DENUNCIA PÚBLICA
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Yo sé que los países buscan atraer inversión
extranjera. La razón de esto suena simple: se consiguen capitales extranjeros y
se crea infraestructura en el país. Además, se generan empleos y pareciera que
toda esta idea es genial. Sin embargo, si se piensa un poco más, la inversión
extranjera no parece ser una buena idea. Voy a explicar el porque, antes aclaro
“No, soy economista” imaginemos que alguien en el extranjero decide invertir en
México (País) en algún negocio. Viene al país, trae su dinero y pone, digamos,
una cadena de establecimientos (por ejemplo restaurantes, se la parte a los de
aquí los cuales tienen que cerrar) en donde da empleos a cientos de personas,
mexicanos en general.
El
inversionista puso dinero pero ¿para qué? ¿Para ayudar al país? No, sin duda
no. Puso dinero porque en el fondo busca recuperarlo a corto/mediano/largo
plazo y además, obtener utilidades por el negocio emprendido.
Entonces, ¿porque tantos beneficios que no se otorgan
a los nacionales en igualdad de circunstancias, como excusión de impuestos y etc.?
Entonces, a la larga dicho inversionista habrá hallado una ganancia neta que
sobrepasará a los gastos de la inversión y los que se generen por el desarrollo
de las empresas que se pongan. Probablemente ese inversionista, si no vive en
México (País), se llevará las ganancias al país donde vive, así como el dinero
que invirtió y que ya habrá recuperado, por lo que al final del día, con este
razonamiento, lo único que pasa es que el país se empobrece pues sale más
riqueza de la que se captó con dicha inversión del extranjero y dejo sin
capital a los locales al tronarlos en competencia dispareja propiciada desde el
mismo gobierno “La Malinche”.
Si esto es así, y de verdad no encuentro razones para
que no lo sea, entonces la inversión extranjera no es la mejor idea para que un
país se desarrolle. ¿En qué estoy mal? Que alguien me explique, por favor.
SUR de Sinaloa.- Cualquier ciudadano que lea este
artículo puede preguntar a su médico de cabecera ¿Qué hace cuando desde un niño
hasta un anciano muestra alguna patología psiquiátrica? ¿Qué centros hay de
referencia para diagnóstico o Urgencias? ¿A quién acudir, en donde encuentro el
apoyo que ocupa la persona? Esto es una situación de emergencia social, al no
existir en el sur de Sinaloa un lugar profesionalmente capacitado para atender
los cientos de personas que padecen este tipo de trastornos y en áreas como la
capital las denuncias van en el sentido de que se encuentran saturadas.
Es evidente el abandono que las personas enfrentan en
este sentido y que cada vez la población se está viendo más afectada pudiéndose
pensar en un 10% de la totalidad. La red de salud pública no cuenta con este
servicio mientras los trastornos siguen aumentando todos los años, se continúan
diagnosticando jóvenes, que sufren además otras patologías, mentales u
orgánicas, donde la falta de profesionales especializados, recursos adaptados y
coordinación en las intervenciones de los profesionales generan situaciones
límites, soluciones inadecuadas y un gran sufrimiento de esos pacientes y el
agotamiento de familias incomprendidas y angustiadas que sienten vergüenza que
la gente sepa que su hijo(a) padece una situación de este tipo.
Los problemas de adicción a drogas y alcohol, cuadros
de larga duración y gran impacto social carecen de un plan de atención
especializado. Con frecuencia estos problemas se asocian con otros trastornos
mentales graves. Los trastornos de personalidad se han convertido en un grave
problema de enfermedades mentales, pacientes con una gran afectación en su vida
diarias preciso que el sistema de salud asuma la salud mental como una
prioridad. En la cárcel alrededor del 35% de los presos tiene trastornos
mentales y se encuentran revueltos con otros criminales.
