MARTHA A SU 30 AÑOS
DE EDAD
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría
en Desarrollo Humano – FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Tres cosas que entendí después de salir de casa a estudiar. - Sólo puedes recorrer el camino sola, pero el hogar siempre estará esperando a que regreses. En mi juventud, vivía bajo el mismo techo que mis padres y apenas hablábamos diez palabras a la semana. No fue hasta que me fui de casa que me di cuenta de que podíamos hablar de tantas cosas. Descubrí que no nos entendíamos a pesar de vivir bajo el mismo techo, y que solo nos dimos cuenta de lo mucho que nos queríamos después de separarnos. Al volver a casa en vacaciones, me encerraba en mi habitación y no me atrevía a hablar con ellos sobre muchas cosas porque siempre sentía que a ellos les gustaba oponerse por oponerse, y yo a menudo ni siquiera tenía fuerzas para discutir.
A los 18 años, tomé la decisión más rebelde de mi vida: dejar de vivir en la casa que mis padres habían seleccionado mientras estudiaba en la ciudad, pero estaba decidida a vivir sola en un pequeño cuarto en la azotea de un edificio de apartamentos. Lo que siguió fue una discusión muy acalorada con mis padres, pensé que ellos no me entendían, pero al final, me mudé con determinación. Ellos me aconsejaban que me juntara con otras chicas para que rentáramos un apartamento y entre todas nos cuidáramos, pero al ver mi terquedad por fin se rindieron. Ellos entendieron que era mi decisión, y que tenía que asumir las consecuencias desde el primer momento.
Las preocupaciones de mis padres nunca cesaron. Ellos estaban preocupados porque no tuviera dinero para comer y asistir a estudiar, siempre las conversaciones por teléfono se daban en razón del dinero y los consejos para cuidarme en no ser violada.
Al llegar a la mitad de mi vida, me esfuerce por mantener una existencia pacífica, pero en la oscuridad de la noche, me preguntaba ¿Sigo siendo la misma persona que era en mi juventud, o aún estoy a medio madurar? Antes de los 30 años, solía pensar que era una persona sociable y servicial, pero últimamente me he estado aburriendo en mis interacciones con los demás y cada vez anhelo más la soledad. En mi juventud fui una chica llena de energía en el estudio, y siempre me iba bien. Ahora soy propensa a la ansiedad y la negatividad, y a menudo siento dudas. Siempre me he considerado afable y no soy de las que discuten con los demás sobre frivolidades.
Pero últimamente me he vuelto irritable, sensible y me enojo con facilidad, como si todo a mi alrededor se hubiera convertido en una mecha para encender un fuego interior en mi existencia. Soy una chica que respeta las normas y las leyes, pero de repente he sentido esas ganas de que debo actuar junta a la generación joven para impulsar sus ideas y desarrollo. Siendo joven tenía miedo a salir a protestar en las calles, y se debe a que he sido por naturaleza bastante tranquila, pero ahora me conmuevo fácilmente con pequeñas cosas, una canción o una escena, e incluso mis ojos se llenan de lágrimas. Como pueden ver, de repente mi personalidad está cambiando, y quiero dejarlo todo y vivir sólo para mí. Quizás pronto se me pasé, y que este tipo de cambios no aflojen por completo mi personalidad, pero a la vez creo que me estoy dando cuenta como éramos las chicas de mi época, y las actuales.
En aquellos años me sentaba a reflexionar sobre la vida ¿Qué tipo de vida deseaba? Mi filosofía existencial era que la vida ideal es aquella en la que ya no te conviertes en la expectativa de nadie, sino que asumes la plena responsabilidad de tu propia vida. En cuanto a mis aspiraciones para la vida después de que llegara a los 30m años era vivir la vida al máximo y convertirte en la persona que quiero ser. El tiempo voló, y debo aceptarlo, no puedo negarme y admitir que he aprendido en ese camino diversas formas de actuar y de vivir, unas voluntarias, y otras por necesidad. Fui desarrollando una forma de vida sencilla como chica soltera centrada en mi misma. No me importaba conversar con desconocidos, y adoraba cultivar relaciones de amistad. Compartía mi vida sin dar consejos, sin dramas, chismes, aprendiendo a escuchar sin convertirme en pañuelo de lágrimas.
Aprendí que no debía dejar que las emociones ajenas me afectaran, ni debía tomarme sus conflictos como algo personal, solo apoyar de manera optimista sin agobiarme en mis sentimientos. Aprendí a eliminar supuestas amistades inapropiadas y posibles relaciones negativas de manera oportuna. Aprendí a equilibrar mis frustraciones y alegrías mientras estudiaba. Siempre me dije: Despues de un estudio desgastante para un examen viene la vida que necesito para que mi estado de ánimo no muera “Los placeres de la vida pueden permanecer inalterados, y la armonía debe ser la prioridad”
Mi frase favorita era “No te obligues a estudiar, disfrutarlo, no aprendas para complacer a otros sino a ti misma, ya que al final nadie quedara conforme contigo gracias a la envidia, y eso te decepcionara” Creo deberíamos tener expectativas demasiado altas para la vida, sin apostar por lo que los demás digan de nosotras. Eso nos crea ansias entre perder o ganar, entre lo que nos gusta y les complace a otros. De joven trasnochaba, me sobraba energía, podía amanecerme estudiando, y levantarme de ese lugar para acudir a clases, lo mismo podía hacer cuando acudía a una fiesta, pero a los 30 años creo que es tiempo de renunciar, ya no puede mi cuerpo permitírselo, no puede renunciar a sus horas de sueño. - Porque así es mi vida, y nos cobra factura. Fui una chica admirada tanto por mis compañeras como compañeros, pero como dije, no me gustaba darle consejos a nadie.
Cuando llegas a los 30 años y te miras fijamente al espejo piensas en los años que has consumido, tus experiencias, la persona que hoy eres, es decir comienzas a conocerte a ti misma ¿Si, tu como persona no te amas, como puedes amar a otra persona? Y, no estoy hablando de defectos o actitudes que hemos ido normalizando como lo es la pereza, infidelidad, mentiras, celos. No hay necesidad de examinarse con lupa todo el tiempo. Ante ello, reflexiono “No intentes ser perfecta ¡es demasiado agotador!” Me quiero porque me entiendo. Desde los 25 años comencé a escuchar a mis amigas su preocupación por que estaban envejeciendo y no estaban casadas. Con una sonrisa les contestaba “Todas las cosas vivas envejecen, incluso las flores se marchitan, todos morimos y servimos los que no somos incineradas como nutriente de la tierra para que brote nueva vida”
Nacemos, crecemos, envejecemos y morirnos, es el ciclo normal de la ley de la vida” En lugar de preocuparnos por la vejez y la enfermedad, es mejor cuidar bien la salud. Después de la muerte, solo somos un cadáver apestoso, así que no nos importa dónde nos entierren, ni lo sabremos. Mi filosofía es vivir sin miedo, la vida es una serie de preguntas de opción múltiple, y cada etapa presenta desafíos diferentes. Tomar las decisiones correctas es crucial, ya que te motiva a esforzarte con ganas. No necesitas una vida perfecta, pero sí necesitas encontrar alegría en cada etapa de tu vida. Si la vida que llevas no te llena de satisfacción, nunca es demasiado tarde para cambiar el rumbo, es hora de dar un paso adelante y emprender un camino más desafiante. Si has estado luchando durante demasiado tiempo, es hora de encontrar un lugar donde descansar. Todo lo bueno tiene un fin; esto aplica tanto a las personas como a las cosas. Lo que elijas será lo mejor.
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