LUNA LLENA
RAMÓN ANTONIO
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Eran mis
primeros años en la Universidad y por encontrarme de vacaciones decidí ir al
pueblo.- Me desperté a las dos de la mañana. La calle estaba en silencio por lo
que me dispuse a regresar y envolverme en la sábana recostándome.
Al ver que no
podía dormir me levante y saque una silla para sentarme en la banqueta, puse
música suave en la grabadora y disfrute del silencio de la noche. Allí, estaba
mi cuerpo mientras el pensamiento volaba y se dirigía a diferentes espacios y
tiempos más allá de mí.
Llego un
instante en que mi espíritu estaba encima de mí para observarme sentado en
estado de meditación y nostalgia. Lo note, eso estaba extraño, había pasado de
lo simple a lo complejo con un paso en donde los pensamientos los conviertes en
imágenes sin que la conciencia logre separarlos.- Estaba fuera y dentro de mí
al mismo instante, podía ver mi cuerpo en la silla y su alma en el aire, no
obstante existe la posibilidad en que me haya quedado dormido en la silla.
Observe mi
cuerpo desde el aire y lo vi cubierto de angustia, me parecía inquieto, la
conciencia no lo dejaba dormir, pero mi alma estaba afuera; así que no lo podía
ayudar. Alguien paso por la banqueta saludándome y el saludo ayudo aunque no
estoy seguro para que el cuerpo volviera a la tranquilidad. Comprendí la
importancia de las personas en nuestras vidas en momentos de soledad o
angustia.
Se borró de
pronto la confusión, las ideas llegaban más claras. En aquel momento el alma me
dijo.- Volare más alto y me iré por un momento para que te retuerzas en tus
problemas, sacudas la nostalgia y regrese la alegría. El espíritu se elevó y se
marchó, mientras mi cuerpo seguía sentado en esa silla.
Lo oscuro de
la calle me llevo a voltear y mirar el cielo, entre las nubes observe una luz
de un blanco resplandeciente. Arriba la luz, abajo la oscuridad y mis ojos eran
capaces en estar en ambos espacios. Por un momento me quede pegado en la
oscuridad mirando mis manos, después sonreí y los ojos penetraron la luz del
cielo. Un momento clave de los viejos años idos cuando en la banqueta de las
casas fumábamos cigarros los amigos.
No es fácil
el pensar con la filosofía de nuestra existencia pero se puede hacer en
cualquier momento de nuestra vida porque no somos solo cuerpo, sino espíritu
que lo sometemos a aprender lo cuidadoso que deseamos conservar.
En la esquina
veo un farol desde donde me pega la luz y comprendo que esa luz no es igual a
la del cielo, esta tiene producción humana, la otra un algo más. Tal vez sea
locura prematura el desear juntar dos cosas “Oscuridad y luz” debajo de mi
cabeza para así formar una bella vida. No puedo imaginar el ¿Cómo hacerlo? Ni
en que pilares sostendré la luz celestial, lo que admiro es esa imagen
increíble del filtrado de la luz de la luna entre las nubes. Ha pasado una hora
y la música seguía tocando por lo que resolví cambiar de disco en busca de
continuar disfrutando de la noche la cual es difícil en describir mediante
palabras.
No, recuerdo
¿Cuánto tiempo me quede? Pero de alguna manera estaba sentado disfrutando lo
visual que no contemplo mientras duermo. Llego el momento en que la conciencia
me ordeno, es tiempo de que vuelvas a la cama, la mañana se acerca y con ella
el ajetreo de la vida. El mensaje fue muy claro, al sentir el alma fuera de
cuerpo, eso me fascino y hasta el día de hoy lo sigo recordando.
Podría pensar
que por el hecho de estar en el pueblo la vida me regalo una especie de sueño
hermoso para que mis fantasías volaran por un momento y mi alma se sintiera
satisfecha. Después de todo, esos instantes los adoraba, siempre quería estar
envuelto en el aroma que sueltan sus contornos y caminar libre por los caminos
con plenitud de conciencia y libertad. Esas eran mis actividades cotidianas y
cuando me alejaba sentía el pensamiento en esa tierra acompañado de mi
espíritu.
Hay razón
para vivir a plenitud cuando el agua de su rio mitiga la sensación de sed y las
montañas que lo rodean se encargan en proporcionar el ambiente necesario. Los
espacios compartidos con amigos y padres son importantes, valen la pena volver
a ellos, esa es la realidad que exige el espíritu al ponernos en manos al nacer
de nuestros padres.
De hecho los
espíritus son eternos y regresan al lugar en donde fueron felices para reunirse
con los espíritus que los acompañaron y en el juego de la oscuridad y luz se
conjugan siendo uno mismo. No importa el tiempo, para ellos no existe. Los
humanos los sentimos cuando pasan cerca de los sentimientos y luego vuelan en
lo alto.
Esa es la
vida gloriosa la que se vive con propósito y deseo. Y, se presenta a los que se
crecen sanos en los campos del amor desinteresado por su prójimo. A partir de
allí, le hice muchas mejoras a mi vida, de hecho cambie la rutina en diversión
cuando iba de vacaciones al pueblo. No tengo cien años pero en los primeros 30
realmente viví unos tiempos emocionantes.
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