CUENTO
(Chocar)
RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI
Para
ponerlos en situación les diré que hace algunas semanas, la buena hija de mi
amiga, andaba dando volantines de alegría ante la posibilidad de adquirir un
coche a través de un préstamo que le iba a dar su tía para que la chiquilla
pudiera presumir en su escuela con carro nuevo y ser la envidia de sus
compañeras.
Tal
era su alegría que se olvidó literalmente, de planchar, lavar y de hacer cuanta
tarea doméstica le correspondía. Conducir no sabía, me dijo, pero estaba
dispuesta a aprender todos los misterios que encerrara el caos circulatorio de
esta ciudad considerada la perla de los baches
"mira-como-hago-lo-que-me-da-la-gana". Pues bien, el otro día, para
ir calentando motores, se había ensamblado en el coche de su tía con la
intención de aprender el funcionamiento de pedales y volante y se había hecho acompañar,
además, por su prima, su hermana y su hermanito de 2 años.
Mucho
público y muy delicado, me pareció para la primera sesión, pero no me pareció
momento de andarme con ironías, así que permanecí callado escuchando las
recomendaciones que todo mundo le hacía en el cómo conducir de la mejor manera
posible.
Me
consta que se sentó al volante y comenzó a identificar todos los artilugios de
arranque, hasta que por casualidad puso el motor en marcha, con tan mala pata
que alguna de las marchas ya estaba puesta y el coche comenzó a circular ante
el estupor de todos los improvisados ayudantes y pasajeros pegando en la
defensa del que estaba parado delante, la ventaja es que a falta de acelerador
el carro se apago al golpe.
Ya
en plena calle sin carro que la detuviera, su tía, la experta, le gritó que
pisara el pedal del medio para frenar, pero la pobre, horrorizada, no encontró
el freno, pero sí el acelerador y lo pisó con tal saña que el coche salió
disparado por la calle metiéndose en el carril contrario y chocando violentamente
contra tres coches a los que desguazó, desbarato de sus defensas y de sus
puertas.
Que no se llevara a ningún transeúnte por
delante, fue la parte buena del asunto, porque me cuenta que la gente gritaba
alarmada, mientras saltaban a los lados al ver un coche avanzando sin control y
los acompañantes luchando por quitarle el volante sin saber que la falla estaba
en el acelerador el cual metía a cada sopor de miedo sin contemplaciones con
pata de hierro.
El
resultado fue un ojo digno de un combate de boxeo entre Julio Cesar Chávez y
Rubén Olivares, cortes en la pierna y unos destrozos económicos a los que no
podrá hacer frente, puesto que como tantos y tantos conductores no tenía
seguro, todo un drama, me parece.
De
la cárcel, me cuenta, se salvó de chiripa, porque fue su tía, que sí tiene
licencia y es, la que se culpó del incidente al cual ya estaba asistido por un
tránsito que sin querer saber lo que había pasado se trataba de arreglar con la
asustada muchacha. Debo reconocer que la historia me puso los pelos de punta y
me recordó otros muchos incidentes que acabaron peor y se llevaron por delante
a unos cuantos inocentes o aquel día en que una hermana empezaba a experimentar
con este difícil oficio y se aventuro con un pequeño vehículo nuevo el cual
dejo pegado en una cerca por los rumbos del venadillo y que después de 20 años
defiende su inexperiencia argumentando que eso nunca paso “Ya se le olvido a la
ingrata que aquel día tuve que acudir a despegar el carro del cerco de púas con
las llantas reventadas”.
Y
como todo lo que le pasa a un buen creyente, sea esto bueno o malo, es obra del
Dios a la inexperiencia, nadie se pregunta por responsabilidades terrenales,
así que espero que el mismo Dios que reparte suerte, nos proteja al resto de
semejantes imprudencias de andar soltando el carro a gente que no cuenta con la
pericia suficiente en nombre de la vanidad y presunción.
Sí,
todo esto te parece poco, es mucho. Para muchos de nosotros el conducir es algo
de todos los días, lo hacemos con tanta frecuencia que se convierte en una
segunda naturaleza; las maniobras y movimientos nos salen de manera natural,
casi sin pensar. Lo lógico sería que entre más practicamos, mejores conductores
seamos, pero curiosamente sucede todo lo contrario.
