LLEGADA DE LOS
JESUITAS A SAN IGNACIO, SINALOA
RAMÓN ANTONIO
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Lo primero que
debemos pensar es que los grupos nativos en esta zona tenían variaciones en
cuanto a los comportamientos de los grupos del centro de México lo que
representa que la aportación de los Jesuitas y vascos en la zona es sumamente
importante en cuanto a la conducta que manifestaban los nativos a la llegada de
estos. Los nativos en la zona de San Ignacio, Sinaloa eran pequeños grupos
dispersos que se derivan de aquellos (Centro), pero cambiaron muchas acciones
ante la diversidad por vivir aislados y en constante peligro, esto los hizo agresivos,
desconfiados (Ladinos). Algunos hablaban náhuatl, pero la esencia de su lengua
se quedó en lo desconocido. Los Jesuitas los clasificaron como una sola y misma
tribu, sin asumir otras tesis por costumbres, tradiciones, sentido de
pertenecía.
La sierra de Ajoya
y los Frailes fueron el refugio para muchos nativos y sólo entre ellos se
reconocían, se fueron mezclando unos con otros, cada cual con sus dioses. Allí
se mantuvieron muchos años pese a la presencia del conquistador cerca de ellos,
cambiaban de lugar para no ser localizados. Adoraban la naturaleza y hacían una
serie de ritos para que llegara la lluvia, dando ofrendas a sus dioses
(Mantenerlos contentos). Había temor de que sus dioses se enojaran, (Sus Dioses
eran buenos y malos) según les fuera en la fiesta por eso hacían plegarias,
debían adorarlos para garantizar la recompensa (Agrícola, caza, parto, hijos,
lluvia, enfermedades)
La zona cuenta con
miles de brotes de agua caliente, uno de ellos está dentro de la primer casa
misión de San Ignacio, frente de lo que hoy es la Iglesia “Escobera de Luis
Loaiza, antigua casa de la familia Osuna”, esta se aprovechaba para el rito de
lavar a la mujer después del parto, al recién nacido para que no murieran por
exposición post parto. Aprovechando la madera en la zona hacían muñecos de
madera, de barro quienes los cuidaban en su hogar o cueva.
La mujer nativa
quedaba sujeta a un sin número de ritos religiosos relacionados con su función
de mujer. Le formaban un carácter fuerte para que pudiera ayudar a su esposo,
cuando cometía una falta se castigaba al igual que un hombre (Aguijoneaban la
palma de la mano con punta de maguey). Era una zona pobre, despoblada, no
contaban con socialización de ningún tipo, se les exigia castidad para casarse.
Los conquistadores decían que las nativas, eran lujuriosas (Las tomaban sin su
permiso). Aprendieron a abortar con yerbas. Los Jesuitas decían que eran
mujeres muy virtuosas, trabadoras, que ayudaban a sus esposos, incluso más
trabajadoras que el marido. Las viejas podían regañar a las jóvenes y estas se
quedaban calladas (Respeto), daban consejos, la hacían de matronas en los
partos y de casamenteras al buscar marido (Celestinas).
Refieren los
Jesuitas que andaban desnudos (as) y les enseñaron a tejer para que se vistieran
con ixtle raspado de las pencas (Lechuguilla silvestre). Usaron la cochinilla
del maguey para teñir, también la flor de Xochipilli, el color amarillo lo
tomaron del caracol traído del mar (Labradas).-El día de muertos pensaban que
los difuntos parientes regresaban a visitar a sus familiares y para ellos ese
día les preparaban comida, pulque, cigarros. Usaban flores en la olla donde los
enterraban, los sentaban en cuclillas y la rellenaban de flores.
Los Jesuitas
encontraron como estimulo motivacional enseñarles música y esto los atrajo,
eran muy afectos a escucharla, se hicieron tamborcillos de cuero de venado
(Percusión), sonajas de caracol, flautas de cañas. Los inician en cantos sacros
y ellos se ponían a bailar.
Era frecuente que
los conquistadores tuvieran hijos con nativas y sus madres los dejaban
abandonados en la puerta de la misión al no poder proporcionarle alimento o los
abandonaban en el monte. Llego un momento en que los frailes tenían muchos
niños para criar. Fue así, como fundaron una casa para niñas y otra para niños
dividiendo la casa misión (Extendiéndola hasta la esquina) Allí, les enseñaban
un oficio (Tejer, cocinar, bordar), las primeras letras, música, canto,
religión y les buscaban un esposo.
A los hijos de los conquistadores se les
enseñaba a leer, escribir, aritmética por una módica cuota, dando origen a la
educación privada. Llego el momento en que el problema se agravó por tantos
casos que se estaban presentando. Se inicia la búsqueda de una casa, de una
familia decente (cristiana), para que se hiciera cargo de la niña abandonada,
misma que servía en las labores de ese hogar y quedaba alejada de la tentación.
La reina Isabel la
Católica, al enterarse de este problema que era en toda la nueva España, envió
mujeres ejemplares para que iniciaran los internados, escuelas para indias,
conventos, beaterios. Dio la orden para que los colegios para Criollas no los
manejaran monjas, sino mujeres con experiencia matrimonial, solteras en edad
madura. Ellas enseñaban el catecismo, lectura, escritura, aritmética, música,
tenían que asistir diariamente al rosario y a misa. Los colegios para señoritas
iniciaron en poblaciones más grandes, alejadas y los padres las llevaban para
dejarlas internas sin contacto con el mundo.
En San Ignacio,
Sinaloa, se fundó una casa para niñas naturales y, viudas, dirigida por el
clero con patrocinio de vascos (Sin los recursos necesarios para asegurar
honestidad y buenas costumbres). El día de su inauguración se enterró un cofre
lleno de monedas en alguna parte de esa casa, señalando la fecha de su
inauguración (Se encuentra en alguna de las que está actualmente atrás de la
Iglesia). Los Jesuitas y vascos le dieron un lugar preponderante a la música y
a la formación femenina de la mujer (la castidad, religiosidad y buenas
costumbres eran los elementos básicos a enseñar). Los vascos provenían de
Guipúzcoa y llegaron en busca de minas. La misión quedó en su lugar, mientras
el templo se construyó frente a la misma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario