viernes, 30 de junio de 2023

 

DESENGAÑO

RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 No hay nada que sea capaz de inmunizarnos contra el desengaño, el despecho, el desencanto, la frustración o la pérdida. Desde el primer día cuando niños esperamos se nos pegue a la teta para mamar y nos dejan llorando a la indolente indiferencia adulta nuestras primeras lágrimas, hasta la partida definitiva de alguien que amamos, el agobio estacional de la soledad o el repentino desvanecimiento del amor, la experiencia del dolor y el desconcierto atraviesa inevitable todas nuestras edades. No es el único camino que cruzamos, afortunadamente, pero a pesar del temor o desazón que nos provoca la posibilidad del sufrimiento, no hay prevención ni inocencia que valga contra tan respetable e invasiva emoción.

Mis lecturas con los filósofos me explicaron, quizás algo a destiempo, que el dolor corporal cumple una función trascendente, pues nos alerta sobre algo que no anda bien. Las enfermedades silenciosas, en cambio, las que no dejan heridas, son las que deben temerse más. No sé si la tristeza cumple ese rol con similar precisión, pues a veces su fuente no nos lleva hacia las seguras fallas de los demás o a los errores clamorosos que solemos cometer con entusiasmo y no siempre sin querer, sino gracias a nuestros monstruos interiores que nos empujan en busca del placer.

Y quizás allí, en esta confusión de origen, esté la explicación de un problema aún más grande que las noches oscuras con las que de tanto en tanto nos sorprende la vida y los sueños nos despiertan palpitando el corazón. Más allá de toda confusión, el dolor nos puede enseñar a vivir bastante más que su ausencia si, en un arrebato de serenidad, nos atrevemos a aprender de él, o simplemente lo destruirnos a plazos si no estamos aptos para la cosecha. Se sufre por gusto cuando se sufre sin saber por qué, cuando se elige ser víctima quizás para huir de la propia culpa o cuando nos ahogamos en culpa para no decepcionarnos de nadie. Aunque alguna vez lo creí, ya no creo que el dolor corrija. Lo que te salva acaso es la lección que extraes del tropezón y no el golpe por sí mismo. También es cierto que pensar como dios manda, es decir, liberados de odios y prejuicios, no siempre resulta fácil a la gente. El menosprecio del otro siempre nos hace sentir mejores. Cuando pierdes una amistad, un amor porque te deja, veraz que al sanar la herida ya no sabrá igual el desengaño. Así está hecha la vida y no sabemos si habrá segundo tiempo para nuestras gastadas almas, a efectos prácticos, es el único tiempo óptimo disponible para ser feliz de alguna forma.

La vida tiene una duración determinada que tendrá un final inesperado en un tiempo cuyo curso es irreversible. El pasado es una realidad fija
Todos tenemos un pasado y nos proporciona los posibles alcances en las decisiones que tomamos. Un pasado que la memoria trae sin ser solicitado, que razona sin pedírselo, que nos llega deformado al utilizar solo el criterio personal de contemplación en hechos y bajo la influencia de intereses sentimentales Nostalgias Un pasado que creemos comprender sin explicar, lejos de cierta realidad Nos pertenece Camínanos sin entender lo que pasa en la vida, renegando de lo que consideramos negativo y exaltando lo positivo, los buenos y malos momentos, lo dulce y lo amargo, los aciertos y errores. Caminamos queriendo interpretar el futuro dejando en vivir el presente maravilloso y resbalando en lágrimas producto del recuerdo.

La vida no solo es pasado sino comprendiendo cada pasó, decisión que tomamos, palabras que expresamos, sentimientos que manifestamos. La vida es presente, sin estar encadenados al pasado como vivir viciado sin razón, sin cordura. Si recordamos que el equilibrio entre la razón y la cordura, entre vivir y morir, pende de un hilo bien delgado, para aquellos que pretender vivir el presente sin cerrar los ciclos vividos en el pasado. Poner la mirada al frente, es sin duda, la mejor opción que la vida nos presenta, pues quién quiere vivir en un pasado, cuando tiene la experiencia para afrontar el presente y superar todos los obstáculos, comprendiendo cada momento o circunstancia, con tal solo, poner en práctica todo lo aprendido. Una mirada al frente con optimismo, fe y esperanza es la mejor manera de afrontar la vida que a cada quien le toco vivir, siempre usando las herramientas del pasado para tener una lámpara encendida que facilite nuestra visión en cada paso que damos.

Quizás morir no es para tanto, no para el que se va, si acaso la vida le anticipa el tiempo y le concede serenidad para aceptarla como inevitable, pero casi siempre sí para los que se quedan. La partida de un ser querido nos lega prolongadas meditaciones, noches tristes en insomnio, hasta el día que admites que es imposible que vuelva y lloras esa lejanía en lo más interno del ser. Cuando tomamos y recordamos la muerte
Lloramos sacamos del ronco pecho el miedo a morir Triste despedida con la esperanza en que la muerte se olvide de nosotros. Una forma de partir sin irse reflexionando, Cada uno da lo que recibe y luego recibe lo que da, pues nada se pierde y todo se transforma Otros escribimos, entre varias otras razones, para continuar existiendo una vez muerto, como una voz que alguien haría el esfuerzo de escuchar. Olvidamos que los libros tarde que temprano se lo comerán los gusanos. Pero hay también personas que se convierten sin aspavientos en abrazos comprensivos, en sonrisas sanadoras, en cartas entrañables, en buen humor frente a la adversidad o en tantos gestos de pequeños desprendimientos que su solo recuerdo nos ayuda a compensar la pequeñez, la mezquindad y la hipocresía que todavía es privilegio del mundo de los vivos.

Creo firmemente en esto y sin embargo la muerte se sigue riendo al tomarse la licencia de llevarse a personas que apenas empiezan a vivir, quienes están aun en la edad de la promesa. Habrá que encontrar una o varias maneras de engañarla para no darle gusto. Ya sé que también vendra por mí, pero hoy no la quiero cerca de la gente que más amo. Puedo reconocerte como un destino, pero hoy quiero creer que la muerte es más bien un accidente. En lo personal, prefiero ayudar que ser ayudado, aunque me queje en alguna circunstancia. Prefiero hacerlo porque de esta manera contribuyo no solo a la superación de los problemas de los demás, sino que subo un peldaño en el escalón de la vida.

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