EL GATO Y EL RATÓN
RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI
Diplomado y Maestría en
Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
A veces te marchas sin armar jaleo contando cada
uno de los pasos que te alejan, tratando en olvidar, ese día en el cual vez que
el sol se esconde sin querer salir aunque este quemando. Esperas y desesperas
pero ya no llega nada que la haga estar presente. Cuestionas si realmente te
quería, analizas las cosas en las que no encajabas, dudas de tu elección de su
cordura, de tus dudas de las de ella, cuentas las horas y no encajan en tu
reloj a pesar de ser suizo.
Molesto llegas a pensar que no te merecía luego
pasas a culparte (era usted) ¿Quién es fiel, o miente? Sabes que el amor
reciproco se mira alejado, se convierte en privilegio de unos cuantos, es
estricto con los que se aman. Se llega a pensar que el amor no existe, pero
sigues enamorado. Aseveras que quieres estar solo antes que volver a sufrir con
otra (o).
Creó desde mi muy particular punto de vista que
es el juego del gato y el ratón en la vida cotidiana. Y es muy visible ante los
ojos de quien lo quiere ver ¿Veamos su porque? Los hombres siempre cuando no
está presente su pareja sentimental está chuleando a cuanta dama pase cerca de
él. Sobran los piropos de buena y mala intención, la mirada laceriosa plagada
en saliva grosera pensando que con un piropo se abrirá la puerta de la
oportunidad con esa dama y que por obra y gracia de su encanto masculino caerá
rendida a sus pies ¡Sagaz, Imaginativo, Iluso!
Unos buscan el espacio o momento adecuado para
darle una tocadita a él cuerpo de la misma (Sin su consentimiento) La miran
pasar y se les sale la baba, dan el piropo y después a esperar la reacción. La
dama observa al mono valorando si es "Santo de su devoción" y se
menea conforme pasa cerca. Se sabe vigente, "Levanta tempestades",
instintos animales "Alza polvo con sus pasos" Otras andan tan
ocupadas con sus cosas que ni siquiera se dan cuenta en lo que pasa a su
alrededor o simplemente el mono campechano no pinta en su cuadro seductor.
La calle es ancha y los instintos locos, todos
llevamos emociones incontrolables al salir al pavimento, cada uno ve a una dama
como su primer ladrillo para construir una relación sin importar la estafa en
lealtad para con la persona con la que vive. La observamos en su caminar, luego
el escote y cuando pasa le clavas la mirada en sus uñas que va moviendo al
ritmo de su andar (Uno, dos, cada uña). Ya llegara el tiempo en que salgan las
verdaderas uñas si es que logra una relación por lo pronto el corazón late
aceleradamente al mirar su escote de cerca y sus uñas después en que desfila.
Esa última mirada del ojo masculino es el responsable en empujarlo al abismo.
Tiene gracia el juego del acercamiento en busca
de una relación. Ella siempre a la defensiva y el que hace la corte poniéndose
muy vivo para hacerla caer en sus redes. Ella en la dicha de verse asediada y
el otro buscando por donde llegar a utilizarla. Para que no se malinterprete lo
anterior aclaro que el león termina en simple gatito y la gatita en pantera. La
trampa la pone el varón y queda enredado en ella.
La dama esta siempre corriendo, mientras el
varón ataca, él quiere atrapar la presa, agarrarla, apretarla contra su cuerpo,
pero ella sabe huir, sabe esperar y le mete la zancadilla al escogido. Esa es
una manera sencilla en describir el juego del gato y el ratón entre el que
apenas la conoce y se vuelve el amor de su vida. Ella la más exigente, la
intensa que no permite rivales, la que hace que la mayor rectitud se refleje en
una moral intachable en materia de amores fuera de la relación.
Los varones inician toda relación con el mayor
de los cinismos y cada vez que observan algo serio empiezan a correr, brillan
por su ausencia sin perder de vista a esta dama y a otras. Todas son
apetecibles, son trofeos, medallas que hacen que se sienta amado. Si lo
consigue rápido, las pisotea de manera que cada una aprende a jugar este juego
sin llegar a quemarse con el fuego. Ella le pone su propio ritmo a la relación,
es como llevar a un niño a una fiesta de cumpleaños en donde le regalan pastel
si se porta bien. Aprenden con su mama, sus amigas, es por ello que no es
casualidad que para cuando el uno va, la otra ya viene o que sus gracias las
conozca al dedillo. La dama sabe hacer el juego, lo deja correr y le jala la
cuerda en el momento preciso. La dama gana, el peón pierde "La viva gana,
la tonta pierde".
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