domingo, 14 de diciembre de 2025

 

CONFESIONES DE MARTHA

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano – FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que tenía unas carencias increíbles para enfrentar mis decisiones en una relación. En mi adolescencia cada día intentaba desesperadamente aferrarme a la voluntad que manifestaban mis diferentes relaciones. Tuve novios volubles, caprichosos, frívolos, controladores, vacíos, y con cada uno tuve que probar como iba mejorando mis técnicas de seducción y manipulación.  A veces utilizaba la técnica “De lo que se me ocurra, o la de ahí se va” Creó que no todos fueron malos, ni buenos, y que mi principal motivación para no quedarme sola y ser víctima de las burlas y chismes de mis amigas aguantaba con la intención de no perder la relación.

No puedo decir que fracase con todos ellos, ni que triunfe, sino que fui aprendiendo a ser mujer. A veces me comportaba como una chica mimada, en otras era una leona, y en unas más la chica madura que se comporta adecuadamente y da consejos. Fui la que consoló cuando me necesitaban, la sabia que servía de guía para resolver problemas personales, y en ciertas ocasiones asumía la actitud de chica encantadora que no rompía un plato. Me transformaba en esa chica dulce, seductora, encantadora, irresistible a la que ese joven deseaba locamente abrazar. Quiero reconocer que en ocasiones se me paso la mano y me vi convertida en la mama, y en refugio de su rincón de lágrimas ¿Qué adolescente, no amaría a una chica así?

En aquel momento hasta llegue a pensar en quedarme en esa posición para que cualquier chico que me atrajera no pudiera vivir sin mí. En mi adolescencia pude ver que algunas de mis amigas no eran capaces de mostrarse tal cual eran, y estoy de acuerdo en que a esta edad son muy pocas las que tienen la oportunidad de expresarse libremente debiéndose al tipo de educación que recibimos desde niñas basada en reprimendas, restricciones mientras vamos arribando a la adolescencia y por todos nuestros poros sacamos el olor a nuestra sexualidad.

Son nuestras madres quienes se encargan de irnos dirigiendo en todo, y eso nos protege, pero a la vez nos priva de la posibilidad de experimentar para aprender por propia experiencia. Es la edad en donde los deseos de mujer florecen, y a la vez brota el desequilibrio mental por lo aprendido en las costumbres, lo religioso, el comportamiento de nuestros padres, hermanos varones. Es un desequilibrio entre rol, deseo, supresión, control, prohibición. Una amiga recuerdo que me dijo un día “Mi novio es un inmaduro, a veces pienso en dejarlo, pero me detengo pensando que estoy enamorada, y termino por reírme con sus babosadas”

Me dijo que la ponía de mal humor, y que en otras la buscaba para que lo consolara, que no sabía qué hacer con él, pero al decírmelo no dejaba de estar atenta al teléfono, y los recados de su enamorado. Sonreí al pensar que su actitud correspondía a una niña caprichosa y controladora, y no a una adolescente en busca de ir madurando. Mi reflexión fue ¿Para qué darle tantas vueltas al piso si sabes que esta disparejo? Creó que en el fondo disfrutaba ese tipo de relación y hasta le producía placer por muy molesta o agraviada que se mostrara.

No niego que en múltiples ocasiones envidie a mis amigas porque las observaba que se mostraban muy tiernas con ellos, pero yo era una chica a la que le disgustaba ser mimada, me molestaba que no me dejara respirar estando encima de mi como si me obligara a estar todo el tiempo al pendiente de sus asuntos. Nunca creí que el cielo se me caía si no tenía un chico siguiéndome los pasos, tampoco duraba mucho en una relación, sino que lo media gradualmente y al darme cuenta de lo que no me gustaba se lo hacía saber y “Adiós pajarito” Fue en esta forma en la que fui adquiriendo confianza, seguridad en mi misma, cualquiera que anduviera conmigo debía saber en corto tiempo que “Yo” no era su madre, y que además no permitiría que intentara llevarme a sus bajos instintos” –“Principio de dignidad”

 ¿Cómo una mujer que empieza a vivir se va a dejar manosear por un mocoso que anda más preocupado por sus hormonas que por madurar? Entiendo que las costumbres han ido cambiando, pero creo que la dignidad y el respeto para una mujer no debe cambiar, y si eso sucede con un chico, si es motivo para preocuparse. Ya que no se trata de lograr el encanto femenino sino llevarte a una relación que puede ser negativa para el resto de tu vida. Y, eso es lo que pienso, por muy atractivo que sea el chico. “Ojos vemos, corazones, no sabemos” – “Palo dado, ni Dios lo quita” - ¿Qué sucede un día despues? Resulta que llevabas mucho tiempo saliendo con ese chico, pero despues de la intimidad el trato cambia por completo iniciando el proceso del final en esa relación.

El chico deja de reconocer los encantos de la chica, hoy la ve inferior a otras, y si la chica insiste en que está cambiando de actitud hacia ella, el chico se ríe, se burla, le dice que tiene tal o cual defecto “Conversación áspera” Ella se arreglara con mayor esmero para atraerlo, pero recibe baños de agua fría hasta que la va frustrando haciéndola sentir que sus encantos femeninos han desaparecido como por arte de magia.

La chica se siente tan mal que se va obsesionando con que todos los hombres son iguales de estúpidos, y solo buscan intimidad. Sufre y cae su autoestima. Algunos de estos jóvenes no niegan el encanto de su novia, se sienten satisfechos con la entrega recibida, pero no quieren ningún tipo de obligación, mucho menos afrontar problemas por lo optan por ya no ser tan cariñosos, y la chica comienza a dudar.

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