REPROBAR PRODUCE PLACER
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado
y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Dice el dicho popular
“Nunca dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” Podría asegurar que esta
tendencia es general en la población , es decir nos gusta y disgusta dejar
fuera las tareas que nos resultan más latosas o enfadosas, pero que al final
terminamos haciéndolas “Nos, gusten o no” Y esto se debe al grado de
insatisfacción que nos produce el prestarles tiempo y es por eso que las vamos
sustituyendo con la esperanza de que al final logremos evadirlas y dejarlas de
lado, por otras más agradables y cómodas. Quienes entienden de estas cosas
opinan que es una situación patológica y que está causada por la ansiedad que
nos genera el tener que hacer frente a una tarea que exige un gran esfuerzo,
probablemente por un perfeccionismo extremo que genera un gran miedo al
fracaso.
Pero esos que dicen que
saben de esto también la relacionan con trastornos del autocontrol. En
cualquier caso, y sin llegar a extremos patológicos, todos somos en alguna
medida desentendidos, y en estos tiempos en los que no hace falta levantar los
glúteos del asiento para dejar de lado nuestras obligaciones y navegar a mundos
virtuales más relajados y placenteros, me temo que esta tendencia anda al alza.
Y ¿saben porque aseguro lo anterior? Un reciente estudio realizado sobre 119
estudiantes universitarios entre los que resulta fácil encontrar expertos en
disimular y dejar de hacer las cosas y esa tendencia a demorar las tareas y la
mayor o menor proclividad a perdonarse a sí mismos por dichas faltas de cumplimiento.
Bien es sabido que cuando no somos cumplidores
tendemos a culparnos y flagelarnos por este incumplimiento –con la excepción de
los carpinteros que deben estar hechos de otra pasta, o madera-, y que este
sentimiento de culpa puede llegar a bloquearnos, con lo que la apatía o
des-obligación para cumplir con lo que tenemos asignado aumenta. Los autores
del estudio plantearon la hipótesis de que el acto de perdonarse a uno mismo
por el retraso en las obligaciones podría reducir el malestar generado por la
culpa, y motivar al sujeto a llevar a cabo un cambio en el comportamiento
implicado con el empleo de estrategias de acercamiento o afrontamiento de los
asuntos pendientes, y rompiese la tendencia a continuar evitándolos.
Pues bien, los resultados
del estudio llevado en la Universidad canadiense de Carleton dieron apoyo
empírico a esta hipótesis, ya que los sujetos que mostraron una mayor tendencia
a perdonarse a sí mismos por las “ Materias reprobadas” obtenidas en el primer
cuatrimestre, mostraron una menor tendencia a volverlo hacer en el segundo
cuatrimestre, es decir tal parece que llega el momento que se toma como un paso
obligado a ser desobligado o darle la vuelta hacer las cosas pendientes y
seguirán evitando hacer lo que tienen que hacer es decir sus tareas.
En fin, parece que, si
bien el responsabilizarnos de las consecuencias de nuestra irresponsabilidad es
importante para un cambio de conducta, el sentimiento de culpa excesivo no
parece ayudar demasiado, sino más bien todo lo contrario. Y es que, otra vez,
“con Don Quijote nos hemos topado”. ¿Por qué duermen más los adolescentes?
basta con pasarse por la puerta de un instituto a la hora de la entrada para
leer en las caras de los adolescentes la falta de sueño que arrastran.
Muchos no comienzan a
espabilarse hasta bien entrada la mañana, y la mayoría parecen más despiertos
en las horas vespertinas imitando a los tecolotes “Búhos”. Este fenómeno tiene
su explicación, y es que cuando llega la pubertad se produce un cambio acusado
en los ritmos circadianos de sueño y vigilia que no suele pasar inadvertidos
para quienes conviven con ellos.
Estas alteraciones, que
son el resultado de cambios puberales en la secreción de melatonina a lo largo
del día, hacen que los jóvenes no sientan deseos de irse a dormir hasta bien
entrada la noche, y que, por lo tanto, por las mañanas también sientan la
necesidad de permanecer en la cama “un ratito más”. Es decir, se produce un
retraso en el sueño por causas fisiológicas.
Contrariamente a lo que
podría pensarse, tras la pubertad no disminuye la necesidad de dormir, y la
mayoría de especialistas consideran que el número conveniente de horas que debe
dormir un adolescente debe ser de 9 horas o más. La pubertad es una etapa de
importantes cambios en los que se produce una aceleración en el crecimiento
físico y una importante maduración en la corteza cerebral, aspectos ambos que
requieren de un periodo de sueño nocturno prolongado.
Cuando éste es
insuficiente pueden producirse importantes alteraciones en el desarrollo, como
consecuencia del déficit en la secreción de la hormona del crecimiento, que
incluso lleguen a ser irreversibles. En un estudio que hemos llevado a cabo
sobre 4000 adolescentes de edades comprendidas entre los 13 y los 17 años, les
preguntábamos, entre otras cosas, por el número de horas que duermen los días
de clases. Los resultados, nos arrojan que solo un 12%, de ellos duerme 8-9
horas.
Estos resultados no
fueron inesperados, ya que el inicio de la Educación Secundaria/Bachillerato,
suele conllevar un adelanto en la hora de comienzo de las clases en colegios e
institutos que, además, suelen estar más alejados de casa y precisar de un
traslado algo más duradero que las primarias.
Así, es usual que las
clases comiencen a las 8 para el alumnado de secundaria mientras que los más
pequeños (Jardín) se incorporan a las 9.30. Esto supone una importante falta de
sueño con consecuencias que están bien documentadas (disminución de la
motivación, falta de atención, escaso autocontrol, dificultades en el aprendizaje
y la memoria), algunas de ellas relacionadas con la inmadurez de la corteza
pre-frontal.
En nuestro estudio
aparecieron correlaciones significativas entre la falta de sueño y algunas
variables, tales como los problemas de conducta, el pobre rendimiento
académico, los síntomas depresivos, la baja autoestima y satisfacción vital o
el consumo de sustancias.
Aunque se trata de correlaciones que no nos
permiten asegurar que sea la falta de sueño la causante de estos desajustes,
hay razones suficientes para la preocupación, que deberían llevar a la
Administración a cuestionar si tiene sentido mantener unos horarios escolares
que parecen más adaptados a las necesidades del profesorado que del alumnado.
También sería necesario saber si una buena siesta puede compensar la falta de
sueño nocturno, de momento hay algunas dudas al respecto. La memoria colectiva
nunca ha sido un registro fiel de la historia.
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