HISTORIA DE PANCHITO
RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Diplomado y Maestría en Desarrollo humano
FESC- Universidad Nacional Autónoma de México
Voy a describir una historia de vida la cual me parece
interesante sobre todo al preguntarme ¿Cuál era el pensamiento de este niño “Mi
protagonista”, para restaurar el equilibrio de vida, entre donde le toco nacer
y lo que deseaba ser? El deseo constituye la sangre de la historia. El deseo no
es una lista de compras sino una necesidad esencial que, si se satisface,
pondría de inmediato fin a la historia. Luego, ¿qué estaba impidiendo a mi
protagonista concretar su deseo? ¿Fuerzas interiores?, ¿dudas?, ¿confusión?,
¿la madre naturaleza?, ¿los amigos?, ¿la familia?
Un niño como miles que nacen en este país en zonas
marginadas, sin oportunidades que provienen de esa clase más común social en
nuestro tiempo, espacio y cuya existencia se basa en combinaciones de diferente
índole en donde todas las fuerzas están en su contra, sin embargo la forma de
enfrentarlas, su actuar para lograr sus deseos frente a esas fuerzas antagónicas,
es la respuesta que posiblemente nadie esperaría al descubrir una verdad que
nace en su corazón y se revela en contra sin dar marcha atrás a pesar de las
presiones sociales. Panchito crea su propio mundo social, cree en ello y en
forma honesta lo enfrenta aunque a cada instante este mundo se le venga abajo.
En un barrio en una colonia popular “Marginada” vivía
Panchito, quizás un punto medio entre los pobres y los menesterosos. Casi
escondido en un Puerto del océano Pacifico, se alzaba la casa del niño
Panchito. Una casa pequeña con una recamara que de solo verla se podía ver a
simple vista era la más pobre entre las pobres que en ese barrio se podían
observar (La recuerdo, de niño lo visite). Tenía un cuarto en obra negra, sin
ventanas y en la puerta una imagen de un santo exageradamente grande como
grande era el lamento de sus padres por sobrellevar la vida misma.
Para Panchito sus juguetes consistían en un palo de escoba
representante de un caballo, una tabla con cuatro valeros que eran su carro
jalado por un mecate. Su Madre tenía plantados unos guayabos, mangos y otras
plantas en el patio trasero cerca de la columna de ladrillos que servían como
cocina y dormitorio a la vez; hecho que cuando su madre cocinaba se llenaba de
humo al guisar con carbón en vez de gas.
Aun estaba oscuro cuando Panchito salía a la escuela con la
esperanza de aprender algo y según le decían esta era la mejor forma de cambiar
su vida y la de sus padres; se levantaba de una dura cama que era un tapete
sobre el piso de tierra, un buen plato de frijoles y agua para bajarlos, luego
se refrescaba la cara con agua de un bote de 200 litros y salía a la escuela la
cual quedaba a unas cuantas cuadras de su hogar.
Apenas cursaba el tercer año cuando un maestro le regalo unos
tenis al ver que el niño corría en educación física descalzo. La búsqueda del
niño en la escuela estaba plagada de ilusiones por hacer que las cosas
cambiaran en su vida, no comprendía el porqué algunos niños tenían todo y el
solo seguía siendo un espectador de los que tenían; este tipo de
cuestionamientos le llegaban a su mente casi diariamente cuando en el recreo
veía como la mayoría de los niños compraban golosinas y el revisaba las bolsas
de sus pantalones rotas, mismas que no servían para guardar nada excepto mugre.
Lo peor de todo era que cuando alguien de la familia enfermaba se recortaban
aun más los gastos.
Panchito admiraba a su maestro y soñaba con ser como él; pero
súbitamente un día al regresar de la escuela le dieron la noticia de que su
padre había fallecido al caerse de una construcción en donde estaba trabajando
de peón de albañil. Ante esta situación precaria, su madre lo saco de la
escuela y se puso a limpiar vidrios de carros en la calle, así que no se
atrevió a decir en su casa que quería ser maestro. La gente cuando le daba
algún peso le decía que fuera a la escuela porque terminaría como un niño
ignorante y que cuando fuera grande no podría defenderse.
Cuando su madre lo regañaba el niño se quedaba callado, no
contestaba y si le pegaba se aguantaba, solo en la noche cuando ella se dormía
el niño lloraba quedándose dormido por lo cansado y el castigo recibido en la
mayoría de las ocasiones por la frustración de su madre. Luego el niño se
inscribió en una escuela nocturna aprendiendo a leer y escribir muy bien
asistiendo en esta forma sudoroso y apestoso por el efecto del duro trabajo del
día en donde le hacía de todo y de nada en busca de unos cuantos pesos, sin
importar las malas caras que le hacían al dar dinero o lo miraban con
desprecio.
Olvidaba mencionar que Panchito había tenido tres hermanos
pero por diferentes razones uno a uno fueron muriendo por falta de dinero para
curar sus enfermedades, el hermano menor murió de diarrea, el segundo de
intoxicación y el tercero se quemo tratando de comer unos frijoles en la cocina
se le vino la olla de barro encima chamuscándose. Por las noches el niño
estudiaba con una veladora quedándose dormido en la mayoría de las ocasiones
con la ropa puesta.
Al paso de los años Panchito era un hombre rico, tenía su
propio negocio de venta de cemento y podía anunciarse por el radio y la
televisión pero a pesar de lograr progresar seguía viviendo en el mismo barrio
solo que ahora su casa tenía una reja grande de acero, con cochera y un jardín
con los mismos guayabos y mangos que su madre había plantado, la casa era de
dos pisos, la planta baja tenia sala comedor, recamaras, dos baños incluso
contaba con una sirvienta que se encargaba de atender a su madre. Panchito paso
a ser Don Pancho y para llevar a sus hijos a la escuela los cuales son dos, una
niña y un niño, disponía de un carro modesto. Ese tiempo aprovecha para hablar
con ellos y darles consejos. Los niños, tienen muy alegre a su padre porque
siempre sacan buenas calificaciones y nunca lo mandan llamar por portarse mal.
Panchito, ahora “Don Pancho” es una persona humilde que se quita el pan de la
boca para ayudar a sus semejantes.
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