PSICOTICOS EN
BACHILLERATO
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado
y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
La psicosis es una
enfermedad mental grave que afecta al funcionamiento del cerebro. Se
caracteriza por cierta pérdida de contacto con la realidad y cambios
importantes en la forma de pensar, sentir y actuar de la persona afectada.
Cuando se presentan los primeros síntomas puede ser difícil conocer la causa ya
que pueden desencadenarse por una variedad de circunstancias.
Los síntomas psicóticos
pueden surgir por ciertas enfermedades mentales (esquizofrenia, depresión,
estados maníacos, etc.), físicas (enfermedades neurológicas, endocrinas,
metabólicas hepáticas o renales, entre otras) o ser el resultado del abuso de
drogas. Las personas con psicosis pueden experimentar síntomas como oír voces
que nadie oye, ver cosas que no existen, creer que otros pueden influir en su
pensamiento, creer que están siendo vigilados o perseguidos por otros, sentir
que sus pensamientos van muy deprisa, o que se han vuelto lentos, reír sin
motivo aparente, pensar que una gran catástrofe va a acontecer de forma
inminente, creerse con poderes extraordinarios. La psicosis afecta a muchos de
los procesos normales del pensamiento y provoca una forma muy peculiar de
pensar, sentir y actuar.
La memoria, la capacidad
de atención y concentración, la capacidad para planificar y ejecutar acciones
cotidianas, pueden estar seriamente alteradas. No obstante, los síntomas
específicos son muy diferentes en cada caso y varían a lo largo del tiempo en
la misma persona. Afortunadamente, en la mayoría de las ocasiones estos
síntomas suelen ceder cuando la persona recibe el tratamiento adecuado.
La psicosis puede afectar
a cualquier persona en cualquier edad. No obstante, con bastante frecuencia,
los primeros síntomas suelen aparecer durante la adolescencia y el principio de
la edad adulta. La forma de comienzo de la psicosis es muy variable. Con mucha
frecuencia, los cambios aparecen poco a poco, de forma que la persona va
cambiando su comportamiento de forma gradual y menos llamativa.
Así, los allegados y
amigos pueden notar que la persona se aísla durante mucho tiempo y ha perdido
el interés por los contactos sociales. También se le puede notar falto de
energía o motivación, excesivamente preocupado por un tema, tener dificultades
para seguir el hilo de una conversación o para comunicar lo que piensa. Así,
pueden empezar a tener dificultades en el trabajo o en los estudios, tener
menor respuesta emocional ante situaciones que antes les importaban, tener
problemas para recordar cosas importantes o para mantener la concentración en
las tareas cotidianas.
Aisladamente, la aparición ocasional de estos
problemas es normal, pero cuando se observan de forma creciente y persisten en
el tiempo, pueden indicar que algo no está funcionando bien y es conveniente
consultar con un profesional experto. Es muy importante tener en cuenta que
cuanto antes se diagnostique y se trate la enfermedad, mayores son las
posibilidades de una recuperación completa. El tratamiento óptimo de este tipo
de trastornos debe incluir la medicación y una intervención psicológica especializada.
Los fármacos psicóticos (también llamados neurolépticos) resultan muy eficaces
para combatir los síntomas de la enfermedad y para prevenir futuras recaídas.
En los últimos años se
han desarrollado nuevos compuestos que tienen menos efectos secundarios que los
que se aplicaban hace años. El tratamiento psicológico de estos trastornos se
centra fundamentalmente en ayudar a la persona en su recuperación de la
enfermedad, tratar los síntomas que no responden bien a la medicación y, en
general, a ayudarle a adoptar un estilo de vida saludable que prevenga las
recaídas. Paralelamente, se suele proporcionar asesoramiento y apoyo a la
familia con el fin de mitigar el impacto de la enfermedad y de ayudarles a
afrontar mejor las dificultades que pueden surgir en la convivencia cotidiana.
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