COSTUMBRES DEL PUEBLO
RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI
Diplomado y Maestría en
Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
La historia que se nos cuenta es que la mujer
permanecía subordinada a su esposo y esto no fue así, ya que la posición social
de la misma determinaba mucho este poder al interior del hogar. El control
moral lo ejercía la Iglesia católica sin dejar fuera la relación sexual de las
mismas. Detrás de cada cama, existía el cura aconsejando por lo que la relación
cura/esposa/suegra/marido, era muy intensa.
El cura prohibía la convivencia de hombres y
mujeres en ciertos espacios públicos y privados en donde la mujer le estaba
prohibido estar presente (peleas de gallos, cantinas, Billares, Plaza pública
acompañada de un hombre en la calle sin un familiar cuidándola, etc.) La
censura era muy intensa, asumiendo un papel patriarcal. El caso es que si la
mujer deseaba convivir con hombres lo debería hacer en un lugar en donde
estuviera presente una persona para que cuidara el comportamiento del hombre
para con ella chambelanes: suegras, hermanos pequeños, primas).
Existía el lavadero públicos en donde solo
podían estar mujeres (llamados Tanques - uno en la Tiruta y otro para abajo,
sin fisgones). Allí, ellas aprovechaban para bañarse. En los baños públicos
(lavadero) no se admitían mujeres menstruando, prostitutas o mujeres de mala
reputación, había un temor a socializar con ellas, la sombra del pecado las
seguía. Valoradas como mujeres nefastas, aunque su practica la llevasen a cabo
en lo íntimo (lugar cerrado a miradas indiscretas).
Existía un lugar especial con agua caliente
(termal, frente a la Iglesia y abarcaba la huerta de José Milán) para las
parturientas, enfermas, conocido como las Pilas las cuales fueron construidas
por los misioneros Jesuitas para este mismo fin. Los Jesuitas habían encontrado
las ventajas que esto ofrecía con el agua caliente sobre el cuerpo. Estaba
prohibido que una mujer clase baja se bañara en el río (desnudándose, si
"esta" lo hacía, la traía el policía (Faustino) y era azotada por
disoluta. Lo mismo se prohibía que la mujer en menstruación lo hiciera en el
lugar en donde se bañaban las otras).
Si la muchacha concurría a la feria debía ir
acompañada, lo mismo a la Iglesia. El lugar en donde se topaban las sirvientas
era en el mercado, muy raro que una muchacha de familia fuera de compras al
mismo, ellas Vivian con vida privada y en esta forma se mantenían. Lo mismo
pasaba con la escuela (una de niñas cuyas maestras eran mujeres solteras
"señoritas" o de clase social alta) y otra de niños (maestros
hombres), sin socialización entre ambos, la mezcla de sexos estaba prohibida)
Por ello las mujeres llegaban inocentes al matrimonio, honestas
"Vírgenes/Puras/Inmaculadas/Sin tacha". El control social era
implacable y su comportamiento estaba encaminado en ser buenas esposas, madres,
hijas bajo la supervisión del cura, padres, maestros, parientes (costumbre
inmutable).
Todos ellos pensaban que si se convivía entre
sexos las consecuencias serían abominables y ello ocasionaría desorden en el
futuro familiar de la mujer (el pecado estaba siempre presente de tipo sexual
en la mujer). Mientras que en los varones jóvenes el pecado se valoraba en la
embriaguez, o relaciones con mujeres de clase social baja (procrear hijos con
ellas), estos excesos se valoraban a la hora de ir a pedir a una muchacha en
matrimonio (indecencia) por ser una conducta opuesta a la ley moral social y
religiosa.
Las relaciones en cuanto a noviazgo la dominaban
los padres de familia y el cura del pueblo. Los roles sociales, religiosos
estaban perfectamente establecidos, cada uno sabía lo que era bueno y malo,
censurable o no en cuanto su comportamiento responsable en bien del prestigio
de su familia y su futuro en el matrimonio. Si el varón deseaba enamorar a una
muchacha debía presentarse a la casa paterna y pedir permiso y si era aceptado
se le establecía un horario de visita, siempre supervisado por la familia (sala
de la casa, banqueta exterior).
Los encuentros en el mercado quedaban a las
sirvientas, las que acudían a comprar y aprovechaban para pasearse y ser vistas
por los de su clase, saludar a sus parientes, amigos (as). Por su parte el cura
del pueblo se molestaba bastante porque normalmente el mercado para la vendimia
se ponía en domingo y esto hacia que las sirvientas y los jóvenes de clase baja
no se presentaran a misa. Después de misa se les veía dando vueltas en la
plazuela para mirar a las muchachas eso sí, sin poder acercarse (sólo mirar).
Las muchachas de clase alta, siempre se
presentaban a la misa en domingo acompañadas de sus padres, con toda la familia
y los jóvenes se metían a la misma para desde allí admirarlas teniendo ese
contacto de tipo visual. Las casadas iban con su esposo. La Iglesia se llenaba
en domingo, pero pasaba prácticamente sola entre semana, sólo las ancianas
acudían al rosario al oscurecer.
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