AMANDO
RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI
Diplomado y Maestría en
Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Alejado y no ser cómplice de bajas pasiones “Virtuoso, digno” Existen personas que
se la pasan amargándose la vida, lo malo es que no hacen otra cosa de mejor
provecho y se la amargan a los demás, dominan a la perfección el funesto: el
arte de atormentar la vida a los demás. ¿Qué causa los motiva? Ante todo, no se
quieren a sí mismos y, como es lógico, no pueden querer ni ser queridos por
nadie.
Lo que pasa es que muchas veces repetimos que “El verdadero amor no
existe”, porque de esa forma
evitamos tener que plantearnos el tener que descubrir ese maravilloso don que
Dios instaló en cada uno de nosotros. Si uno se convence de la realidad de los
beneficios que aporta instalarse y en ser dadivoso en entregar amor, en
conseguir que salga a la luz en cada momento sin embargo, esto esta en la
responsabilidad de cada quien.
Hay personas amargadas, que por cada respiración
tienen una queja, nada les gusta y sólo miran el lado oscuro de la existencia.
Para ellos todo es malo, lo bueno debería ser perfecto y lo perfecto súper
perfecto. Se complican la vida porque llueve, con sol, de los ricos o pobres,
con frío o con calor, adentro o afuera, solos o en compañía. Y pensar que todo
mejoraría si eligieran aceptarse y admitir, amarse y amar. Pero no lo hacen
porque disfrutan en actuar como víctimas.
No obstante, un día pueden empezar a convertirse
en excelentes personas (amar). “Dondequiera que estés, sea cual sea tu condición
y hagas lo que hagas, sé siempre una buena persona (Ama). No está de más
recordar que aquí el término amar va en su sentido original: aquel que está
siempre repartiendo amor. Con amor se puede saborear lo dulce de la vida, o
saborear un vaso de agua, pasear junto a un río. Sin amor el simple hecho de
mordernos la lengua podría significar envenenarse con la propia sangre. Podemos
barrer el piso con amor y con amor navegar en Internet, elegimos amar sanos y
también enfermos. Es una elección del corazón y todo depende de la conciencia
que tenemos y de cuán cerca estemos de amarnos a uno mismo.
Hay quienes aman desde su silla donde descansan
y quienes odian sentados en el volante del mejor carro del mundo. ¿Cuál es tu
elección? Ámate, ama a los demás, ama a Dios y ama lo que haces, porque eso y
sólo eso es lo que cuenta. Ser un amante verdadero, dispuestos a estar con el
ser amado en la salud y en la enfermedad, en la alegría y en la tristeza, en la
pobreza y en la prosperidad. Amar es iluminar nuestra vida y de alegrarla a los
demás, cambiando lágrimas por sonrisas. Sea un buen amante.
Aunque reír es arriesgarse a parecer un tonto...
Aunque llorar es arriesgarse a parecer sentimental... Aunque acercarse a
alguien es arriesgarse a involucrarse... Aunque mostrar tus sentimientos es
arriesgar tu yo interior... Aunque exponer tus ideas o tus sueños a una
multitud es arriesgarse a perderles. Debes correr los riesgos simplemente
porque el más grande de los peligros de la vida es no arriesgarse. Las personas
que no se atreven a nada o nunca tienen nada, no hacen nada.
Tal vez podrán evitar el sufrimiento y la
tristeza, pero no logran aprender, sentir, cambiar, crecer o vivir. Van
prisioneros de sus temores, son esclavos que han renunciado a su libertad, pues
sólo cuando una persona se arriesga, es libre. Los pesimistas se quejan del
viento; los optimistas esperan confiadamente que los vientos cambien de
dirección y los realistas, ajustan sus acciones en la dirección correcta.
Has dejado en manos de los demás la opinión que
tienes acerca de ti y estas siempre al pendiente en el ¿Qué dirán? Hay algo en
el fondo que no te permite sentirte digno de alcanzar un amor pleno, como si
eso estuviese reservado sólo para algunos privilegiados. Sigue rigiéndote de
algún modo la fantasía de que las cosas se van a arreglar solas. Dejas a lo que
llamas porvenir la responsabilidad de que te traiga cosas buenas y una vida
mejor… Tú, sólo tú, tienes que poner todos los medios, incluso
extraordinarios, y la dedicación necesaria, para lograr que tu vida sea plena y
absolutamente feliz. Y puedes y debes conseguirlo.
Una maldición pesa sobre el ser humano, sabe que
tarde o temprano sentirá los pasos donde acecha la Muerte. Y se angustia, como
no, se interroga por la razón de su existir. En tiempos de desasosiego, se
pregunta incluso si vale la pena vivir. Pasa revista a su historia desempolva
recuerdos, se calza sus amores y sus sueños como armadura y se grita que sí,
que hay mil cosas por las cuales bien vale la pena de existir. Arriésgate, ¿Que
puedes perder? ¿Has pensado en lo que puedes ganar?
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