MUERTO EN VIDA
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado
y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Creo que la vida ha sido interesante hasta ahora, aunque todavía hay algún deseo en mi corazón, pero no es fácil tener apego; mientras exploro diferentes aspectos de mí mismo, también acepto que otros pueden mostrar cualidades diferentes; algunos límites se están difuminando gradualmente, pero algunos límites se van gradualmente claro; los días aún tienen alegría, tristeza, pero sé que son experiencias igual de importantes. A menudo la vida nos pone contra la pared, y deseamos escapar, pero estamos en tres bolas y dos strikers, solo nos queda enfrentarnos a la pelota siguiente que nos lanzara el pícher. Creo que hasta para el momento de morir debemos mostrar una sonrisa.
Llegas anciano y solo deseas pasar el día sentado frente a un televisor, salir a caminar para ver el mar, sus atardeceres, sentarte en una banca en un parque y disfrutar viendo a los niños jugar. Piensas que tus dias de luchas han finalizado, que lo que conseguiste a partir de ese momento será lo único que tengas para disfrutar tu vejes sin importar la precariedad que enfrentes, solo te basta una cama, un poco de comida y esperar que la muerte llegue, aunque termines sin nada. Ya no te mueve el respeto a tu dignidad cualquier hijo de vecino puede ofenderte. Tu cuerpo está cansado, tus ojos van perdiendo imágenes y ahora ves borroso.
Lo único que permanece dentro de tu cuerpo es tu espíritu, pero el mismo espíritu está cansado cuando observa que has dejado de luchar, que vas permitiendo que las fuerzas físicas de tu cuerpo retrocedan sin que tu estado de ánimo se levante para atajarlas. Has perdido la perseverancia de tu espíritu, ves la vida difícil y con tu edad no eres capaz de querer levantarte “Comenzaste a morir en vida” En este estado de ánimo la nostalgia se apodera de tu mente, recuerdas los sueños rotos con los que has llegado a esta edad, y te preguntas ¡Si, trabaje duro, ¿Por qué estoy en esta situación? ¡No lo merezco!
El refrán popular es sabio al decirnos “Mientras estemos dispuestos a luchar y no rendirnos, el fracaso solo puede quitarnos el resultado, pero no nuestra alma” A veces la verdadera victoria no es la victoria sobre el destino, sino la elección de dar lo mejor a pesar de saber que el resultado es escaso. En ese momento, ya ganamos. Así, que cuando pienses que la vida te lo ha quitado todo, y ya no la soportas, recuerda que los años pueden derribarte, el cuerpo se dobla, pero no serás derrotado si tu espíritu esta fortalecido. Nuestra grandeza no viene del cuerpo, sino del espíritu sano que tenga nuestra alma.
A nadie jamás les permitas que te arrebate tu dignidad por ser anciano. Has llegado a esa vejez por el camino de la vida que elegiste, si fue el correcto o no, a tus hijos y familia no corresponde juzgarte. No esperes siempre que tus hijos te digan que fuiste un buen padre o madre, solo piensa por ti mismo que hiciste lo correcto. Las críticas de nuestros hijos son las primeras que empiezan a vaciar nuestra alma, incluso nos cuestionan sin fuimos o no decentes. Nos señalan encrucijadas de su vida con ellos, las decisiones que tomamos, incluso llegan a cuestionarnos si los quisimos “Nos van vaciando el alma” Así que cuando te cuestionen recuerda que aun en tu alma y espíritu existe la fuerza para derribar sus argumentos.
Los hijos aman los resultados de los demás, pero no los propios, no quieren reconocer que el problema está dentro de ellos en sus decisiones y no en las nutras o en la crianza que recibieron si esta fue decente, correcta, digna, y se les dio la facilidad para que eligieran el destino que deseaban. La vida nunca es una prueba estándar, las respuestas de todos son diferentes. Lo que le conviene a los demás no necesariamente te conviene; lo que es correcto para la mayoría de la gente no necesariamente te trae felicidad. Lo que realmente importa es si puedes ser honesto contigo mismo y recorrer valientemente tu propio camino hasta el final. “No existe un camino correcto, no existe la persona perfecta” Es difícil caminar, pero hay que hacerlo erguido a tu propio ritmo, en tu propio camino. La vida no es suave, emocionalmente estable. Lo mejor de ella es que vaya conforme lo deseamos.
Pero la realidad no es así. Hay malestares, sufrimientos, a menudo repentinamente, que se atraviesan he interrumpen nuestro ritmo. Es inquietante, pero hay que luchar, e incluso ante la duda para encontrarle el sentido de la vida. Es en estos bajones que caemos, cuando tenemos la oportunidad de vernos como realmente somos ¿De qué estamos hechos? Los sufrimientos que vivimos no son agradables para nadie, pero pueden ser un punto de inflexión. Si estamos dispuestos afrontarlos, no solo a mirarlos, escucharlos, no huir. El sufrimiento nos llevará a una comprensión más profunda, a un yo más fuerte. No todo período de sufrimiento trae luz inmediata, pero cada determinación de no rendirse es un paso hacia la razón de vivir.
Así que cuando sientas que el mundo se te vino encima sin merecerlo, no te apresures a salir a gritarlo, no huyas, no te encierres. Tal vez sea una prueba del destino, una puerta que te hará más fuerte y más airoso. Cuando la vida te pone patas para arriba, sientes el caos, tus sentimientos se exacerban negativamente, sientes confusión, no te enfocas el problema sino en preguntarte ¿qué a mí, y no a otro? Pero quejarse o sentirse triste no cambia nada. El verdadero poder es encender las luces de la esperanza en el caos para que se establezca el orden. ¿Crees que rindiéndote se acabó el problema? - A menudo somos tolerantes con los demás y duros con nosotros mismos.
Perdonarte a ti mismo no es lo mismo que evitar la responsabilidad, sino aprender a aceptar tus propias imperfecciones. Es como reparar una grieta, no para negar su existencia, sino para permitir que la luz brille a través de la brecha. Cuando sabemos cómo ser amables con nosotros mismos, tenemos el poder de cambiar realmente.
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