ODIO A LA CLASE POLITICA
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado
y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Algunos funcionarios públicos usan su poder para conseguir trabajo para sus familiares, mientras que algunos empresarios se valen de sus conexiones políticas para dominar el mercado, lo que lleva a la gente común a lamentarse de que el trabajo es duro, y mal pagado. La exigencia de contar con mayores recursos económicos por parte del estado exprime constantemente el margen de supervivencia de las pequeñas y medianas empresas, y la riqueza se concentra rápidamente en manos de los funcionarios públicos y la élite. Tanto los funcionarios del estado como los adheridos a estos funcionarios dedican la mayor parte de su tiempo en manipular las masas, creando falsas esperanzas y profundizando aún más la desilusión de la gente.
Cuando la gente descubre que el trabajo duro no necesariamente conduce a la riqueza y que obedecer la ley no garantiza la seguridad, su confianza en el sistema existente se derrumba gradualmente y descargan su resentimiento en las imágenes simbólicas de funcionarios corruptos, y empresarios ricos. Idealmente, todos anhelamos una sociedad justa y transparente, con la esperanza de un gobierno honesto por parte de los funcionarios y el enriquecimiento legal de los ricos. Sin embargo, siendo realistas, cuando nuestros propios intereses se ven perjudicados, no podemos evitar fantasear: “Si fuera funcionario o rico, quizás podría escapar de mi situación actual” El grito social es “Me opongo a los funcionarios corruptos, pero deseo ser uno de ellos” A menudo, criticamos las normas existentes y, sin darnos cuenta, anhelamos convertirnos en oportunistas dentro de ellas.
A
la gente común le resulta difícil distinguir quién es un buen funcionario de
quién es uno malo, quién se enriqueció por medios legítimos y quién lo hizo por
medios ilícitos. Por lo tanto, simplemente utilizan una insatisfacción general para
simplificar este juicio generalizando que todos los funcionarios son corruptos,
y se han enriquecido del dinero público. Desde ahí nace el deseo de convertirse
en funcionario, y querer enriquecerse. Significa en la mente de quien lo busca la
satisfacción que brinda el poder y la seguridad de la creación de riqueza.
Muchas
personas odian a los funcionarios corruptos, pero en realidad odian no tener la
oportunidad de ser corruptas ellas mismas, y cuando tienen esa oportunidad se
convierten en mucho más corruptos de a quienes criticaban. Este odio, y este
deseo pueden parecer contradictorios, pero en realidad surgen del doble deseo
humano de un estado ideal y de beneficios reales. Se odia, lo que se anhela”
Las personas por naturaleza odiamos a los humanos que tienen ventajas sobre
nosotros “Envidia” Tendemos a compararnos con los demás.
Cuando los privilegios de los funcionarios y la riqueza de los ricos superan la imaginación de la gente común, esta disparidad puede desencadenar fuertes sentimientos de envidia. En la era de las redes sociales, este odio se ha visto incrementado como producto de la in formación que recibimos en donde funcionarios públicos suben videos que nos presumen su riqueza. Recibimos videos sobre sus privilegios, y su falta de perfil profesional para estar gozando de esta situación social. Con sus videos nos demuestran que ellos son los fuertes, y la población en general, los débiles aspiracionistas a funcionario público. Eso genera una constante comparativa en la mente, una envidia oculta en el subconsciente que nos genera el compararnos cada vez que vemos la noticia.
La envidia se va consolidando en nuestra cabeza hasta convertirla en odio. Un ejemplo lo vemos en un trabajador que se parte el alma a diario, pero gana salarios miserables, mientras que ve a un funcionario público que gasta miles de pesos paseándose por el mundo, y además recibe un sueldo millonario por no hacer absolutamente nada, o salir de vez en cuando a declarar su alineación al político en la punta jerárquica. El trabajador inconscientemente se pregunta ¿Por qué, si yo, me parto el alma para que mi familia carezca de lo esencial, y este individuo goza de esos privilegios los cuales obtiene del producto de mi trabajo? Ante la situación su cabeza le genera coraje, ira, desequilibrio psicológico causado por la impunidad de la clase privilegiada. Esta envidia no es del todo racional, pero refleja la sensibilidad del ser humano al ver su privación de lo más elemental, y el ladrón consumiendo el producto de su trabajo honesto.
El odio de la gente no se centra en el poder o la riqueza en sí, sino en que otros obtengan fácilmente lo que ellos no pueden alcanzar. La generación de sensaciones que lo molestan lo llevan a buscar personas que se identifiquen con sus emociones negativas contra ese personaje, y enseguida se pueden dar las movilizaciones en contra del individuo. Todas las personas desean fervientemente ascender socialmente, pero la realidad les golpea de frente. La realidad nos muestra que el estado exige aumento del salario mínimo para controlar las masas, y contar con una narrativa convincente, mientras a los empleados de su gobierno les otorga la mísera de conforme a la inflación anual, lo que conlleva una pobreza disfrazada de buenos propósitos.
En materia educativa la inversión se toma como gasto por lo que el destino de los niños en escuelas públicas, no cambiara mediante la obtención de un título universitario “La educación dejo de ser un vehículo para el ascenso social” Los niños de familias pobres necesitan esforzarse mucho más para obtener las mismas oportunidades que la clase privilegiada. Esta desventaja sistémica genera desesperación por la estratificación de clases, lo que los lleva a depositar sus esperanzas en la fantasía de ascender en la escala social para convertirse en funcionarios públicos y desde allí, enriquecerse. Hoy, los jóvenes estudiantes saben que el esfuerzo académico no da los resultados esperados, y que el hijo o familiar del funcionario público en la cúspide ya les aseguro su destino futuro.
Las clases sociales, y sobre todo los jóvenes estudiantes en universidades públicas temen ver cómo van cayendo al fondo de escalera social y con títulos devaluados acuden a solicitar un empleo que si logran obtenerlo no les dará ni para pagar el autobús a su nuevo centro de trabajo. Por lo tanto, envidian y resienten a los hijos de funcionarios públicos y a los ricos. Lo dijo el Frances, Gustave Le Bon “El odio de un grupo hacia los ricos es esencialmente el miedo a su propia incapacidad para cambiar su destino” Estas reglas injustas actúan en la mente de los jóvenes como los catalizadores para salir a las calles a luchar.
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