LA
DONCELLA
RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI
Es
muy común aún en nuestra época que se entretenga en los pueblos con relatos de
diablos, fantasmas, espectros, ruidos y otras cosas por el estilo, y
lógicamente inculcan en las almas un espíritu de superstición “Miedo” que
subsiste generalmente con el individuo. Muchos manifiestan su incredulidad mientras
creen a pie juntillas los mágicos relatos de los sucesos sobrenaturales que se
cuentan, comúnmente relacionados con tesoros ocultos.
Hace
muchos años que corre una historia sobre una muchacha a la cual le gustaba
bailar en el centro nocturno “La nanchi”. Según se platica la muchacha estaba
plantoza con ojos oscuros, gran belleza, caderas torneadas, pelo largo (negro
azabache), nariz aguileña. Labios seductores, alta, bien proporcionada por
donde se le mirara.
Los jóvenes acudían por las tardes noches a
verla bailar, admirar su alegría, su sencillez, lo sensual. La muchacha bailaba
nomas por bailar, pero escogía muy bien
con quien hacerlo (Los revisaba de pies a cabeza antes en dar el “Si” bailo), los hombres esperaban turno con
la esperanza en no ser desairados y cuando lograban que bailara una pieza con
ellos no dejaban al otro día en comentarlo por todo el pueblo. Esta muchacha
según escuche de boca ¿No, se dé quien? Era de Ajoya, pero se había ido a vivir
a San Ignacio.
Una
verdadera hembra en toda la extensión de la palabra que se complacía en ser
admirada por ambos géneros y parecía que su mayor diversión era bailar
moviéndose de tal forma que avivaba hasta un viejo de 80 años. Llegaba temprano
era casi la ultima en marcharse. Una muchacha jovial, alegre, coqueta,
divertida, muy popular entre la tropa joven, tanto que babeaban en solo pensar
tenerla entre sus manos, por solo tener la fortuna de que les devolviera una
sonrisa, una mirada.
Cuando un joven lograba que bailara en dos
ocasiones con él, no tardaba en volverse loquito y declararle su amor, pedirle
su mano, sin que jamás fueran correspondidos ya que a ella, no le gustaban los
compromisos, aunque adoraba los halagos como producto de su juventud hermosa.
“Era de todos y de nadie”
En
esta forma transcurría la vida en este pueblo con aquella encantadora y juvenil
muchacha, entre sus bailes y sus asechadores enamorados no correspondidos,
entre ilusionados y desesperados por obtener una migaja de amor de aquel tesoro
convertido en hembra apetitosa. Cuando había una fiesta en el pueblo, se
esmeraban los muchachos en invitarla y las mujeres en desear no asistieran por temor a que les quitara el futuro esposo
o cuando menos se los inquietara de más.
La doncella, no se enamoraba de nadie, las ilusiones
terminaban en perderse mediante una negativa, todos estaban conscientes de
ello, todos soñaban en verla entre sus brazos pidiendo besos a granel. Los
jóvenes se arreglaban lo más que su capital se los permitía con la esperanza en
deslumbrarla cosa que no sucedía jamás. Un día cuando la muchacha estaba
bailando alegremente, llego un joven muy bien vestido y pregunto por ella, ya
que estaba dispuesto a sacarla a bailar y enamorarla costara lo que costara
según lo hizo constar de viva voz.
Al
poco tiempo hizo lo prometido cuando los San Ignacense celebran el día de San
Juan (24 Junio), acostumbraban pasearse a caballo por las calles del pueblo y
terminar en la noche con un baile en la Nanchi. El galán llego arreglado y muy
perfumado buscando sacar a bailar a la atractiva joven. Cuando llego la
muchacha ya andaba bailando en medio de la pista sola mostrando que estaba
dispuesta a bailar con el primero que la invitara.
Se
acercó a ella aquel joven queriendo cortejarla; la invito a bailar, lo cual
ella aceptó gustosamente, con ello el joven presumía el triunfo de su
conquista. Sin embargo a pesar de que bailo varias piezas con la joven esta no
cedió y prácticamente lo dejo despechado por eso al regresar a su casa el joven
hizo un pacto con el diablo “Que daría su vida a cambio, si le entregaba
aquella joven por una sola noche como esposa”.
Una
noche oscura la muchacha se encontraba sentada en el porche de su casa y estaba
tan aburrida que invoco al diablo diciendo “Si, dieran un bailo, soy capaz de
bailar con el mismo diablo, con tal de divertirme” En eso estaba cuando frente
a ella se paró un joven apuesto montado en un hermoso caballo negro con silla
plateada y le pregunto ¿Dónde es el baile que se está celebrando en la Nanchi?
Ella solicita le contesto: Yo, lo llevo, es aquí cerca de mi casa.- Ella
caminaba delante del caballo, hasta llegar a las puertas del baile.
El
puso dinero en la consola y empezaron a bailar, así pasaron varias horas.
Cuando ella comento que estaba cansada, el joven se ofreció a llevarla hasta su
casa en ancas del caballo prieto azabache. Se dice que los vieron pasar a gran
velocidad por el panteón con rumbo Ajoya, pero jamás llegaron a dicha
población. Otros dicen que el diablo se la llevo para el rumbo de Campanillas y
la metió en una cueva de donde jamás volvieron a salir.
Los
que supieron de aquel arreglo comentan que el diablo ¡No, cumplió, entregándole
la prenda al joven! (Se quedo con ella) Y si arrastro al joven por la punta de
un cerro en donde habían quedado en verse para hacer el intercambio. Los más
escépticos comentan que el resplandor que sale de una mina, es la silla de
plata que el diablo llevaba cuando se robo a la hermosa muchacha.
Cuando
a la gente del pueblo, se le pregunta por el nombre de aquella muchacha “Nadie
se acuerda, mucho menos quieren averiguar, fue un borrón en memoria colectiva”.
Este misterio sirvió para que las muchachas hermosas que viven en San Ignacio
¡Jamás vuelvan a invocar al diablo! Y mucho menos ande buscando bailes en los
pueblos cercanos.
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