar y va a descubrir que soy un fraude entonces mejor pasar
desapercibido, ser uno más del montón de domesticados que aprenden a decir ¡A,
sus órdenes jefe, lo que usted diga señor!
La persona que sabe poner
límites, que sabe decir no, que sabe plantarse para decir ¡Basta! nunca pasa
desapercibida, se nota en las calificaciones escolares “Promedio de 7/8”,
porque genera algo de incomodidad. Hay un costo social implícito en salir de la
zona de comodidad y domesticación. Si tienes cien amigos te van a quedar cinco
porque la sinceridad no es un valor en este país y nadie está dispuesto a afrentar
la mediocridad en la que fue educado.
Así, mientras las personas, no ganen
autoestima y auto respeto, no tendrán idea de lo que significa la dignidad y
seguirán haciendo reverencias indignas ante sus ofensores. Nos educan para ser
cómplices por omisión, tolerantes en la injusticia, aunque la indignación la
dejamos para el hogar. Ese sentimiento de anhelar la justicia es una emoción
que nuestra cultura reprime y que es la clave de todo esto: Indignación
espontánea, también, ante hechos cotidianos en el hogar, en el trabajo, con esa
gente que nos humilla al darnos un remedo de reconocimiento virtual, un plato
de frijoles con ofensas o un elogio hipócrita, o nos ofrece un lugarcito en un
club de desempleados y estar a su disposición para que nos insulten cuando
amanezcan de mal humor, aceptar eso y dar a cambio nuestras reverencias. Es
indignante y venderse por lo que sea es despreciable. Todos tenemos el derecho
a expresar los sentimientos a opinar y discrepar.
Ningún dinero, ni
estatus, ni cariño, o reconocimiento social paga nuestra dignidad. La dignidad
no es negociable, la actual educación pública está diseñada para extirparla de
tajo antes de que cante un gallo. “leer no le quita la idiotez a nadie, y la
erudición es una buena manera de disimularla”
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