A veces la falta de atención sanitaria y social los
conduce a situaciones judiciales que sustituyen la inoperancia de una respuesta
pública, flexible y ágil. La propia enfermedad, la calidad de vida de los
pacientes y los propios tratamientos conllevan la rápida degeneración de su
salud. Los malos tratos, la violación a niños, así como la mortalidad por
suicidio se ha convertido en la actualidad en la principal causa de muerte,
superando a los accidentes de tráfico. Además, las enfermedades mentales se
están convirtiendo en la mayor causa de discapacidad en nuestra sociedad.
Lentitud, tecnocracia y sobrecarga de las familias,
que piden medidas racionales como una coordinación única, ubicada en la Sanidad
Pública, que cuente con profesionales especialmente preparados para atender
esta problemática, son algunas de las tantas reclamaciones que la sociedad en
su conjunto hace o reflexiona cuando ve por las calles deambular indigentes con
problemas de este tipo “Abandonados, mugrosos, demacrados, con la vista perdida
y en donde sus familiares prefieren darles calle a enfrentar la situación para
la cual no tienen los recursos y mucho menos están preparados y asimismo traen
de otras ciudades a tirarlos aquí. La valoración de necesidades y recursos, de
pacientes crónicos es ahora mismo como la pelota de ping pong entre Salud y
Bienestar Social que todos se avientan y que nadie cacha, fragmentando siempre
la respuesta mientras la sociedad lamenta sus consecuencias inmediatas “Jóvenes
muertos en la violencia”.
En el mejor de los casos cuando existe un recurso
adecuado nos encontramos que no existe un lugar a donde llevarlos para que
realmente sean atendidos y no solo sea un lugar en donde los encierren como
cárcel, los maltraten, los violen, mueran los elefantes y en el peor de los
casos el enfermo cae en manos de charlatanes recetadores de pastillas para los
nervios que no contribuyen en su recuperación y si en su muerte lento por
intoxicación de órganos vitales.
El sistema de derivación de pacientes es lento desde
Atención Primaria, se pierden meses tratando como depresión los que son otras
patologías graves. Faltan decisiones ágiles y simultáneas, faltan hospitales de
este tipo en la zona sur, es urgente se atienda. En la práctica los condenan a
un perverso juego de obstáculos administrativos y decisiones discrecionales.
Los poquísimos profesionales públicos están saturados con mucho trabajo
burocrático y escaso tiempo para valorar adecuadamente a los pacientes.
La demora en el
acceso y los obstáculos administrativos son uno de los problemas más
angustiantes para pacientes y personas que necesitan agilidad y atención
profesional. El resultado son profesionales apáticos, cansados, asqueados,
pacientes y familias desbordados y destrozados. Se tiende a paliar todo esto
con un uso discrecional de psicofármacos que no puede sustituir a los programas
integrales de tratamiento. En este sentido expongo la necesidad de mayor
responsabilidad directa del sector público sanitario. La salud mental tiene que
lograr espacio en la agenda de prioridades.
A pesar de la magnitud, cada vez mayor, los trastornos
mentales y quienes lo padecen siguen siendo invisibles y la mayoría de los
pacientes acaban en sus casas hasta la muerte propia y la de sus familiares.
Dada la urgencia del tema, y ante la crisis que padecemos pido prioridad para
esto, sobre otros proyectos. Considero que es tiempo sin excusas de analizar la
repercusión que tiene la enfermedad mental en el ámbito familiar, vecinal y
social y las trágicas consecuencias que tiene su tratamiento (prisión,
suicidios, violaciones, mal trato).
Es preciso que el Servicio de Salud (IMSS, ISSSTE,
SSA) asuman la salud mental como una prioridad. Hay que dotar de recursos
económicos y humanos; hay que empezar a hacer cosas en el campo de la
prevención… Es necesaria flexibilidad, agilidad en el acceso, especialmente en
estos casos; especialización en la atención a los grupos de mayor riesgo y
complejidad (duales y personas con retraso mental)… Los problemas de salud
mental en personas mayores, merece un artículo aparte por su gran importancia
ante la falta de especialistas y hospitales geriátricos.
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