FARO
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado
y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
En el siglo XVII no eran todavía
los faros más que hogueras de madera de carbón que ardían en tederos o bien
hermosas lámparas encerradas dentro de linternas de vidrio hasta que en 1782 el
ingeniero Teulère reemplazó tan imperfectos medios por lámparas de reflectores
parabólicos. En el siglo XIX, la iluminación de los faros dio un paso inmenso
con la invención por parte de Fresnel de los lentes de escalones, compuestos
por un vidrio central de forma ordinaria rodeado por una serie de anillos de
poco espesor cuyo perfil es de tal manera que todos tienen el mismo foco
principal.
Al mismo tiempo inventó Fresnel
con Arago las lámparas de torcidas concéntricas que producen una intensa luz
equivalente a muchas lámparas Cárcel. En épocas anteriores, los faros tenían un
guarda faros que acostumbraba a vivir en el mismo faro, y que debía ocuparse
del mantenimiento y de la limpieza del faro, sobre todo de las instalaciones
lumínicas. Actualmente, los faros que siguen en uso son operados en su mayoría
de forma automática, y vigilados a distancia. Fue construido por el arquitecto
Sóstrato de Cnido por orden de Ptolomeo II en la isla de Faro (Pharos), frente
a Alejandría.
Consistía en una gigantesca
torre sobre la que una hoguera nocturna marcaba la posición de la ciudad a los
navegantes, dado que la costa en la zona del delta del Nilo es muy llana y se
carecía, por tanto, de cualquier referencia para la navegación marítima. Su
altura alcanzaba los 134 metros y en su construcción se utilizaron grandes
bloques de vidrio que fueron situados en los cimientos para evitar la erosión y
aumentar la resistencia contra la fuerza del mar.
El edificio, erigido sobre una plataforma de
base cuadrada, era de forma octogonal y estaba construido con bloques de mármol
ensamblados con plomo fundido. En la parte más alta un gran espejo metálico
reflejaba la luz del sol durante el día, y por la noche proyectaba la
luminosidad de una gran hoguera a una distancia de hasta cincuenta kilómetros.
Junto con la Gran Pirámide de
Giza, el faro sobrevivió al resto de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo.
Sin embargo, fue severamente dañado por los terremotos de 1303 y 1323 hasta el
punto de que el viajero árabe Ibn Battuta escribió que le había sido imposible
entrar en las ruinas. Los restos desaparecieron en 1480 cuando el sultán de
Egipto Qaitbey empleó los bloques pétreos de las ruinas para construir una
fortaleza en el lugar.
Pharos dio origen a la palabra
«faro» en la mayor parte de lenguas romances: castellano (faro), catalán (far),
francés (phare), gallego (faro), italiano (faro), portugués (farol) y rumano
(far). El Faro de Alejandría, una de las Siete Maravillas del Viejo Mundo,
esconde tras de sí una leyenda de las que pocos somos conscientes.
Este faro fue construido en el siglo III antes
de Cristo en la isla de Pharos, en la citada Alejandría, su principal función
era convertirse en punto de referencia del puerto y después como faro en sí,
con una altura que se estima entre los 120 y los 150 metros. Se dejó escrito
que su funcionamiento consistía en una gran hoguera que marcaba la posición de
la ciudad a los navegantes durante la noche, con un gran espejo metálico en lo
más alto que reflejaba la luz durante el día.
Y aquí entra el misterio, la
astucia, la picardía en cuanto a su verdadero uso como arma de guerra porque
según encontré un testimonio como el del granadino Hasan Bin Muhammed, nacido
allá por el año 1488, y fue más conocido como “León el Africano”, Nos dice que
el gran espejo del Faro de Alejandría no sólo servía para convertirse en punto
de referencia para los navegantes, sino también en su perdición ya que su gran
espejo servía para detectar y quemar los barcos enemigos que se acercaban al
puerto, utilizando el espejo con un efecto de lupa que hacía arder las velas de
las embarcaciones que osaban enfrentarse a esta mole de mármol. El problema para
resolver este enigma estriba en que los restos del dichoso faro no parecen por
ningún lado y en esta forma pues resulta complicado saber cuánto de cierto hay
en ello.
Puede que los propios
“alejandrinos” contaran esta historia para asustar a los asaltantes, o puede
que los conocimientos sobre la tecnología en la antigüedad que últimamente se
están descubriendo fueran más allá y crearan esta sofisticada arma defensiva.
Sin embargo yo en lo personal no descarto esta hipótesis y lo hago basado
simplemente en Arquímedes en una leyenda en donde este sabio, junto a un
consejero del rey Hiero, consiguió hundir una flota entera de barcos romanos.
Este hecho sucedió durante el sitio de Siracusa, cuando los romanos pretendían
invadir la isla de Sicilia en el año 213 A.C.
Y para lograr esta hazaña, Arquímedes, uno de
los más grandes matemáticos de la historia, junto a su ayudante construyó
algunos espejos gigantes de bronce o de cristal que enfocados a las naves
romanas, las incendiaron y hundieron. Muchos años después, un grupo de
investigadores y científicos de la Massachusetts Institute of Tecnología y de
la Universidad de Arizona intentaron reproducir la citada leyenda y para ello,
se desplazaron a la bahía de San Francisco, al oeste de los Estados Unidos, y
reconstruyeron un espejo de 300 metros cuadrados, también de cristal y bronce.
Seguidamente, enfocaron el gran
espejo a un barco viejo que tenían anclado en el océano a 45 metros de
distancia del espejo.
El rayo de sol reflejado causó un pequeño
fuego en la embarcación, pero se extinguió rápidamente. A continuación,
acercaron el espejo al barco, y aunque el incendio fue mayor, tampoco consiguió
extenderse. Así, demostraron que el mito, en este caso no es cierto, aunque
según los propios investigadores, tratándose de Arquímedes no se puede
descartar nada ya que según se lee con respecto a sus famosas matemáticas este
si pasaba fácilmente la prueba enlace o pisa sin rubor o miedo a ser
cuestionado. Bueno recomiendo medir las malas expresiones para con las personas
y ante esta solicitud les expongo una pequeña pero significativa anécdota.-
Resulta que en octubre de 1793 llegaron al puerto de Génova varios buques de
guerra españoles e ingleses (sí, eran aliados por una vez, aunque mal avenidos
todo sea dicho).
El caso es que en dicho puerto neutral había
una embarcación francesa llamada Modesteè. La tripulación Francesa al ver como
algunos barcos de otra nacionalidad estaban junto a ellos se puso a maldecir,
insultar y gritar toda clase de barbaridades que puedan ser oídas con molestia
hasta por un sordo. Los comandantes españoles e ingleses en un principio
hicieron oídos sordos a los improperios lanzados por los franceses. Pero la
paciencia tiene un límite y viendo el Capitán de un buque inglés que los
"frogs" (como así llamaban los ingleses a los franceses) no paraban
de soltar lindezas por la boca, precisó oportuno contener tal denigrante
verborrea.
Así que ni cortó ni perezoso les
hizo fuego y se lanzaron todos al abordaje, con sable en mano, por la
maleducada tripulación francesa. Tomaron prisioneros a los franceses, rasgaron
la bandera de la Convención y trataron al buque francés como presa de guerra.
Quien les iba a decir a los "gabachos" (como así llamaban los
españoles a los franceses) que unos ingleses les iban a dar una lección por la
falta de educación y modales.*(Fuente: Gaceta de Madrid del 1 de noviembre de
1793)
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