VALOR UNIVERSITARIO
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado
y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
El escrito tiene la
intención de reflexionar parte de lo que considero serio “Importante” y en
cierto sentido inquietante y a lo que debemos prestar atención si es que
deseamos cambiar como sociedad. ¿Qué le espera a nuestras Universidades?
“Deserciones, desmotivaciones, entregar títulos en busca de justificar su acción
y presupuesto” Es posible que cada uno hayamos tenido maestros muy buenos y
otros pésimos y a estos primeros les escuchamos profetizar sobre el futuro que
nos espera como sociedad, inspirados quizás en sus múltiples necesidades y los
últimos en la punta de sus viseras.
Son problemas torales que
por circunstancias extrañas nunca se llega al fondo y hemos sido testigos de
ensayos y reformas que en realidad no afrontan el problema, pero quedan
grabados en libros de texto reformados para que la memoria colectiva sepa ¿Qué
presidente de México lo hizo? “Egocentrismo, vanidad, banalidad” Han pasado los
años y quizás “Yo” no tengo el valor antiguo de la crítica sarcástica sobre
todo en consideraciones profundas que logren encaminar a la educación Universitaria
por caminos menos tortuosos y más bien creo que vamos en la misma dirección de
siempre pero que ayer como hoy le llamamos maravilla a la mexicana mediante
discursos que se pronuncian llenos de fe, pero faltos de imaginación, llenos de
intereses y faltos de compromiso.
El juicio final de esta
sociedad es que “Es más de lo mismo” y los discursos son meras declaraciones de
buena fe por lo que no debe sorprendernos nada de lo que se diga que se está
haciendo en el gato pardismo educativo. Hacer una reflexión general o un examen
amplio sería un compromiso que no debería marcarnos el rostro de rubor por las
equivocaciones que en esta materia se siguen cometiendo en nombre de la
política en lugar de en nombre de la sociedad y la cultura, estas cosas deben
repensarse y no estar adivinando o recibiendo instrucciones, sino que se nos
refresque la memoria sobre la sociedad y el país que deseamos. Una educación y
cultura llena de buenas intenciones y sencillamente faltante de oportunidades
ante una juventud despreocupada y un gozo gubernamental por lo mismo.
Una Universidad sin
proyectos productivos para su oferta en
carreras “Ilusionista” tres años en pre escolar, seis en primaria, tres
en secundaria, tres en bachillerato y cinco años en la Universidad (20 años,
preparándose para ser improductivos ante la falta de oportunidades), en vela
estudiando y perdidos en las aulas sin objeto alguno, ausencia de visión
respecto al futuro “Sueños irrealizables” Tal vez a los gobiernos le cuesta
trabajo satisfacer o instrumentar las exigencias que llenen las expectativas o
falta de vigor en quienes llegan a puestos de representación popular que de
cierto modo y se llenan de frustraciones ante el contraste de no contar con un
título que fue su sueño y su malogro para poder volar en sus obstáculos
inexplicables por la vida.
Cuento con numerosos
recuerdos en mi paso por la Universidad, un paso inocente lleno de
experiencias.- Cientos de amigos que concebimos la misma carrera y decidimos al
mismo tiempo inscribirnos en aquel lugar pero que cada uno desde su tierra
natal lo había pensado por su cuenta “Insólita coincidencia” Fundamos nuestra
propia generación, esa pequeña sociedad identificada en un momento y en un
espacio por mera coincidencia, formada por compañeros, con el fin de ser profesionistas
y vincular nuestras tendencias productivas en la medicina veterinaria. De ese
modo nos fuimos vinculando, vigilando los que avanzaban y reprobaban en una
sana convivencia y una crítica saludable y en realidad el éxito fue tal, que
nos hizo recordar con sensación de gratitud, el día de la graduación con la
mayor solemnidad de aquel momento, sin saber si nos volveríamos a ver.
Una generación que se
hizo el propósito final de reencontrarnos cada año venidero y que ya
encarrilados nos sentíamos inspirados para salir a comernos el mundo.
Inspirados para adoptar una misma decisión.
La verdad es que no cumplimos aquella promesa con el suficiente rigor;
pero precisamente porque teníamos en la conciencia varios pecados de omisión,
decidimos poco a poco retirarnos unos de otros, obedeciendo a la ley natural de
que los sentimientos lejanos dejando de fluir con esa fuerza que el propio
impulso les otorga por gratitud de correspondencia.
No fue fácil, ya que
precisamente aquel día la numerosa y alegre compañía de estudiantes recién
convertidos en médicos veterinarios zootecnistas, que nos impedía volar, nos
dio mucho que hacer, y se aferró con todas sus fuerzas a todos los hilos que
podían mantenernos arriba en el ánimo. Nuestra generación, se había pactado
para reunirnos en los años venideros en una reunión solemne de recuerdos, más
al final la promesa fue solo eso enviándonos al mundo del trabajo con el mejor
recuerdo posible en aquella despedida.
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