domingo, 21 de abril de 2024

 

DENUNCIA PÚBLICA

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Yo sé que los países buscan atraer inversión extranjera. La razón de esto suena simple: se consiguen capitales extranjeros y se crea infraestructura en el país. Además, se generan empleos y pareciera que toda esta idea es genial. Sin embargo, si se piensa un poco más, la inversión extranjera no parece ser una buena idea. Voy a explicar el porque, antes aclaro “No, soy economista” imaginemos que alguien en el extranjero decide invertir en México (País) en algún negocio. Viene al país, trae su dinero y pone, digamos, una cadena de establecimientos (por ejemplo restaurantes, se la parte a los de aquí los cuales tienen que cerrar) en donde da empleos a cientos de personas, mexicanos en general.

 El inversionista puso dinero pero ¿para qué? ¿Para ayudar al país? No, sin duda no. Puso dinero porque en el fondo busca recuperarlo a corto/mediano/largo plazo y además, obtener utilidades por el negocio emprendido.

Entonces, ¿porque tantos beneficios que no se otorgan a los nacionales en igualdad de circunstancias, como excusión de impuestos y etc.? Entonces, a la larga dicho inversionista habrá hallado una ganancia neta que sobrepasará a los gastos de la inversión y los que se generen por el desarrollo de las empresas que se pongan. Probablemente ese inversionista, si no vive en México (País), se llevará las ganancias al país donde vive, así como el dinero que invirtió y que ya habrá recuperado, por lo que al final del día, con este razonamiento, lo único que pasa es que el país se empobrece pues sale más riqueza de la que se captó con dicha inversión del extranjero y dejo sin capital a los locales al tronarlos en competencia dispareja propiciada desde el mismo gobierno “La Malinche”.

Si esto es así, y de verdad no encuentro razones para que no lo sea, entonces la inversión extranjera no es la mejor idea para que un país se desarrolle. ¿En qué estoy mal? Que alguien me explique, por favor.

SUR de Sinaloa.- Cualquier ciudadano que lea este artículo puede preguntar a su médico de cabecera ¿Qué hace cuando desde un niño hasta un anciano muestra alguna patología psiquiátrica? ¿Qué centros hay de referencia para diagnóstico o Urgencias? ¿A quién acudir, en donde encuentro el apoyo que ocupa la persona? Esto es una situación de emergencia social, al no existir en el sur de Sinaloa un lugar profesionalmente capacitado para atender los cientos de personas que padecen este tipo de trastornos y en áreas como la capital las denuncias van en el sentido de que se encuentran saturadas.

Es evidente el abandono que las personas enfrentan en este sentido y que cada vez la población se está viendo más afectada pudiéndose pensar en un 10% de la totalidad. La red de salud pública no cuenta con este servicio mientras los trastornos siguen aumentando todos los años, se continúan diagnosticando jóvenes, que sufren además otras patologías, mentales u orgánicas, donde la falta de profesionales especializados, recursos adaptados y coordinación en las intervenciones de los profesionales generan situaciones límites, soluciones inadecuadas y un gran sufrimiento de esos pacientes y el agotamiento de familias incomprendidas y angustiadas que sienten vergüenza que la gente sepa que su hijo(a) padece una situación de este tipo.

Los problemas de adicción a drogas y alcohol, cuadros de larga duración y gran impacto social carecen de un plan de atención especializado. Con frecuencia estos problemas se asocian con otros trastornos mentales graves. Los trastornos de personalidad se han convertido en un grave problema de enfermedades mentales, pacientes con una gran afectación en su vida diarias preciso que el sistema de salud asuma la salud mental como una prioridad. En la cárcel alrededor del 35% de los presos tiene trastornos mentales y se encuentran revueltos con otros criminales.

A veces la falta de atención sanitaria y social los conduce a situaciones judiciales que sustituyen la inoperancia de una respuesta pública, flexible y ágil. La propia enfermedad, la calidad de vida de los pacientes y los propios tratamientos conllevan la rápida degeneración de su salud. Los malos tratos, la violación a niños, así como la mortalidad por suicidio se ha convertido en la actualidad en la principal causa de muerte, superando a los accidentes de tráfico. Además, las enfermedades mentales se están convirtiendo en la mayor causa de discapacidad en nuestra sociedad.

Lentitud, tecnocracia y sobrecarga de las familias, que piden medidas racionales como una coordinación única, ubicada en la Sanidad Pública, que cuente con profesionales especialmente preparados para atender esta problemática, son algunas de las tantas reclamaciones que la sociedad en su conjunto hace o reflexiona cuando ve por las calles deambular indigentes con problemas de este tipo “Abandonados, mugrosos, demacrados, con la vista perdida y en donde sus familiares prefieren darles calle a enfrentar la situación para la cual no tienen los recursos y mucho menos están preparados y asimismo traen de otras ciudades a tirarlos aquí. La valoración de necesidades y recursos, de pacientes crónicos es ahora mismo como la pelota de ping pong entre Salud y Bienestar Social que todos se avientan y que nadie cacha, fragmentando siempre la respuesta mientras la sociedad lamenta sus consecuencias inmediatas “Jóvenes muertos en la violencia”.

En el mejor de los casos cuando existe un recurso adecuado nos encontramos que no existe un lugar a donde llevarlos para que realmente sean atendidos y no solo sea un lugar en donde los encierren como cárcel, los maltraten, los violen, mueran los elefantes y en el peor de los casos el enfermo cae en manos de charlatanes recetadores de pastillas para los nervios que no contribuyen en su recuperación y si en su muerte lento por intoxicación de órganos vitales.

El sistema de derivación de pacientes es lento desde Atención Primaria, se pierden meses tratando como depresión los que son otras patologías graves. Faltan decisiones ágiles y simultáneas, faltan hospitales de este tipo en la zona sur, es urgente se atienda. En la práctica los condenan a un perverso juego de obstáculos administrativos y decisiones discrecionales. Los poquísimos profesionales públicos están saturados con mucho trabajo burocrático y escaso tiempo para valorar adecuadamente a los pacientes.

 La demora en el acceso y los obstáculos administrativos son uno de los problemas más angustiantes para pacientes y personas que necesitan agilidad y atención profesional. El resultado son profesionales apáticos, cansados, asqueados, pacientes y familias desbordados y destrozados. Se tiende a paliar todo esto con un uso discrecional de psicofármacos que no puede sustituir a los programas integrales de tratamiento. En este sentido expongo la necesidad de mayor responsabilidad directa del sector público sanitario. La salud mental tiene que lograr espacio en la agenda de prioridades.

A pesar de la magnitud, cada vez mayor, los trastornos mentales y quienes lo padecen siguen siendo invisibles y la mayoría de los pacientes acaban en sus casas hasta la muerte propia y la de sus familiares. Dada la urgencia del tema, y ante la crisis que padecemos pido prioridad para esto, sobre otros proyectos. Considero que es tiempo sin excusas de analizar la repercusión que tiene la enfermedad mental en el ámbito familiar, vecinal y social y las trágicas consecuencias que tiene su tratamiento (prisión, suicidios, violaciones, mal trato).

Es preciso que el Servicio de Salud (IMSS, ISSSTE, SSA) asuman la salud mental como una prioridad. Hay que dotar de recursos económicos y humanos; hay que empezar a hacer cosas en el campo de la prevención… Es necesaria flexibilidad, agilidad en el acceso, especialmente en estos casos; especialización en la atención a los grupos de mayor riesgo y complejidad (duales y personas con retraso mental)… Los problemas de salud mental en personas mayores, merece un artículo aparte por su gran importancia ante la falta de especialistas y hospitales geriátricos.

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