COLON
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado
y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Ahora resulta que Cristóbal
colon no se llamaba Cristóbal sino Pedro.- Al final de un túnel tan largo
alumbra (y sorprende) la revelación de una genealogía coherente de Cristóbal
Colón, resultado del minucioso trabajo historiográfico de Alfonso Enseñat de
Villalonga en el que se revelan de forma documentada tanto su cuna como su
trayectoria hasta los viajes que le llevaron al Descubrimiento de América.
En su nuevo libro, Cristóbal
Colón. Orígenes, formación y primeros viajes (Ediciones Polifemo), Enseñat ha
pretendido desbrozar, sistematizar y simplificar sus anteriores y prolijos
trabajos de investigación y trazar con pulso firme y claro la verdadera
historia del nauta. Que, para abrir boca, no era hijo de laneros, sino de
comerciantes, y no fue bautizado como Cristóbal o Cristoforo, sino como Pedro.
Pedro del linaje de los Scotto, adscritos al albergo Colonne. Familia que se
llamaba Scotto porque procedía del Douglas de Escocia. De ahí, también, el
verdadero aspecto físico de Colón: Era de ojos claros y pecoso -ilustra
Enseñat-. También de pelo rubio, aunque encaneció pronto. Así lo describen sus
coetáneos, Nada que ver con la iconografía tradicional, totalmente inventada.
Las fuentes primigenias
Enseñat estima que a lo largo de
todos estos años los historiadores han cometido dos pecados capitales que les
han apartado de la verdad: el primero, los sucesivos y casi perennes intentos
de «apropiación nacionalista» por el que han tratado de convertir (aun «con
calzador») a Colón en gallego, catalán, mallorquín o portugués, y, el segundo,
el progresivo apartamiento de las fuentes originales; esto es, de los
testimonios de los coetáneos del nauta.
Así, el autor de esta teoría
reivindica el valor extraordinario y la fidelidad a los hechos de la biografía
del descubridor escrita por su hijo Hernando, la «Historia de las Indias» de
Fray Bartolomé de las Casas y la Crónica» de Gonzalo Fernández de Oviedo. En el
apasionante capítulo V de su nuevo libro, explica Enseñat por qué cambió su
nombre de pila el almirante: primero porque fue ordenado clérigo menor y en esa
ceremonia recibió otro nombre (el de Cristoforo).
También explica en qué sustenta
que originariamente se llamara Pedro: primero lo acreditan los documentos
correspondientes al linaje genovés Colonne (en los que Pietro aparece como
primogénito de Domenico Scotto Colonne) y, después, porque Lucio Marineo
Sículo, cronista de los Reyes Católicos, se refirió a él en sus escritos como
Pedro Colón. Pero como en no pocas ocasiones se ha cuestionado el rigor de este
personaje, hace constar también que el historiador portugués del siglo XVI
Gaspar Fructuoso (tenido por sólido y fiable) relata que en Madeira el nauta
era conocido como Pedro Colón.
Enseñat se ha visto obligado a
«escarbar» minuciosamente en el Archivo di State di Génova, Archivo Histórico
Nacional, Real Academia de la Historia y Biblioteca Nacional para aclarar los
verdaderos orígenes familiares de Colón. Al desmontar la teoría genovista
tradicional» que coloca la cuna de Colón en el seno de la familia de laneros
Colombo de Quinto, el historiador hace notar que «los defensores de esas tesis
encajaron a Colón allí donde encontraron una familia con apellido asimilable en
la que el progenitor se llamaba Domenico y su primogénito Cristoforo. Como todo
lo demás que se fue averiguando de la trayectoria de esos oscuros personajes no
encajaba se determinó simplemente que los datos eran falsos». Por ejemplo, «las
biografías de los hijos del lanero no pueden en ningún modo asimilarse a las de
los hermanos de Colón Diego y Bartolomé».
La trayectoria de Colón, en
opinión de Enseñat, acredita que de ninguna forma pudo ser el hijo de un
humilde tejedor. Hernando Colón recoge en su relato biográfico que el propio
descubridor manifestó que no era él el primer almirante de su familia, con lo
que un testimonio de primerísima mano (el suyo propio) le aparta de la
genealogía oficial. Enseñat aduce también que, nacido en el seno de los Colonne
genoveses, trabajó después al servicio del pirata Vincenzo Colombo y en esa
etapa de rapiña adoptó tal apellido (Colombo) para no ensuciar a sus auténticos
allegados.