Entre
más confianza adquirimos como conductores, menos atención y cuidado ponemos a
nuestros hábitos de conducir. Es importante que refresquemos un poco nuestra
memoria y tomemos en cuenta algunos de los errores más comunes que conductores
experimentados cometemos con frecuencia para que la próxima vez que salgamos a
la carretera seamos conscientes de como conducimos.
Exceso de velocidad, correr, superar los
límites de velocidad o simplemente ir muy rápido para las condiciones de la
carretera son la segunda causa de choques fatales. Los peores escenarios
involucran exceso de velocidad sin cinturón de seguridad o falta de cascos en
las motocicletas, el casco es obligatorio, mientras que el cinturón de
seguridad lo es también.
Cruzar
semáforos en rojo. Estudios demuestran que el 90% de los conductores no se
detienen completamente en una luz roja o en una señal de alto en zonas
residenciales, el 75% de los accidentes de tránsito ocurren en las ciudades
debido a que los chóferes pisan el acelerador cuando el semáforo está en rojo,
54% ocurrieron en choques frontales. Cuando cruzas muy justo cortando
semáforos, es muy probable que el frente de tu auto o el de alguien más resulte
impactado.
No
usar el cinturón de seguridad. A pesar del gran aumento en el uso del cinturón
de seguridad durante la última década, sin mencionar que es obligatorio, el 33%
de las personas que murieron en accidentes vehiculares no se había ajustado el
cinturón de seguridad. Sin esta prevención, conductores y pasajeros se
arriesgan a salir expulsados del auto. El 76% de las expulsiones terminan en
muerte. Manejar distraído. Comer, hablar por teléfono, escribir mensajes de
texto y toquetear la radio del auto son apenas algunas de las distracciones que
causaron muertes. De todos estos malos hábitos, el teléfono al volante es para
muchos una práctica habitual.
Se
estima que, en todo momento, hay miles conduciendo y hablando por teléfono a la
vez. Esta conducta multiplica por cuatro el riesgo de accidentes. Beber y conducir.
Cada 40 minutos alguien muere en un accidente causado por el consumo de
alcohol. Los conductores jóvenes son particularmente propensos a beber y
conducir; los jóvenes entre 21 a 34 años son responsables de la mitad de los
accidentes fatales que involucran alcohol.
Durante
la noche y los fines de semana es mucho más frecuente encontrar conductores
manejando bajo la influencia del alcohol, el 60% de los conductores que
murieron de noche estaban legalmente ebrios. El alcohol es también determinante
en la mitad de las muertes de peatones. En esos casos, tanto los conductores
como los peatones pueden ser los culpables. Manejar con sueño “Manejar cansado
es tan peligroso como hacerlo alcoholizado o drogado” Cambios de carril.
El
error fatal número uno cometido por los conductores es quizás el más simple:
salirse de su carril, cambió de carril erráticamente o se salió del carril sin
darse cuenta. Cosas simples como olvidarse de señalizar su intención o checar
bien los espejos y sobre su hombro podrían ser la causa de un accidente fatal.
¿Te asustas cuando tus ruedas tocan los topes de seguridad y giras rápido el
volante hacia la dirección opuesta para retomar la calle?
Este
es un clásico ejemplo de corrección excesiva y es una maniobra especialmente
peligrosa cuando manejas a altas velocidades. Considéralo un vuelco potencial,
topes mal puestos o sin señalización o falta de pintura antes de llegar a
ellos. Más del 4% de las muertes al volante ocurren debido a este tipo de
maniobras.
Errores
al momento de ceder el paso. Para muchos conductores, especialmente aquellos de
la tercera edad, ceder mal el paso cuando ingresan en una carretera es una de
las principales causas de accidentes, un número considerable de conductores no
ven venir el vehículo cuando deberían ceder el paso o simplemente lo ven, pero
calculan mal el tiempo necesario para la maniobra.
Manejo
errático o imprudente. Existen miles de errores que podemos cometer mientras
conducimos. Entre las faltas más leves podemos mencionar lo que se conoce como serpentear
(pasarnos de un carril a otro constantemente y sin motivo) o colear (ir muy
pegado al auto de adelante).
Entre
las acciones más graves podemos destacar la alta velocidad, algunos conductores
llegan a exceder el límite de velocidad o conducen a más de 100 km y hasta
cosas peores. El manejo imprudente puede ocasionar multas, prisión y muerte y
que también deberían tener responsabilidad la autoridad por no poner en orden
los señalamientos pertinentes.
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