BAÑOS EN LAS ESCUELAS
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado
y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
El problema del
des-abasto de agua en las escuelas del sector público no es nuevo. Aunque no
sea algo que, recomiendo, en la década de los 60, cuando estudiaba primaria, me
aguantaba las ganas de ir al baño y esperaba hasta llegar a mi casa. Ir al baño
significaba visitar un lugar oscuro, húmedo, con el piso mojado, irónicamente
sin agua potable y maloliente, pero era un asunto que todos, padres, profesores
y alumnos, dábamos por hecho; parecía que exigir mejores baños nos estaba
prohibido por ser ésa una escuela pública.
Es costumbre del mexicano
no exigir a sus gobiernos mejores condiciones de vida pública y conformarse con
lo que hay por miedo, ignorancia o conformismo. Aunque se lea raro, lo hecho se
da por hecho. El problema de los baños en las escuelas públicas no es privativo
de una zona del país en particular. De acuerdo con un diagnóstico de la
infraestructura de la Secretaría de Educación Pública elaborado en el marco de
la Alianza por la Calidad de la Educación.
El regreso a clases en la
mayor parte del país, el Secretario de Educación Pública, dijo que el 12 por
ciento de los inmuebles escolares tiene problemas de agua, lo cual recrudece el
problema de higiene. En diferentes espacios noticiosos o en las abundantes
conferencias de prensa, las autoridades federales de salud y educación, y el
mismo presidente de la República, han reconocido la insalubridad en las
escuelas por problemas de abasto y/o de infraestructura, pero no se han
comprometido a solucionar un problema que, repito, no es nuevo.
Y la prensa, en otros
contextos inquisitiva hasta el hastío, se ha dedicado a reproducir cifras, pero
no a cuestionar de fondo el origen del problema y las soluciones. En otros
temas han abundado las entrevistas de banqueta, a tal o cual senador, a tal o cual,
diputado, al candidato y al dinosaurio. No hay sosiego, en ciertas épocas sobre
todo políticas, pero todo sigue igual.
Cierto que el sistema
educativo nacional no va a solucionar a corto plazo el problema de los
sanitarios y el abasto de agua en sus escuelas y la comida chatarra, pero la televisión
abierta ha puesto el foco de atención en esto, y exige de las autoridades el
anuncio de una solución a mediano plazo. Dejar pasar este asunto vital, como lo
han hecho gobierno y sociedad por décadas, es dejar de lado el compromiso por
una mejor educación y el cambio de paradigma en cuanto a salud pública, de
correctiva a preventiva. Aunque la nueva admi9nistración pública parece estar
ayudando en este último punto.
No hay justificación para que en las escuelas
públicas los baños no funcionen o no existan, como tampoco hay justificación
para que en dichos espacios no haya agua. Los gobiernos federales y estatales
tienen la obligación de ofrecerle a la sociedad espacios dignos para la
educación, la salud, el entretenimiento y otros aspectos de la vida pública.
Está de por medio no sólo la salud, sino la dignidad de los mexicanos. Pero hay
compromisos pendientes en la gestión de la educación; los baños de las escuelas
públicas son parte de esto.
La Alianza por la Calidad de la Educación lo
define claramente en los puntos establecidos en sus avances: modernización de
los centros escolares (infraestructura y equipamiento, gestión y participación
social, tecnologías de la información y la comunicación); profesionalización de
los maestros y las autoridades educativas (ingreso y promoción,
profesionalización, incentivos y estímulos); bienestar y desarrollo integral de
los alumnos (salud, alimentación y nutrición, condiciones sociales para mejorar
el acceso, permanencia y egreso oportuno); formación integral de los alumnos
para la vida y el trabajo, y evaluar para mejorar. Un programa demasiado
ambicioso, pero necesario, considerando el contexto en el que se inserta el
sistema educativo mexicano. Por lo pronto, la exigencia es clara: baños dignos
para las escuelas públicas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario