LAZARO CARDENAS DEL RIO
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado
y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
No hay duda de que Lázaro
Cárdenas fue el ex presidente más respetado de todos. Incluso, después de
muerto. Y por ende, su compañera, doña Amalia, prolongó ese estatus de respeto
y de dignidad durante su vida. Para algunos, su larga vida fue posible gracias
a esa laxitud espiritual que la hizo sortear con donaire los peores momentos que
le tocó encarar. Una a una, fueron muriendo las Primeras Damas que le
sucedieron: doña Soledad de Ávila Camacho en 1955; doña Beatriz de Alemán en
1983; doña María de Ruiz Cortines, en 1973; doña Eva Sámano de López Mateos, en
1969; doña Guadalupe de Díaz Ordaz, en 1972, y más recientemente, doña Carmen
Romano. Se dice que las comparaciones son odiosas.
Y lo son, creo yo, cuando se hacen con un
sentido peyorativo hacia alguien. No así en el referente de una personalidad
fuera de serie, como la de doña Amalia. Como decía, ella no fue acosada por las
malas famas. Todo lo que le rodeaba inspiraba respeto. Incluso, de ella se
hablaba con cierta devoción en sectores de la derecha. Y de su esposo, el ex
presidente, lo menos que se ha dicho es que fue un estadista completo.
Fundamentalmente, doña Amalia vivió una larguísima viudez fortalecida por el
enorme recuerdo de su marido. Algo que muy pocas ex primeras damas pudieron o
pueden presumir.
El caso más conocido por las nuevas
generaciones fue el de doña Carmen Romano, cuyo marido fue incapaz de vivir una
vejez con dignidad. Pocas ex primeras damas se escaparon de la maledicencia
popular. Incluso, en círculos políticos y periodísticos. ¿Cuántas historias no
se tejieron en torno a doña Beatriz Izaguirre, la segunda esposa de don Adolfo
Ruiz Cortines? En este caso, los papeles se invirtieron: mientras él fue un
presidente austero y frugal en su vida personal, ella hizo negocios y llevó una
vida de frivolidad. Otras primeras damas fueron personas dignas, pero agobiadas
por los escándalos amorosos de sus maridos. Tal fue el caso de doña Beatriz de
Alemán, que soportó en silencio los amoríos del presidente.
Los más notorios -por conocidos- los que
sostuvo con la poetisa Pita Amor, con María Félix y con una exuberante modelo
brasileña. Famosas fueron las infidelidades de don Adolfo López Mateos. Doña
Eva, su esposa, jamás le reprochó nada y soportó con estoicismo hasta el hecho
de que su marido mantuviera una relación muy íntima con una joven estudiante
universitaria a quien, se dijo, desposó sabrá Dios cómo. Todo esto no
trascendió hasta mucho tiempo después de su muerte. Ciertamente son escasísimos
los presidentes que se han salvado de dicha fama. Díaz Ordaz, que no era
precisamente un dechado de galanura, protagonizó un célebre romance con
"La Tigresa" Irma Serrano. Una relación que no estuvo desprovista de
episodios tormentosos, como cuando La Tigresa llegó a Los Pinos acompañada de
un mariachi a darle "gallo" a su amado don Gustavo.
Tuvieron que intervenir las
guardias presidenciales para cortarles el paso a la señora y a los mariachis.
Todo esto precipitó la enfermedad de doña Guadalupe Borja, que terminó con su
vida. Se dice que el poder seduce y que trae como accesorio inevitable una
propensión del mandatario a tener relaciones extramaritales. Es posible. Pero
no menos cierto es que, apenas ungido un candidato presidencial, la corte que
le rodea pone a su disposición la tentación de la carne. Luis Echeverría le fue
fiel a doña Esther Zuno, pero por ejemplo El matrimonio Salinas-Occelli terminó
en divorcio. El de López Portillo-Romano, también. Es larga la lista de mala
fama o líos de faldas por los presidentes de México.
Simon Bolívar.- Ningún héroe ha
sido tan desfigurado por el nacionalismo patriota como Simón Bolívar. Para
empezar, Bolívar no nació pobre sino rico, y con orgullo no convocó a la guerra
en busca de fortuna, sino de trascendencia y de gloria. Sus antepasados habían
sido jugosamente recompensados por la Corona Española gracias a distintos
servicios. La infancia del Libertador -como la de Jefferson o Washington- fue
abanicada por esclavos como correspondía a los venezolanos de su época y
condición social. ….Es totalmente falso ese proto marxismo que intentan
vendernos los seguidores de los ideales bolivarianos. De inicio, el problema
racial obsesionaba a Bolívar.
Quería evitar, a toda costa, la guerra de
clases y de colores. Ni en su condición ni en su filosofía política tenía la
idea de acabar con los ricos y poderosos. Su gesta nace, sobre todo, de la ideología
de los criollos, es decir, de los hijos emprendedores de la España imperial en
las colonias. Por otro lado, Bolívar no fue antecesor de ningún tipo de
antiimperialismo contemporáneo. Su batalla contra España no era una lucha
contra lo extranjero, ni contra Europa, pues a ese mundo debía todo aquello por
lo cual combatía. Aun cuando el colonialismo español era un residuo de una
época anterior a las ideas libertarias de la Ilustración que se resistía a
ceder al paso de los tiempos, el levantamiento de los independentistas fue, en
su caso, un gesto de reconocimiento a las reformas liberales españolas a manos
de Fernando VII (quien luego retornaría al absolutismo) amenazadas por el
imperialismo francés de Napoleón.
Hasta en su campaña militar fue
Bolívar un deudor de Europa y de España. Sus ejércitos estaban llenos de
mercenarios europeos, como lo demuestra la famosa Legión Británica que
participó en tantas de sus batallas y en no pocas de sus hazañas, mientras
buena parte del patriotismo población autóctona peleaba del lado de la Corona
española, especialmente en Venezuela y Perú.
No sólo eso. Su fascinación por
Estados Unidos y su Constitución tras su viaje a Boston, Filadelfia, Columbia y
Charleston en 1806, se plasmaría en su credo. Los independentistas, para acabar
pronto, eran partidarios de lazos estrechos con Gran Bretaña y Estados Unidos.
Se olvida con frecuencia que Bolívar celebró, junto con la mayoría de los
independentistas latinoamericanos, la Doctrina Monroe de 1823 como una
salvaguarda contra el peligro de nuevas intervenciones europeas en las
Américas.
El que Estados Unidos fuera la
primera potencia extranjera que reconociera a las juntas revolucionarias en
plena ebullición, tendría la eterna gratitud de Bolívar y los suyos. Por si
esto fuera poco, no sólo en lo político Bolívar y sus compañeros eran
partidarios de lo extranjero, sino también en lo económico. Ahí donde
establecían su dominio, una de las primeras medidas era abrir los puertos al
mercado mundial. Bolívar, evidentemente, tenía poco que ver con el marxismo si
sumamos la opinión que el propio Marx tenía del Libertador en una carta a
Engels, con cierto tono racista y ardor pasional: "Es absurdo ver a este
canalla cobarde, miserable, ordinario, puesto por las nubes como si fuera Napoleón".
Si Bolívar creía en todo lo anterior, y si en el famoso discurso de Angostura
alertaba contra el peligro de depositar demasiada autoridad en un solo hombre,
¿en qué se parecen, pues, los ideales de Simón Bolívar y de Hugo Chávez? En
nada.
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