Tan complejo es el auténtico
linaje colombino que sólo Enseñat ha tenido la paciencia de tratar de
desmadejarlo, mientras otros estudiosos, desalentados o movidos por prejuicios,
se enfrascaban en el estudio de las cartas manuscritas del descubridor para
intentar acotar sus orígenes en virtud de rasgos lingüísticos relevantes: el
principal empeño ha sido el de hallar catalanismos, para afianzar las teorías
que asignan esa cuna (Cataluña) al nauta. Aduce ahora Alfonso Enseñat que esas
pretensiones «no se han se han saldado con datos concluyentes, y ni siquiera
con indicios sólidos. Los catalanismos aparecen en esos escritos en una
proporción normal, pues el catalán era idioma fuerte e influyente en
navegación».
Hace Enseñat Villalonga la
inmensa aportación historiográfica de describir y documentar los viajes de
Colón antes del Descubrimiento, como pirata y corsario, por todo el
Mediterráneo, el Atlántico norte, la cosa africana y los archipiélagos
atlánticos de las Azores, Madeira, Canarias y Cabo Verde. Peripecias del
navegante de ojos garzos y pelo rubio que encaneció muy joven. De Pedro Scotto
o Cristóbal Colón.
Todo lo que un arqueólogo puede
saber a partir de un diente ¿Qué sabemos de los marineros que acompañaron a
Cristóbal Colón en sus viajes? Lo que dicen los libros de historia, que no es
mucho. Para ello la arqueología hoy en día puede hacer hablar a los muertos tan
sólo con tener un diente. A partir de ese diente se puede decir hasta qué
comían de pequeños. Investigadores de la Universidad de Wisconsin-Madison,
están analizando la historia de vida de los compañeros de viaje de Cristóbal
Colón que fallecieron en la española y fueron enterrados allí durante su
segundo viaje a América, en 1493-94.
Lo que hacen los científicos es estudiar el
esmalte de los dientes, a partir de él se puede inferir casi toda la vida de un
individuo. En este caso se realizó el análisis a tres personas que fueron
excavadas hace 20 años de unas tumbas de La Isabela, el primer pueblo fundado
en América. Esa colonia duró apenas
cinco años, pero estaba muy bien organizado. Fue el único pueblo americano
donde Colón vivió.
El estudio que realizaron T. Douglas Price y colegas, no se centra en la
arqueología del lugar, sino en los individuos en sí. Aquellos que viajaron con
Colón y vivieron con él allí, y que murieron en esas extrañas costas. Para ello, como decíamos, se valen del
estudio del esmalte dental. Más exactamente un análisis isotópico, se analizan
tres elementos: carbono, oxígeno y estroncio. La proporción de isótopos de
carbono aportan evidencias sobre la dieta de la persona cuando sus dientes de
adulto emergieron.
Por ejemplo, la gente que come maíz, al
contrario que quienes comen trigo o arroz, tienen proporciones diferentes de
isótopos de carbono grabados en su esmalte dental. Mucho carbono, dicen los
investigadores, significa que estuvo consumiendo comidas tropicales como el
maíz, que en aquellos tiempos sólo se encontraba en América.
También se puede saber qué tanta
agua consumía el individuo al estudiar sus isótopos de oxígeno presentes en el
esmalte dental. La composición de los isótopos de oxígeno también puede hablar
sobre la latitud en la que el individuo se movía, ya que varía de norte a sur,
y también de acuerdo a la proximidad del océano. El estroncio penetra en el
cuerpo a través de la cadena de alimentos como nutrientes provenientes del
suelo y presentes también en el agua, plantas y animales.
Este elemento puede decir mucho
sobre el individuo, ya que hasta se puede saber dónde vivía y qué comía cuando
era pequeño, analizando las proporciones. Esto se sabe gracias a que se conocen
los niveles de isótopos de los suelos de todo el mundo. Gracias a esto pudieron
saber cuáles de los individuos descubiertos eran españoles, cuales originarios
de América, y también descubrieron africanos, que se cree podrían haber sido
esclavos personales de Colón.
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